Mientras el Gobierno busca sostener el ingreso de divisas en un contexto de desaceleración económica, el complejo agroexportador volvió a mostrar, en septiembre, uno de sus mejores desempeños del año con la liquidación de u$s 3228 millones, un 17% más que en agosto.
La cifra convirtió al mes en el tercer septiembre más alto de la serie de los últimos 25 años, según informó la Cámara de la Industria Aceitera (CIARA) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC).
En el acumulado de los primeros nueve meses del año, el ingreso de divisas alcanzó u$s 22.275 millones. Aunque representa una caída del 22% respecto del mismo período de 2025, el nivel todavía se ubica 14% por encima del promedio histórico para enero-septiembre.
Desde CIARA-CEC explicaron que el desempeño de septiembre respondió principalmente al flujo sostenido de embarques de maíz, favorecido por una mayor intensidad en las ventas de los productores.

La entidad aclaró, además, que evitó comparar el dato con septiembre de 2025 porque ese mes estuvo condicionado por el Decreto 682/25, que suspendió temporalmente los derechos de exportación y alteró el comportamiento habitual de las liquidaciones.
Pero detrás del ingreso de divisas aparece otra tendencia que empieza a modificar el perfil exportador argentino. Los datos del Monitor Agroindustrial muestran que el crecimiento ya no pasa únicamente por vender más granos, sino también por un mayor procesamiento industrial y por el fuerte avance del complejo girasol, que este año encadena récords de molienda y exportaciones.
Del poroto al valor agregado
El cambio se observa especialmente en el complejo sojero. Mientras las exportaciones de poroto de soja acumulan una caída del 43% frente al año pasado, la industria mantiene un elevado nivel de actividad gracias al procesamiento local de la oleaginosa.
En agosto, la molienda alcanzó 4,25 millones de toneladas, el mayor volumen para ese mes desde 2021, y las plantas operaron con una utilización del 85% de su capacidad instalada, cinco puntos porcentuales por encima de agosto de 2025.

Esa mayor actividad permitió sostener las exportaciones de productos con mayor valor agregado. La harina de soja registró un récord histórico para un mes de agosto, mientras que el aceite de soja alcanzó el mayor volumen para ese mes desde 2021.
El fenómeno refleja un cambio en la composición de las ventas externas: una mayor proporción del poroto deja de exportarse sin procesar para transformarse localmente en harina y aceite, los principales productos que comercializa la industria aceitera argentina.
Girasol, el cultivo que gana protagonismo
Si la soja continúa siendo el corazón del complejo agroindustrial, el girasol es el cultivo que más crece.
El informe de CIARA-CEC muestra una sucesión de récords durante agosto. La molienda alcanzó 506.000 toneladas, el mayor volumen histórico para ese mes; las exportaciones de grano también marcaron un máximo para agosto y, en el acumulado del año, crecieron 1086% respecto de 2025.
La expansión también llegó a los productos industrializados. Tanto la harina como el aceite de girasol registraron récords históricos para agosto y acumulan aumentos interanuales del 53,8% y 36%, respectivamente.
La evolución confirma una tendencia que comenzó a consolidarse este año: el girasol dejó de ser un cultivo secundario dentro del complejo aceitero para convertirse en uno de los principales impulsores del crecimiento de la industria y de las exportaciones con mayor valor agregado.
El maíz explica el presente; el girasol, la tendencia
El informe también permite distinguir dos motores distintos detrás de las exportaciones agroindustriales.
En el corto plazo, el maíz explica buena parte del ingreso de divisas de septiembre. Según CIARA-CEC, el flujo sostenido de embarques respondió a una aceleración de las ventas de los productores, mientras que el Monitor Agroindustrial muestra que las exportaciones del cereal crecieron 47,4% interanual en agosto y acumulan un aumento del 18,3% en los primeros ocho meses del año.
En una perspectiva más amplia, sin embargo, los datos muestran una transformación estructural. La combinación de una mayor molienda, plantas trabajando cerca de plena capacidad y un crecimiento sostenido de las exportaciones de harinas y aceites sugiere que el complejo agroindustrial empieza a depender cada vez menos del despacho de granos sin procesar y más de la exportación de productos industrializados.
Ese cambio encuentra en el girasol su principal exponente y comienza a dibujar un nuevo mapa exportador, en el que el agregado de valor gana espacio como fuente de divisas para la economía argentina.

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