El presidente Javier Milei está convencido de que el rumbo que le imprimió a su gestión le permitirá cumplir su promesa de sacar a la Argentina del estancamiento. Descansa esa fe ciega en los datos que le aportan los indicadores oficiales y se niega a guiarse por la sensación térmica que genera una economía con ganadores y perdedores.
Ayer aprovechó la batería de indicadores que le proporcionó el Indec para salir al cruce, una vez más, de quienes advierten que la película no va a terminar bien. El primer número que celebró fue la inflación mayorista, que por fin desaceleró a 0,8%, anticipando que en agosto este hito se repetirá.

También cuestionó por parciales las cifras que se exhiben sobre la crisis del mercado laboral (no hay una baja de la tasa de empleo que procesa el Indec, aunque sí del número de trabajadores formales) y reiteró que el consumo privado se encuentra en “máximos”.
La calle dice otra cosa, porque miran una foto diferente. Dentro de las cuentas del PBI, el gasto en servicios públicos que hace una familia también es parte del consumo privado. Esos recursos no desaparecen, pero tienen otro destino: el cambio de precios relativos buscó achicar el déficit en subsidios y crear un ancla fiscal que sirva para frenar la inflación.
Sin embargo, un indicador privado aportó ayer algo de oxígeno al ida y vuelta de números que trae este debate. Scentia, una de las principales consultoras en análisis de datos del retail, mostró ayer una mejora de 4,2% en los datos de consumo masivo.
Aunque el anual sigue negativo y el acumulado de 2026 también, el repunte mensual muestra un cambio de tendencia, que alcanzó tanto a supermercados como a autoservicios y mayoristas. No es para descorchar, pero puede ser la señal de que se acerca otra película.
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