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Pensar en una inversión con un horizonte de diez años requiere una estrategia que combine crecimiento, diversificación y capacidad para atravesar distintos ciclos económicos sin perder de vista el objetivo de largo plazo.
Sin embargo, no existe una fórmula única. La composición ideal dependerá del perfil de riesgo, la edad, los ingresos y los objetivos de cada inversor. En ese sentido, Nicolás Parreira, asesor financiero y director financiero de Grupo Sigma, sostiene que hay ciertos activos que considera imprescindibles para quienes buscan construir una cartera sólida con una mirada de largo plazo.
Cómo armar una cartera para mantener durante los próximos 10 años
Antes de definir qué activos comprar, Parreira considera clave analizar las características de cada inversor. “No es lo mismo una persona agresiva, dispuesta a tolerar fuertes variaciones de mercado, que un inversor moderado o conservador. También es fundamental considerar la edad”, sostiene.
Como ejemplo, el especialista propone una cartera para un inversor de perfil moderado y con un horizonte real de diez años compuesta por:
- 60% en renta variable
- 30% en renta fija
- 5% en oro
- 5% en instrumentos de muy corto plazo

Dentro de la renta variable, explica que alrededor del 45% debería destinarse a ETFs amplios y diversificados, con una participación importante de fondos que sigan al S&P 500, como el SPY, complementados con otros mercados o sectores.
El 15% restante podría invertirse en acciones o Cedears de compañías con negocios sólidos, capacidad para generar efectivo, niveles de deuda razonables, ventajas competitivas sostenibles y políticas consistentes de distribución de dividendos.
En cuanto a la renta fija, recomienda asignar un 20% a obligaciones negociables y deuda corporativa, tanto local como internacional, diversificando entre emisores, sectores y vencimientos. El 10% restante lo destinaría a bonos soberanos argentinos para aprovechar los rendimientos que ofrecen actualmente, aunque remarca que implican un mayor nivel de riesgo.
Por su parte, el porcentaje destinado a instrumentos de corto plazo no debería permanecer inmovilizado. El especialista sugiere invertirlo en fondos de alta liquidez o en letras del Tesoro de Estados Unidos para mantener disponible el capital sin resignar rendimiento.
Finalmente, el oro cumple un rol de cobertura y diversificación. Su participación puede aumentar o disminuir según el contexto internacional, la inflación, las tasas de interés y el nivel de riesgo de los mercados.
Los activos que no deberían faltar y cuáles conviene evitar
Para Parreira, la base de cualquier estrategia de largo plazo debería estar conformada por ETFs diversificados, ya que permiten acceder a una amplia cantidad de empresas, sectores y mercados mediante un solo instrumento.

A partir de esa base, considera razonable incorporar exposición al sector tecnológico, especialmente a segmentos vinculados con inteligencia artificial, semiconductores, infraestructura digital, servicios en la nube y software.
Sin embargo, advierte que el crecimiento de estas industrias no implica concentrar toda la cartera en ellas. “La clave está en combinar empresas con potencial de crecimiento con otras más estables, capaces de generar flujo de fondos y distribuir dividendos de manera sostenida”, indica.
Respecto del oro, explica que debería utilizarse como una herramienta de ajuste según el contexto económico y financiero, aumentando su participación en períodos de mayor incertidumbre y reduciéndola cuando las condiciones favorezcan activos con mayor capacidad de generar rendimiento.
En el extremo opuesto, recomienda evitar los instrumentos excesivamente complejos, como los ETFs apalancados o inversos, además de inversiones que prometan retornos extraordinarios sin que el riesgo pueda comprenderse con claridad.
También aconseja ser prudente con las carteras excesivamente concentradas en una única temática y con empresas que no demuestren capacidad para generar efectivo, sostener sus niveles de deuda o remunerar al accionista en el tiempo.
Los errores que pueden perjudicar una estrategia de largo plazo
Uno de los errores más frecuentes, según Parreira, consiste en pensar que invertir a diez años significa comprar un activo y olvidarse de él. “El horizonte puede ser largo, pero eso no elimina la necesidad de revisar periódicamente la cartera y confirmar que las razones que justificaron cada inversión siguen vigentes”, sostiene.

Otro problema habitual es perseguir los activos que más subieron recientemente. Cuando un sector atraviesa un fuerte rally, muchos inversores ingresan tarde, pagan valuaciones elevadas y terminan concentrando demasiado riesgo.
El especialista también advierte sobre las ventas impulsivas durante las caídas del mercado. “Muchas personas se consideran inversores de largo plazo hasta que aparece una caída importante. En ese momento venden por miedo y convierten una baja temporal en una pérdida definitiva”, analiza.
A eso se suma el error de evaluar únicamente la evolución del precio de un activo sin considerar el rendimiento total. En plazos largos, la reinversión de intereses y dividendos puede representar una parte muy importante del resultado obtenido.
Por último, desaconseja cambiar permanentemente de estrategia por factores emocionales. Los ajustes en la cartera, sostiene, deberían responder a modificaciones en el mercado, en el perfil del inversor o en la calidad de los activos, y no a decisiones impulsivas.
La estrategia para aumentar las probabilidades de obtener buenos resultados
Para el asesor financiero, una buena estrategia de largo plazo comienza con una cartera diversificada y adaptada a las necesidades de cada inversor. “El objetivo no debería ser encontrar un único activo ganador, sino construir una combinación capaz de atravesar distintos escenarios económicos”, precisa.
Además, recomienda realizar aportes periódicos para reducir la dependencia del momento de entrada al mercado y aprovechar las oportunidades que suelen aparecer durante las correcciones.

Otro aspecto clave consiste en reinvertir los intereses y dividendos generados por las inversiones, ya que el efecto de esa acumulación puede tener un impacto significativo sobre el resultado final luego de diez años.
También considera importante analizar no solo el rendimiento reciente de un activo, sino su comportamiento histórico, su volatilidad, la duración de sus caídas, la velocidad de recuperación y el aporte de los dividendos al rendimiento total.
Por último, aconseja revisar y rebalancear la cartera de manera periódica para que la distribución de activos continúe siendo compatible con el perfil del inversor y con las condiciones del mercado.
“En definitiva, aumentar las probabilidades de obtener buenos resultados requiere combinar activos de calidad, diversificación, análisis, aportes periódicos, reinversión de dividendos y disciplina para sostener la estrategia durante todo el período”, concluye.
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