Durante años, los cosméticos que ingresaban por canales irregulares permanecían relegados a pequeños comercios. Hoy, el fenómeno cambió de escala: dejó de limitarse a circuitos informales y se observa incluso en shoppings y grandes avenidas comerciales.
Así lo asegura un informe de la Cámara Argentina de la Industria de Productos de Higiene Personal, Cosmética y Perfumería (CAPA) al que accedió de manera exclusiva El Cronista. En un contexto en el que el Gobierno profundiza la apertura comercial, la industria cosmética se suma a las advertencias por el crecimiento del contrabando. Según CAPA, 8 de cada 10 (81%) locales inspeccionados en la Ciudad de Buenos Aires presentaba infracciones.
“Antes esta mercadería estaba escondida, al fondo de una góndola. Hoy la vemos a simple vista, en avenidas comerciales, en shoppings y en locales muy bien armados, con productos claramente en infracción”, insiste Andrés Rodríguez, representante de la entidad.
La advertencia llega con un mercado que todavía no logra recuperarse de las caídas de la actividad del 12-13% y 5% en 2024 y 2025, respectivamente.
Rodríguez definió la actividad como flat (desinflada). En el primer trimestre del año registró una leve caída de la actividad del sector, de 0,06% frente al mismo período de 2025.
“Las unidades se estabilizaron, pero con un serrucho importante y un consumo muy traccionado por promociones”, resumió. El relevamiento de CAPA se realizó sobre una muestra representativa de 1500 millones de unidades.

Más que falsificaciones
A diferencia de lo que suele suponerse, la principal preocupación no son las imitaciones que “siempre existieron”. “Muchas veces puede ser un producto bueno. El problema es que no cumplió el mismo circuito y no ofrece las mismas garantías”, explicó Rodríguez.
Según detalló, los cosméticos regulares deben contar con inscripción ante ANMAT, trazabilidad, un establecimiento habilitado y un director técnico responsable que permita reconstruir todo el proceso productivo ante cualquier inconveniente sanitario.

La mayor parte de los casos detectados corresponde a fragancias, maquillaje y productos infantiles, aunque la cámara comenzó a observar un aumento en productos de cuidado de la piel, como sérums y protectores solares. “Ahí el problema deja de ser sólo comercial. Un protector solar que no cumple con las exigencias sanitarias puede no proteger a quien lo usa”, advirtió Rodríguez.
La preocupación crece además en un momento en que el cuidado de la piel dejó de ser un nicho y pasó a formar parte de los hábitos de consumo de adolescentes y jóvenes. las nuevas generaciones incorporaron rutinas de cuidado mucho más complejas que las de hace una década.
“Nosotras, como mucho, usábamos base, corrector, máscara de pestañas y un labial. La Generación Z usa 7 productos en una rutina”, explicó una referente de la industria y explicó que esa mayor sofisticación del consumo coincide con un crecimiento de la oferta por fuera del circuito formal.
Competir con quien no paga lo mismo
Para las empresas formales, el impacto económico comienza mucho antes de vender. Rodríguez explicó que sólo la inscripción sanitaria demanda alrededor de $1 millón, a lo que se suman un depósito habilitado, sistemas de trazabilidad y un director técnico, cuyos honorarios rondan entre $6 y $7 millones mensuales.
“Hay jugadores regulares que prácticamente se están saliendo del mercado porque no pueden competir. Estamos viendo delineadores a $2000 o rubores a $3000 y $4000 puestos en góndola en comercios muy bien montados”, afirmó.
Una ejecutiva de una de las principales multinacionales del sector aseguró a El Cronista que el fenómeno dejó de concentrarse en las falsificaciones y hoy se traslada a productos que ingresan por fuera del circuito regulatorio y compiten en las mismas góndolas que aquellos que sí cumplen todas las exigencias.
“Ya no competís solamente contra un producto más barato; sino contra alguien que no afrontó ninguno de los costos regulatorios que exige fabricar o importar legalmente un cosmético”, resumió.
Cómo eluden los controles
Según CAPA, la mayoría de estos productos evita directamente el circuito de control. “Si alguien logra saltear el sistema es porque declaró otra mercadería o porque directamente ocultó el producto”, sostuvo Rodríguez. Como ejemplo, explicó que un delineador puede declararse como un lápiz escolar o un kit de maquillaje como materiales de librería, evitando controles sanitarios específicos.

Ante este escenario, CAPA amplió su estrategia con denuncias ante Aduana, ANMAT y campañas para enseñar a los consumidores a identificar productos regulares mediante el rotulado y la información obligatoria.
El informe concluye que la entidad pasó de un esquema de denuncias puntuales a un sistema de vigilancia del mercado, aunque reconoce que todavía resta mejorar la trazabilidad de los expedientes y el seguimiento de cada caso.
Rodríguez sostuvo que el impacto también alcanza al comercio formal. “La perfumería o la farmacia sabe que no puede vender esos productos y, sin embargo, a diez metros tiene otro comercio ofreciendo lo mismo a un precio con el que no puede competir. El comerciante legítimo también está perdiendo ventas”.
La problemática ya forma parte de la Mesa contra el Contrabando de la Unión Industrial Argentina (UIA), que reúne a cámaras de distintos sectores afectados por el ingreso irregular de mercadería.
Si bien los empresarios valoran el trabajo de Fernando Blanco Muiño, subsecretario de Defensa del Consumidor y Lealtad Comercial sostienen que la incertidumbre sobre la conducción de la Aduana y la reestructuración de ANMAT ralentizan nuevas acciones de fiscalización.
El desafío, concluyen, será compatibilizar la apertura comercial con controles que aseguren que todos los operadores compitan bajo las mismas reglas.

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