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La vitivinicultura mundial atraviesa un proceso de ajuste derivado de la reducción del consumo en los principales mercados. El vino ya no compite únicamente con otras bebidas alcohólicas; hoy enfrenta una competencia mucho más amplia, impulsada por consumidores que priorizan salud, bienestar y moderación.

Las consecuencias son visibles: menor rotación de inventarios, presión sobre los precios, exceso de oferta y una rentabilidad cada vez más ajustada para productores, distribuidores mayoristas y minoristas.

En ese contexto, los vinos con bajo o nulo contenido alcohólico (No alcohol / Low alcohol) comienzan a consolidarse como una alternativa de innovación, pero sobre todo de diversificación productiva y generación de valor agregado.

En la Argentina, el consumo interno se ubica en apenas 15,7 litros por habitante al año, con una caída del 22 por ciento en los últimos cinco años.

Frente a esta realidad, mientras una parte de la industria continúa debatiendo si el vino sin alcohol es vino, el mercado global ya dio su veredicto y comenzó a asignarle a los vinos NoLo un espacio propio dentro del negocio de las bebidas.

Hasta noviembre de 2025, la desalcoholización total no estaba contemplada en la normativa, por lo que las bodegas respondían a la demanda de moderación mediante vinos de baja graduación (aprox. 7/8 por ciento).

Con la modificación de la Ley de Vinos 14878 y del Código Alimentario, se incorporan las categorías “vino parcialmente desalcoholizado” y “vino desalcoholizado totalmente” (o “vino sin alcohol”) en los artículos 1102 bis y 1102 tris.

Nieto Senetiner lanzo el primer vino de producción local sin alcohol. Su enólogo, Santiago Mayorga (arriba).
Nieto Senetiner lanzo el primer vino de producción local sin alcohol. Su enólogo, Santiago Mayorga (arriba).

En ese marco, el INV aprueba las tecnologías aplicables, habilitando que el sector se adapte a los nuevos hábitos de consumo y, a fines de 2025 se lanza el primer vino espumoso si alcohol producido en la Argentina.

Del excedente al valor agregado

Tradicionalmente, los excedentes de uva se destinaron a la elaboración de mosto concentrado, jugo de uva, uva pasa o alcohol vínico. Sin embargo, la creciente demanda internacional de bebidas NoLo abre la posibilidad de transformar parte de ese excedente en productos de mayor valor agregado.

La cosecha argentina 2026 alcanzó los 18,3 millones de quintales, según el Instituto Nacional de Vitivinicultura. Si bien el volumen fue inferior al de la campaña anterior, la calidad sanitaria y enológica fue destacada. En decir, que además de contribuir con la disminución del excedente coyuntural, la desalcoholización puede convertirse en una de las herramientas para mejorar la competitividad del sector.

“El vino sin alcohol no solo responde a un cambio en los hábitos de consumo, sino que también abre nuevas oportunidades para la vitivinicultura en un contexto de transformación de la industria a nivel global. El crecimiento de esta categoría permite ampliar los usos y destinos de la uva de calidad, generando nuevas alternativas de desarrollo para productores y bodegas. En ese sentido, el vino sin alcohol no compite con el vino tradicional, sino que complementa la categoría y su evolución puede convertirse en una herramienta relevante para fortalecer y proyectar el ecosistema vitivinícola en el largo plazo”, explica Santiago Mayorga, enólogo de Bodega Nieto Senetiner.

Domaine EdeM es una de las bodegas internacionales que ofrece alternativas NoLo en el país
Domaine EdeM es una de las bodegas internacionales que ofrece alternativas NoLo en el país

En la Argentina, Bodega Nieto Senetiner con una historia de 130 años, es la primera en lanzar una línea de vinos sin alcohol de producción local, compuesta por un espumoso, un blanco de chardonnay, un malbec rosé y un tinto de malbec–pinot noir, tras años de investigación y compromiso con la calidad.

Un mercado que acelera

Las proyecciones internacionales muestran un crecimiento excepcional de esta categoría. El mercado mundial de vinos sin alcohol pasaría de u$s 3100 millones en 2026 a casi u$s 17.900 millones en 2035, con una tasa de crecimiento anual superior al 21 por ciento.

América del Norte concentra cerca de la mitad del mercado mundial, mientras Asia-Pacífico aparece como la región de mayor expansión.

Los Estados Unidos resulta especialmente relevante para la Argentina. Además de ser el principal destino de las exportaciones de vino, funciona como un mercado de referencia para las tendencias globales de consumo. Allí, más del 60 % de los consumidores de entre 25 y 45 años manifiesta interés por bebidas sin alcohol.

