En esta noticia
- ¿Qué es el bono demográfico y por qué Argentina está empezando a perderlo?
- ¿Por qué cada vez hay menos aportantes?
- La relación entre aportantes y jubilados, cada vez más ajustada
- ¿Qué pasa cuando hay menos aportantes?
- ¿Alcanza con la jubilación estatal? El desafío que enfrentan las próximas generaciones
- La solución que plantean los especialistas
Durante décadas, la Argentina contó con una ventaja demográfica que le permitió sostener con relativa facilidad su sistema previsional. Había una amplia mayoría de personas en edad de trabajar y una menor proporción de niños y adultos mayores, una combinación que favorecía el crecimiento económico y el financiamiento de las jubilaciones mediante los aportes de los trabajadores activos.
Sin embargo, esa realidad comenzó a cambiar. La fuerte caída de la natalidad, el aumento de la expectativa de vida y un mercado laboral marcado por la informalidad están reduciendo la cantidad de personas que aportan al sistema previsional. Al mismo tiempo, crece la población que accede o accederá a una jubilación, lo que pone bajo presión un esquema que desde hace años presenta dificultades para sostenerse.
La situación se agrava por el deterioro del empleo registrado. Según los últimos datos de la Secretaría de Trabajo, en abril se contabilizaron 12.765.000 trabajadores registrados, una caída del 0,2% respecto de marzo. En comparación con el mismo mes de 2025, el empleo registrado retrocedió 0,7%, con una pérdida de 128.600 puestos asalariados privados y otros 14.400 en el sector público.
¿Qué es el bono demográfico y por qué Argentina está empezando a perderlo?
Los especialistas dividen la evolución demográfica en tres grandes etapas. La primera se caracteriza por una alta proporción de niños; la segunda, conocida como bono demográfico, ocurre cuando aumenta el peso de la población en edad de trabajar en relación con la cantidad de personas dependientes; y la tercera corresponde al envejecimiento poblacional, etapa en la que crece la proporción de adultos mayores.

Es precisamente durante la segunda etapa cuando una economía tiene la posibilidad de acumular riqueza, aumentar la productividad y generar los recursos necesarios para afrontar el envejecimiento de la población. Si esa oportunidad no se aprovecha, sostener los sistemas previsionales se vuelve cada vez más complejo.
“Durante muchos años la Argentina tuvo una ventaja enorme: había muchas más personas en edad de trabajar que personas dependientes. A eso se lo conoce como bono demográfico. Era una oportunidad extraordinaria para crecer, generar empleo de calidad y fortalecer el sistema previsional”, explicó el abogado previsional Christian D’Alessandro.
Sin embargo, esa ventana comienza a cerrarse. “Hoy nacen cada vez menos chicos, la población vive más años y, al mismo tiempo, no fuimos capaces de generar el empleo formal necesario para sostener ese cambio demográfico”, señaló.
Para el especialista, el mayor riesgo es que el país “está envejeciendo antes de haberse desarrollado”. En otras palabras, el problema no es únicamente que aumente la cantidad de adultos mayores, sino que ese proceso ocurre con un mercado laboral cada vez más precarizado y con un sistema previsional que pierde capacidad de financiamiento.
¿Por qué cada vez hay menos aportantes?
Aunque la baja de la natalidad suele ocupar el centro del debate, los especialistas coinciden en que el principal problema hoy pasa por el mercado laboral. En este sentido, D’Alessandro identificó tres factores que explican el deterioro del sistema: la caída de los nacimientos, el aumento de la esperanza de vida y, especialmente, la elevada informalidad laboral.

