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Al cierre del mes de julio, los bonos cayeron a pesar de tener buenas noticias con upgrade de deuda, presentación del programa financiero, el apoyo del FMI y continúas compras de dólares.

Las acciones siguen lateralizando y el tipo de cambio alcanzó máximos.

Qué drivers condicionaron al mercado.

Leves bajas en los bonos

Al cierre de julio, los bonos soberanos registraron una corrección pese a un contexto de noticias favorables, entre ellas la mejora en la calificación crediticia del país, la presentación del programa financiero, el respaldo del FMI y la continuidad de las compras de divisas por parte del Banco Central.

Cerrando el mes de julio, los bonos soberanos argentinos tuvieron una corrección moderada, aunque lograron conservar buena parte de las ganancias acumuladas en el año.

En el último mes, los bonos evidenciaron caídas mensuales que oscilaron entre -1,4% y -3%, siendo los bonos más largos (2041 y 2046) los de peor desempeño.

En cambio, los bonos del tamo más corto retrocedieron alrededor de 1,5%.

A pesar de esa toma de ganancias, todos los títulos continúan en terreno positivo en 2026, con avances que van desde 3,8% hasta 6,4%, reflejando que la tendencia de fondo sigue siendo favorable.

La evolución de la deuda estuvo marcada por una combinación de factores.

Por un lado, el mercado recibió señales positivas como la continuidad del ajuste fiscal, la desaceleración de la inflación, la acumulación de reservas, las recientes mejoras en la calificación crediticia de Argentina y el respaldo del FMI a la estrategia económica del Gobierno, factores que sostuvieron la confianza sobre la capacidad de pago del país.

Sin embargo, esos factores positivos ya estaban en gran medida incorporados en los precios.

El mayor desafío que enfrentaron los bonos soberanos en el ultimo mes fue el hecho de que se registró una fuerte suba de las tasas de interés en Estados Unidos, siendo este un factor externo que los condicionó.

El rendimiento del Treasury a 10 años volvió a ubicarse cerca de sus máximos recientes ante datos económicos que mostraron mayor fortaleza de la esperada y un mercado que redujo las apuestas a recortes inminentes por parte de la Reserva Federal.

Ese movimiento elevó la tasa libre de riesgo a nivel global y presionó a la baja los precios de la deuda emergente, incluida la argentina.

En ese contexto, los bonos soberanos locales no lograron desacoplarse de la dinámica internacional.

El impacto fue más marcado en los títulos de mayor duration, que son los más sensibles a las variaciones de las tasas de interés internacionales y a los cambios en el apetito global por riesgo.

Acciones con volatilidad

En el segmento de acciones, los papeles locales mostraron un desempeño dispar en el último mes, con una marcada diferencia entre los sectores más vinculados a la economía doméstica y las compañías exportadoras o de infraestructura.

Entre las mayores subas se destacaron YPF (+18,9%), Vista Energy (+16,1%), Transportadora de Gas del Sur (+12%), Telecom (+11,5%), Globant (+10,7%), Edenor (+8,9%) y Pampa Energía (+8,3%).

En el otro extremo, los ADR más ligados al ciclo económico local y al consumo registraron un comportamiento más débil: IRSA (-3,4%), Loma Negra (-1,7%), BBVA Argentina (-1%) y Grupo Supervielle (-0,8%), mientras que Grupo Galicia logró mantenerse prácticamente estable.

La evolución de las acciones estuvo determinada por una combinación de factores locales e internacionales.

Del mismo modo y dentro del plano externo, la suba de las tasas de los bonos del Tesoro de Estados Unidos elevó la tasa libre de riesgo y redujo el apetito por los mercados emergentes, limitando el flujo hacia activos argentinos.

A nivel doméstico, el mercado continuó valorando la mejora del frente macroeconómico —con menor inflación, equilibrio fiscal, acumulación de reservas y mejoras en la calificación crediticia—, aunque esos avances ya estaban en gran medida incorporados en los precios, al igual que en la renta fija.

Tras la evolución de las acciones en julio, el S&P Merval mantuvo su tendencia lateral, tal como viene evolucionan en el ultimo año, en particular tras el fuerte rally que registró el índice luego de las elecciones.

Una vez finalizado ese impulso inicial, el mercado accionario ingresó en una extensa etapa de lateralización, moviéndose dentro de un rango de entre u$s 1.800 y u$s 2.400, sin lograr quebrar al alza esa resistencia.

En este período, el mercado recibió una serie de señales positivas desde el frente macroeconómico, entre ellas la continuidad del proceso de desinflación, la acumulación de reservas internacionales, las mejoras en la calificación crediticia y la consolidación del equilibrio fiscal.

Sin embargo, estos factores tuvieron un impacto más directo sobre la deuda soberana que sobre la renta variable, por lo que las acciones no lograron reflejar plenamente esas mejoras.

A esto se suma que la recuperación económica continúa siendo heterogénea, con un crecimiento de tipo “K” que beneficia a algunos sectores mientras otros siguen rezagados.

En paralelo, la proximidad del proceso electoral llevó a los inversores a adoptar una postura más cautelosa, privilegiando la selectividad y limitando una nueva expansión de las valuaciones del mercado accionario.

Dólar al alza

En el último mes, el mercado cambiario argentino volvió a mostrar una tendencia alcista, aunque con una dinámica relativamente ordenada.

Tanto el dólar oficial como los financieros avanzaron de manera gradual, con el CCL ubicándose en torno a los $1555, el MEP cerca de los $1505 y el tipo de cambio oficial (A3500) alrededor de los $1491 al cierre del período.

De esta manera, las tres cotizaciones mantuvieron una brecha acotada, sin registrarse episodios de tensión cambiaria como los observados durante la segunda mitad de 2025.

La suba del dólar respondió a una combinación de factores.

Por un lado, el fortalecimiento global de la moneda estadounidense y el aumento de las tasas de interés en Estados Unidos impulsaron una mayor demanda de dólares a nivel internacional.

En el plano local, el mercado continuó ajustando el tipo de cambio dentro del nuevo esquema cambiario, en un contexto de mayor demanda estacional de divisas, compras de reservas por parte del Banco Central y una creciente cautela de los inversores de cara al proceso electoral.

Aun así, la brecha entre el oficial y los dólares financieros permaneció reducida, reflejando que el mercado no percibe, por ahora, un escenario de fuerte estrés cambiario.