Las principales compañías internacionales ya respondieron a esa demanda mediante inversiones en tecnología de desalcoholización y el desarrollo de nuevas líneas de productos.

En la Argentina, los vinos espumosos Zero de Codorníu, llegaron para dar el puntapié inicial, valiéndose de la experiencia en otros mercados.

Los vinos espumosos de Zero Codorniú llegaron a la Argentina tras la experiencia en otros mercados
Los vinos espumosos de Zero Codorniú llegaron a la Argentina tras la experiencia en otros mercados

“Entramos en la categoría de espumosos sin alcohol hace más de diez años con Codorníu Zero y, en 2024, ampliamos la gama con el lanzamiento de vinos tranquilos sin alcohol, así como de espumosos y vinos tranquilos de baja graduación alcohólica. Actualmente vendemos más de 70.000 cajas de 9 litros de nuestra gama de productos sin y con baja graduación alcohólica, y seguimos viendo un importante potencial de crecimiento. Además, estamos explorando nuevos formatos y ocasiones de consumo, como las latas, para responder a los cambios en los hábitos de consumo y a la creciente demanda de comodidad. Observamos el mayor impulso en mercados como el Reino Unido, Alemania, los países nórdicos, Estados Unidos y, cada vez más, España”, explica Helena Jaumandreu, Chief Marketing Officer.

Innovación para recuperar competitividad

La calidad fue durante años la principal limitación de los vinos desalcoholizados. Hoy, tecnologías como la destilación al vacío, la ósmosis inversa y las columnas de cono giratorio permiten conservar gran parte de las características sensoriales del vino original, favoreciendo el desarrollo de productos premium.

Esta evolución tecnológica modifica la ecuación económica de la categoría. Ya no se trata únicamente de elaborar un vino sin alcohol, sino de competir en un segmento de mayor valor agregado con mejores márgenes y orientado a consumidores dispuestos a pagar más por productos alineados con tendencias de bienestar y consumo responsable.

El 93% de consumidores que toman cerveza y vino sin alcohol también toman bebidas con alcohol, y el 58% de consumidores alternan entre bebidas con y sin alcohol en una sola ocasión. La mayoría de los vinos NoLo están entre u$s 12 y 30. Es muy difícil producir un vino sin alcohol rico y de calidad a un costo bajo, que pueda ser realmente competitivo en precio con una gaseosa, cerveza sin alcohol, o un mocktail. En el tiempo, el promedio de precio de los vinos sin alcohol va a incrementarse porque los productores van a apelar a uvas de la más alta calidad y tecnologías más avanzadas, y por lo tanto la inversión será más alta. Si un productor vende un vino a u$s 20, y quiere vender el mismo vino, pero en su versión sin alcohol, lo tiene que vender a u$s 25 o u$s 30 porque la desalcoholización no es gratis”, nos explica Dante McDermott Catena, Commercial and NOLO Consumer Experience Lead en Domaine EdeM, bodega que ofrece alternativas NoLo en la Argentina.

Una decisión estratégica

La expansión del segmento NoLo no reemplazará al vino tradicional. Ambos productos responden a ocasiones de consumo diferentes y pueden coexistir dentro del mismo portafolio. La desalcoholización, es, además, resultado de unas tecnologías de innovación sustentable.

“La desalcoholización puede considerarse un proceso sostenible cuando se realiza con tecnología eficiente y bajo una lógica de aprovechamiento de recursos. En Nieto Senetiner, el equipo que utilizamos permite transformar el vino en una alternativa sin alcohol con un consumo reducido de recursos no renovables, especialmente agua, no se generan residuos contaminantes y el componente alcohólico separado del vino puede ser aprovechado posteriormente en otras industrias, promoviendo una lógica de economía circular y evitando desperdicios”, comenta Santiago Mayorga.

La discusión de fondo no es enológica ni cultural, sino económica. Para una industria que enfrenta caída del consumo, presión sobre la rentabilidad y necesidad de abrir nuevos mercados, la desalcoholización se perfila como una estrategia emergente de transformación y de innovación sustentable, una alternativa concreta para diversificar ingresos, agregar valor a la producción primaria y fortalecer la competitividad internacional.

La pregunta ya no es si el vino sin alcohol es vino, o si forma parte del negocio. La pregunta es qué países vitivinícolas y qué bodegas estarán en condiciones de liderar y capturar el crecimiento de una categoría que ya muestra una de las mayores tasas de expansión de toda la industria mundial de bebidas