La política exterior volvió a tener un espacio central para el gobierno de Javier Milei. Lo fue por el conflicto generado con el presidente de Brasil, Lula da Silva, frente a las declaraciones públicas de Milei acusándolo de ladrón, presidiario y otras expresiones similares.
Estas declaraciones tuvieron lugar en el acto de lanzamiento de la campaña de Flavio Bolsonaro, candidato de la derecha para las elecciones presidenciales del 4 de octubre, que es hijo del expresidente Jair Bolsonaro, detenido y condenado a veintisiete años de prisión domiciliaria por su estado de salud.
El presidente Lula busca su cuarto mandato y es el candidato oficialista en campaña. No se registra un conflicto mayor en las relaciones bilaterales de ambos países desde mediados del siglo XIX.
Inicialmente Lula había dispuesto que su embajador en Buenos Aires dejara rápidamente el país, pero luego decidió su retorno, aunque hasta ahora Milei no haya aceptado la condición de disculparse con su par brasileño. En el lenguaje diplomático, se trata de una señal de fuerte enfrentamiento entre los dos países.

La ventaja de Lula en las encuestas está hoy entre seis y diez puntos a su favor, pero habría segunda vuelta y esa es una oportunidad para Bolsonaro. Hasta ahora no parece que la intervención de Milei con sus críticas al presidente brasileño haya tenido algún efecto electoral a favor de Flavio, mientras al mismo tiempo Trump lo apoya pero sin asumir actitudes tan confrontativas y personales como las del presidente argentino.
En estos días Milei primero visitó Perú el 28 de julio para la toma de posesión de Keiko Fujimori y el próximo 7 de agosto viajará a Colombia para estar presente en la asunción de Abelardo de la Espriella (además visitará Ecuador). El presidente argentino busca potenciar su rol como líder de la derecha latinoamericana.
En el oficialismo argentino hay percepciones divididas: algunos piensan que a Milei le conviene el triunfo de Lula porque lo deja como el líder indiscutido de la derecha regional, aunque otros, en cambio, consideran que la victoria de Bolsonaro dejaría una región totalmente alineada con Washington.
Pero la oposición peronista considerará el triunfo de Lula como propio y buscará utilizarlo para generar expectativas ganadoras en sus desalentadas filas. Un triunfo de Lula en la elección presidencial brasileña combinado con el de los demócratas en la elección de medio término estadounidense, podría generar un escenario un poco más favorable para las menguadas fuerzas progresistas de la región.
El enfrentamiento con Lula, la respuesta a los ataques contra la Selección Argentina por el Mundial y las medidas para expulsar a extranjeros del país que expresen “mensajes de odio”, muestran un giro nacionalista, que coincide al mismo tiempo con el avance liberal en la política económica.
Al mismo tiempo, el Gobierno avanza en su campaña por la reelección del Presidente, en forma cada vez más explícita. El discurso de Milei en la Sociedad Rural Argentina buscó claramente ubicar al campo como un aliado político. Sin medidas concretas, reforzó la alianza política con el sector, diciendo que el impulso a la economía habría de ser el resultado de la mejor financiación que le daría el desarrollo de los hidrocarburos y la energía.
Esto se da en un momento en el que estas tres actividades están creciendo y en cambio industria, construcción y comercio no lo hacen. Esta situación divide también al país en términos electorales. Pero la protesta organizada por la CGT, los movimientos sociales y los jubilados no tuvo mayor efecto, más bien fue un acto más simbólico que una acción de protesta concreta y específica.

Lo mismo sucedió con el 74° aniversario de la muerte de Eva Perón, que pasó inadvertido dentro del propio peronismo. Los intentos para reunir a Máximo Kirchner con Axel Kicillof no llegan a buen puerto. La candidatura de Cristina Kirchner, ya lanzada, planta la posibilidad de un escenario de división electoral para el peronismo. Mientras tanto, la izquierda sigue creciendo en torno al 10% y Myriam Bregman se consolida como su principal candidata electoral.
A su vez, dentro de las filas del Gobierno la interna político-electoral crece. En la provincia de Buenos Aires aparecen distintos intereses electorales entre el nuevo Jefe de Gabinete, Diego Santilli y la Secretaria General de la Presidencia, Karina Milei. El primero intenta ser el candidato a gobernador bonaerense, mientras que la segunda sigue impulsando la figura de su operador en esa provincia, Sebastián Pareja, contra las aspiraciones del Jefe de Gabinete.
En lo inmediato, el Gobierno se ha planteado recuperar la iniciativa en el Congreso con la aprobación de leyes demoradas. La suspensión de las PASO para el próximo año es prioritaria. El Gobierno sigue pensando que una anulación de las primarias, como la que tuvo lugar en 2025, es una herramienta eficaz para nacionalizar la elección y sumar votos en el interior del país.
Los gobernadores, en cambio, prefieren mantener las internas abiertas, simultáneas y obligatorias que les permiten “desnacionalizar” la elección provincial. El proyecto de suspensión sigue empantanado en la Cámara Alta. El debate por la ampliación hasta el año próximo de la vigencia de la ley de inocencia fiscal, que excluye a funcionarios de sus beneficios, se intensifica con las recientes denuncias de corrupción que pueden influir en la campaña presidencial de 2027.
La ley de tierras, que anula las restricciones para compradores extranjeros y ha sufrido más de diez modificaciones, no tiene todavía la aprobación asegurada. Lo mismo sucede con el proyecto de ley de glaciares. El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, busca la aprobación de la ley hojarasca, que genera conflictos de bajo impacto económico pero fuertes debates, como el que afecta al precio de los libros y las librerías. Pero la reforma del Banco Central será el gran tema en el Congreso en los tres meses restantes de sesiones ordinarias.
Los obstáculos son políticos. El más importante es la negociación con los gobernadores. Aunque se mantienen conversaciones con la mitad de ellos, se han reactivado obras públicas nacionales en sus provincias y se han adelantado fondos, pero en forma selectiva. Las conversaciones con los gobernadores aliados, la mayoría de ellos del PRO o de partidos provinciales, ya se han iniciado. Cabe señalar que no hay ningún gobernador que sea de La Libertad Avanza.
En el trimestre que se inicia el Congreso será clave y marcará la etapa previa al último año del mandato de Milei.

















