La guerra de Donald Trump contra Irán llevó las reservas de petróleo de Estados Unidos a su nivel más bajo en dos décadas, mientras su administración drena los stocks para contener el aumento de precios y los exportadores aprovechan la caída en el suministro de Medio Oriente.
Los datos del gobierno estadounidense publicados el miércoles mostraron que el total de reservas de crudo y productos derivados del petróleo, como la nafta, cayó 10,6 millones de barriles la semana pasada hasta 1.570 millones de barriles, el nivel más bajo desde 2004.
La pronunciada caída desató nuevas advertencias de analistas de la industria que señalan que los precios del petróleo están a punto de subir fuertemente en las próximas semanas. El precio del petróleo estadounidense subió 2,6% durante las operaciones de la tarde del miércoles, hasta los u$s 96,17 por barril.
Bob McNally, presidente de Rapidan Energy Group y ex asesor de la Casa Blanca, advirtió que los precios podrían alcanzar los u$s 200 por barril este verano boreal si no se reabre al tráfico de buques tanque el estrecho de Ormuz, la vital vía marítima energética del Golfo que la guerra clausuró.
“Se empieza a elevar el riesgo de contagio hacia otros sectores, la economía y el sistema financiero... Esto detona fragilidades en el conjunto de la economía y el sistema financiero”, advirtió McNally.
La caída de los inventarios estadounidenses desde el inicio de la guerra borró la acumulación generada por la revolución del shale, que convirtió al país en el mayor productor de petróleo del mundo y en un importante exportador.
La baja de la semana pasada estuvo impulsada por una caída de 16 millones de barriles en las reservas comerciales y gubernamentales de crudo, junto con el aumento de las exportaciones hacia Asia y Europa, regiones donde los traders se apuraron a reemplazar el suministro perdido de Medio Oriente.
Los envíos de crudo estadounidense saltaron de 4,4 millones a 5,8 millones de barriles diarios la semana pasada —más de lo que producen muchos países de la OPEP—, continuando con la tendencia de exportaciones marcadamente más altas desde el inicio de la guerra, según la Administración de Información Energética (EIA).
El aumento subrayó el crítico estado del suministro global de petróleo debido al cierre casi total del estrecho, la vía marítima entre Irán y Omán por la que circulaba, antes de la guerra, un quinto del suministro global, de unos 100 millones de barriles diarios.
“Estados Unidos está actuando como el prestamista de última instancia de los mercados petroleros globales: opera como estabilizador y ofrece un colchón para compensar la pérdida de suministro de Medio Oriente”, dijo Edward Hayden-Briffett, analista de The Officials, una división de Onyx Capital Group.

Sin embargo, advirtió que la capacidad de Estados Unidos para absorber el shock petrolero global tiene un límite y señaló el aumento en las liberaciones desde la reserva estratégica de petróleo del país, que también fue utilizada por la administración de Joe Biden para bajar los precios.
“A medida que ese colchón se achica, se convierte en un factor de estrés y no de tranquilidad”, dijo Hayden-Briffett.
Estados Unidos liberó unos 50 millones de barriles de crudo de la reserva estratégica y autorizó la extracción de 172 millones para contener el alza acelerada de los precios del crudo y la nafta.
Los precios del petróleo habían cedido en las últimas semanas luego de que el presidente Trump afirmara estar cerca de un acuerdo de paz con Irán. Pero las escaladas de los últimos días diluyeron esas esperanzas y el cierre sostenido del estrecho volverá a empujar los precios hacia arriba, advirtieron los analistas, a medida que los inventarios de Estados Unidos y del mundo sigan reduciéndose.
Una nueva escalada en el precio del crudo encarecería los combustibles durante el pico de la temporada de conducción en Estados Unidos, aumentando la presión política sobre Trump de cara a las elecciones de medio término de noviembre. Los votantes estadounidenses expresaron su descontento con la gestión económica y la inflación del presidente, según una reciente encuesta del FT.
El precio promedio de la nafta en Estados Unidos fue de u$s 4,44 por galón la semana pasada, según la EIA, con una baja moderada en las últimas semanas pero un alza de alrededor del 50% respecto de los niveles previos a la guerra. Trump pronostica que los precios caerán drásticamente cuando termine el conflicto.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, describió el miércoles el aumento de la inflación estadounidense provocado por la guerra como “un bache de corto plazo”.
Los analistas señalaron que los traders globales que compiten por el petróleo seguirán pujando por el suministro estadounidense para cubrir los faltantes generados por la guerra, lo que incrementará la presión sobre las reservas norteamericanos.
Matt Smith, analista de Kpler, dijo: “Estados Unidos es el proveedor de última instancia y está mejor posicionado que prácticamente cualquier otro país del mundo, dada su gran capacidad de refinación y su producción doméstica”.
“Pero lo que esto significa es que los inventarios estadounidenses están siendo drenados hasta niveles críticamente bajos... Eso implica que los precios en Estados Unidos deben subir lo suficiente para frenar las exportaciones y el agotamiento de reservas. Cuando las exportaciones estadounidenses se frenen, se acabará la música: los compradores no tendrán prácticamente ningún otro proveedor alternativo al cual recurrir.”
¡Queremos conocerte!
Registrate sin cargo en El Cronista para una experiencia a tu medida.

















