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Desde diciembre de 2023, cuando Javier Milei asumió la presidencia, los analistas discuten qué tipo de gráfico es el que representa mejor la evolución de la economía nacional en tiempos libertarios. Se habló de “V” y de “pipas de Nike”, ahora algunos hablan de “K”.

Pareciera paradójico que los números nacionales en tiempos de Milei estén creciendo bajo el signo de sus opositores políticos pero, en este caso, es pura coincidencia.

La dinámica de una economía “en K” describe una bifurcación en el proceso de recuperación económica: mientras un grupo de sectores se capitaliza, crece a tasas de dos dígitos y accede a liquidez internacional (el brazo ascendente), el resto del entramado productivo y del tejido social (el brazo descendente) permanece atascado en un ciclo de contracción o estancamiento prolongado.

Esta figura analítica emergió para dar respuesta a la convivencia de dos relatos paralelos en la Argentina actual.

Por un lado, los datos macroeconómicos que exhiben superávit fiscal, baja de la inflación núcleo (perforando el 2% mensual), recomposición de reservas del Banco Central y riesgo país en mínimos de la gestión. Por el otro, los balances de los comercios minoristas, la industria manufacturera urbana y la capacidad de pago de los hogares en los grandes centros urbanos.

El propio presidente ya fue muy crítico con este análisis: “Mediocridad de economistas que andan con eso de la K: unos que crecen mucho, otros que crecen poco”, dijo. Para esta visión, los sectores con problemas son los que no son competitivos que han subsistido gracias a protecciones arancelarias.

“Cuando ustedes meten regulaciones para castigar a las lamparitas, el fabricante de velas se queda mirando el techo y en lugar de tratar de competir o de reconvertirse, va y le pide a un político corrupto que lo proteja. Bueno, se acabó la joda de los parásitos protegidos. Ahora van a tener que competir”, agregó el jefe de Estado apuntando -probable y elípticamente- a sectores industriales.

El historial de las letras: una batalla narrativa

No es la primera vez que la política económica argentina apela al abecedario o a figuras geométricas para proyectar la salida de un reordenamiento o una crisis.

Durante las etapas iniciales del programa económico y en debates previos de los últimos años, los analistas y el oficialismo ensayaron la promesa de una recuperación en V —un desplome vertiginoso seguido de una rebotada con la misma violencia y velocidad.

Cuando los plazos de la economía real no acompañaron la velocidad del ordenamiento cambiario y monetario, la metáfora mutó hacia la “pipa de Nike” (un piso prolongado con una pendiente suave y ascendente) o un trayecto en “serrucho”, caracterizado por rebotes intermitentes que chocaban con los techos del poder adquisitivo.

La irrupción de la letra “K” instala un dilema cualitativo más que cuantitativo. Ya no se discute únicamente la velocidad con la que crece el PBI, sino quiénes traccionan ese PBI y a costa de qué heterogeneidad interna.

La tesis de la “K” no sugiere que la economía esté paralizada en su totalidad, sino que el motor de empuje ha cambiado de manos de forma estructural: pasó del consumo masivo e industrial de los grandes aglomerados urbanos hacia los enclaves exportadores capital-intensivos.

Lo que se genera es una discusión que amenaza con convertirse en grieta: desde el Poder Ejecutivo y las consultoras que acompañan la lógica del programa, la dinamización de los enclaves de alta productividad terminará por demandar divisas, generar recaudación fiscal sin emisión y sanear el crédito, provocando un efecto contagio hacia los servicios y el comercio a medida que la estabilidad macroeconómica se consolide en el tiempo.

Es aquello que, en estos días, describió el ministro de Economía, Luis Caputo, como “empalme”.

Desde la vereda de en frente, economistas del sector industrial y social argumentan que los sectores de la “K ascendente” son altamente intensivos en capital pero de baja densidad de empleo.