“Muchas veces el debate se centra únicamente en que nacen menos chicos, pero eso recién impactará plenamente dentro de 20 o 30 años. En cambio, el empleo informal está desfinanciando el sistema previsional todos los días. Hay millones de personas que trabajan, generan riqueza, pero no hacen aportes porque están en negro o tienen trayectorias laborales muy inestables”, afirmó.
Los datos del empleo respaldan esa preocupación. En abril, además de la caída del empleo asalariado, el trabajo independiente también retrocedió 0,7%. Disminuyeron los monotributistas, los autónomos y el monotributo social, mientras que solo los sectores de hoteles y restaurantes, junto con agricultura, lograron aumentar levemente su cantidad de trabajadores registrados.
El resultado es un sistema previsional que recibe menos aportes mientras debe afrontar un número creciente de jubilaciones, una tendencia que amenaza con profundizarse en los próximos años.
La relación entre aportantes y jubilados, cada vez más ajustada
Uno de los indicadores que mejor refleja el desafío previsional es la relación entre trabajadores activos y jubilados. Durante años se consideró que un sistema de reparto equilibrado necesitaba alrededor de cuatro trabajadores aportando por cada jubilado. Sin embargo, esa proporción se deterioró de manera sostenida.
“La situación en que nos encontramos es de un aportante y un dedo por cada jubilado”, advirtió D’Alessandro. No obstante, aclaró que hoy el problema ya no pasa solamente por la cantidad de trabajadores, sino también por la calidad de esos aportes.
“Hay que ver cuántos realmente aportan y cuánto aportan. Porque no es lo mismo un trabajador registrado con un salario formal que alguien que sobrevive con changas o realiza aportes mínimos”, explicó.
Para el abogado previsional, esa diferencia explica buena parte de la crisis actual del sistema jubilatorio y muestra que el problema comienza mucho antes de que una persona alcance la edad para retirarse.
¿Qué pasa cuando hay menos aportantes?
En un sistema previsional de reparto, los trabajadores activos financian con sus aportes las jubilaciones de quienes ya dejaron el mercado laboral. Cuando disminuye la cantidad de personas que contribuyen, el sistema pierde recursos y aumenta la presión sobre las cuentas públicas.
“Cuando faltan recursos siempre aparece el mismo problema: quién paga el costo. Y lamentablemente, en la Argentina, casi siempre termina pagándolo el jubilado”, sostuvo D’Alessandro.

Según explicó, esa situación se refleja en haberes que pierden poder adquisitivo frente a la inflación, restricciones para acceder a jubilaciones mediante moratorias y condiciones cada vez más exigentes para obtener un beneficio previsional.
Sin embargo, advirtió que el impacto también alcanza a las generaciones más jóvenes. “El joven informal de hoy puede convertirse, con suerte, en el jubilado pobre de mañana porque, si durante toda la vida laboral una persona no pudo aportar debido a la informalidad, difícilmente llegue a tener una jubilación. Lo peor que nos puede pasar como sociedad es llegar a viejos sin derechos”, afirmó.
Por eso, aseguró que el problema previsional “no empieza cuando una persona cumple 65 años, sino mucho antes, cuando no consigue un empleo registrado”.
¿Alcanza con la jubilación estatal? El desafío que enfrentan las próximas generaciones
Para Blas Díaz Saubidet, Head of Club de Inversores, pensar en sostener el nivel de vida únicamente con una jubilación estatal resulta cada vez menos realista.
“El sistema no cierra hace años: cada vez menos aportantes y más jubilados. Por el momento no parece cambiar la tendencia. Y lamentablemente no hay solución mágica para el corto plazo. Es muy de a poco, ordenando la macro para que haya más formalidad y más empleo”, explicó.
En ese contexto, el especialista considera que el ahorro para el retiro dejará de ser una alternativa para convertirse en una necesidad. “Cada persona debería pensar en construir su propia jubilación asumiendo que el Estado no va a serle muy útil en ese sentido. A lo sumo será un complemento, pero no hay que tomarlo como base”, sostuvo.

La advertencia coincide con el escenario que proyecta el abogado previsional Christian D’Alessandro. Según el especialista, si las tendencias demográficas y laborales actuales continúan, el sistema previsional será cada vez más desigual y dependerá en mayor medida de la capacidad de ahorro de cada persona.
“Veo un sistema mucho más desigual que el actual: más pobreza y menos derechos en la vejez. Habrá una minoría que podrá complementar sus ingresos con ahorro privado, mientras que una enorme mayoría dependerá de prestaciones cada vez más bajas financiadas por el Estado”, afirmó.
En ese sentido, D’Alessandro advirtió que existe el riesgo de avanzar hacia un esquema en el que cada trabajador deba financiar en mayor medida su propia jubilación. Sin embargo, remarcó que ese camino no resolvería el problema estructural del sistema, cuyo principal desafío sigue siendo la escasa cantidad de trabajadores que realizan aportes de manera regular.
La solución que plantean los especialistas
Aunque el envejecimiento de la población es un fenómeno que continuará durante las próximas décadas, los especialistas sostienen que todavía existen herramientas para fortalecer la sustentabilidad del sistema previsional.
Para D’Alessandro, el punto de partida no debe ser una reforma jubilatoria centrada únicamente en las prestaciones, sino una estrategia orientada a ampliar la base de aportantes.

“La mejor reforma previsional es crear empleo formal. No existe sistema jubilatorio que resista si la mitad de quienes trabajan no aporta o realiza contribuciones muy bajas”, aseguró.
Además, planteó la necesidad de combatir la evasión, facilitar la registración laboral, reconocer las tareas de cuidado, incentivar la contratación de trabajadores mayores y debatir nuevas fuentes de financiamiento.
“La sustentabilidad del sistema no se consigue eliminando jubilados ni ajustando prestaciones. Se consigue creando más trabajadores registrados, con mejores salarios y aportes suficientes”, concluyó.
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