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Cristina Fernández de Kirchner empuja un proyecto para seguir teniendo la centralidad en el peronismo kirchnerista renovador. Como su nivel de imagen todavía sorprende por lo positivo -siempre está detrás del gobernador Axel Kicillof- por eso no se rinde.

La idea de que pueda ser electa en unas PASO tiene que ver con esa pretensión de seguir como gran ordenadora, pero cada vez es más forzado. La convocatoria del mes pasado en Parque Lezama fue exigua, casi mínima para una persona que antes convocaba multitudes. Y que pretenda que organismos internacionales le encuentren una salida legal para que pueda participar en una interna es, directamente, delirante y engañosa.

¿Por qué? Porque tal cual describen quienes se fueron oportunamente de su proyecto, ella nunca participó de una pelea interna. Ni siquiera en aquellas que podía ganar holgadamente, como contra Chiche Duhalde en 2005, Florencio Randazzo en 2017 o la estrictamente partidaria por el PJ Nacional contra Ricardo Quintela en 2024, siempre esquivó la confrontación.

¿Qué razones objetivas hay ahora para que Ella modifique su histórica actitud? Ninguna. Es más. En su consideración, Kicillof es un traidor que no merece llegar a la Casa Rosada. Antes que eso, prefiere cualquier otra cosa, inclusive la continuidad de Javier Milei, con quien por ahora nunca tuvo un sí o un no seriamente. Ficha Limpia, una ley que tenía el nombre y apellido de la expresidenta, siempre fue saboteada por La Libertad Avanza para que Cristina pudiera seguir participando.

El gobernador intenta por todos los medios que los herederos de su antigua jefa, Máximo Kirchner, Wado de Pedro o los aliados que ella considere sumar, como Sergio Massa, participen de la confrontación interna para ordenar todo el arco opositor, fundamentalmente el panperonismo. Sin embargo, lo que sería lógico se antepone con lo práctico y pone en riesgo el futuro del kirchnerismo tal cual lo conocemos.

¿Puede haber unas PASO en las que cualquier figura propuesta por Cristina Kirchner pueda perder? NO. No hay chance de que se termine el kirchnerismo en una confrontación con reglas claras y precisas, cosa muy probable si se enfrentan cara a cara contra el gobernador. No es porque Kicillof sea un gran estratega, sino porque el Movimiento Derecho al Futuro se armó con ese fin y hasta la flamante Liga de los Intendentes, compuesta por una docena de jefes comunales, todos visibles aliados en sus territorios de La Cámpora, ahora también piden que las diferencias se diriman en las PASO. Sin fotos, salvo las que ellos mismos difundieron en la puerta de la Gobernación, el lunes se juntaron con Kicillof para hablar de este tema.

Si el que gana conduce y el que pierde acompaña, es imposible que Cristina y Máximo Kirchner pongan en duda la prosecución del proyecto armado por Néstor Kirchner hace más de dos décadas. Pero esto no es distintivo de ellos. La mayoría de los espacios políticos, fundamentalmente en los municipios, prefieren relegar una victoria de uno propio antes que este termine llegando al poder. Creen, con toda razón, que si alguien que hasta ayer era un par se convierte en intendente, todos tendrán que volver a esperar una nueva oportunidad.

Los estragos de la torpeza con envidia

La política es ansiosa y cruel en ese sentido. Antes que uno que “estaba igual que yo gane, prefiero que siga el que está para tener otra chance en la próxima elección”.

Esta mezcla de torpeza con envidia se da a lo largo y ancho de la Provincia de Buenos Aires, fundamentalmente donde La Libertad Avanza y el PRO son oposición. Antes de ver a un libertario “recién llegado” ganar el municipio, los otros prefieren armar sus propias experiencias vecinales. O viceversa. Inclusive dentro de los propios espacios, las internas son el mayor impedimento para usufructuar una buena performance nacional o provincial.

Mientras que la oposición se ordena, muy factiblemente detrás de Diego Santilli, en un amplio acuerdo conducido por La Libertad Avanza en el que incluirán a un porcentaje importante de radicales presididos por Emiliano Balbín, todos los legisladores, más allá de expresiones y documentos en contra difundidos por la UCR y el PRO, avanzan para terminar de encontrarle una salida a la prohibición de la elección de los intendentes.

La idea que más consenso tiene hoy es la realización de una reforma política que abarque, también, la Ley Orgánica de las Municipalidades. Con estos eufemismos pretenden hacer un juego que a todos les dé la sensación de que ganaron. Los libertarios podrían conseguir que se vote con Boleta Única, los intendentes que se amplíen sus autonomías, incluida la posibilidad de que los concejos deliberantes voten si el jefe comunal de cada localidad puede ser reelecto, y quienes se oponen, fundamentalmente Sergio Massa y Máximo Kirchner, desligarse de responsabilidades porque no son ellos los que determinan la suerte de los poderosos intendentes de la Provincia de Buenos Aires sino los legislativos municipales.

Como la correlación de fuerzas no es la misma en un municipio como en otro, puede pasar que en Tigre o en Morón, donde los intendentes Julio Zamora y Lucas Ghi siempre están jaqueados por sus exaliados, terminen impedidos de reelegir. Y “todos contentos”. Como todo está en borradores, nadie sabe si se necesitará mayoría simple o de dos tercios para que se autorice a las “re-re” en cada localidad.

Máximo Kirchner dijo que además de este tema se deben discutir otros, como el cronograma electoral, si se desdobla o no la elección en Provincia, pero no tocó el otro punto fundamental en un mega acuerdo político: la designación de los cuatro miembros vacantes en la Corte Suprema provincial, algo que Kicillof guarda para la negociación final. Ahí puede haber lugar para un ministro de cada sector interno de Fuerza Patria más un libertario. El PRO ya tiene uno, Sergio Torres, y al procurador, Julio Conte Grand. Pero hasta el radicalismo podría conseguir un “bonus” en caso de que se jubile Hilda Kohan, con edad para hacerlo, o se retire Daniel Soria, afectado en su salud desde hace algún tiempo.