En esa lógica, un complejo petrolero o un megaproyecto minero puede generar miles de millones de dólares en divisas, pero no tiene la capacidad de absorber el empleo que expulsa la industria textil, metalmecánica, el comercio minorista o la construcción de las grandes metrópolis.

Milei, en la bolsa, criticando al proteccionismo
Milei, en la bolsa, criticando al proteccionismo

Lo positivo de la economía de Milei

  • Inflación y tasas: La consolidación del IPC por debajo del 2% mensual (con datos de inflación núcleo acelerando su descenso) y el reordenamiento del balance del BCRA acumulando compras en el mercado oficial.
  • Riesgo país y acceso a liquidez: La caída del riesgo país despejó el camino para el *rollover* del crédito corporativo. Bancos de inversión como Bank of America o Morgan Stanley aconsejan posiciones en Obligaciones Negociables (ON) de grandes empresas argentinas (calificaciones AAA).
  • Mercado de capitales: La élite financiera que opera en la City obtuvo rendimientos significativos en dólares a través de instrumentos en pesos (carry trade y bonos CER), apalancando la liquidez en instrumentos del Tesoro y del Banco Central.
  • Los enclaves exportadores e “Industrias del Futuro”:
  • Energía y Vaca Muerta: Con el petróleo internacional manteniéndose en rangos atractivos (superando los u$s 80), la balanza energética y minera sostiene saldos comerciales ampliamente positivos. YPF y las grandes operadoras concentran la llegada de capitales para infraestructura de transporte (gasoductos, oleoductos y plantas de GNL).
  • Agro y Minería: La liquidación de dólares de los complejos agroexportadores y el avance de los proyectos en el Triángulo del Litio (provincias como Catamarca y Salta atraen capitales de origen chino y occidental) consolidan un modelo extractivo e industrial de alta escala.
  • El marco del RIGI: La consolidación del Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI) orienta los dólares hacia proyectos que superan los u$s 1.000 millones en sectores como tecnología de datos, inteligencia artificial, minería y energía, desarticulando los requerimientos clásicos de encadenamiento con proveedores pyme locales.
Fate, símbolo de la caída industrial
Fate, símbolo de la caída industrial

El brazo caído de la economía de Milei

  • Cierre de empresas y pérdida de puestos de trabajo: El brazo descendente se refleja en el cierre sistemático de pymes industriales y comerciales golpeadas por la caída de las ventas internas, los costos fijos en tarifas y la apertura del comercio exterior.
  • Destrucción del empleo registrado: El mercado laboral formal muestra una destrucción neta de puestos de trabajo privados, empujando la inserción hacia la informalidad, el cuentapropismo precario o el pluriempleo para evitar la caída de ingresos familiares.
  • Parálisis del consumo: El comercio de cercanía, los hipermercados y el consumo de durables sufren una demanda contraída por el deterioro sostenido del poder de compra real de los salarios medianos y las jubilaciones frente a las canastas de servicios públicos, expensas y transporte.
  • Corte en la obra pública: El ajuste del gasto de capital golpeó de forma directa a la cadena de valor de la construcción, arrastrando a corralones, cementeras y proveedores de insumos básicos.
  • El uso del crédito para sobrevivir: A diferencia de ciclos de expansión donde el crédito apalanca el consumo de bienes durables o la compra de vivienda, las familias acudieron al endeudamiento para financiar gastos corrientes y operativos (alimentos, servicios, expensas, medicamentos).
  • Refinanciación de tarjetas y mora: Crece la utilización del pago mínimo en tarjetas de crédito, las líneas de crédito personal a tasa fija de consumo urgente y la refinanciación en cuotas con altas tasas de interés efectivo anual.
  • Luz de alerta en la City: El salto en la mora bancaria de los hogares —especialmente visible en sectores jóvenes e informales que ingresaron a categorías de deudores irrecuperables— empieza a ser monitoreado por los propios bancos del sistema financiero como un techo directo al crecimiento del crédito masivo.