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Una cartera diversificada es una de las principales herramientas para reducir riesgos y mejorar las posibilidades de obtener buenos resultados en el largo plazo.
Sin embargo, distribuir el dinero entre distintas empresas o sectores no siempre alcanza. También es importante combinar diferentes alternativas de inversión, que tengan comportamientos distintos frente a los cambios de la economía y los movimientos del mercado.
La clave está en encontrar una combinación entre renta fija y variable que permita participar del crecimiento de los mercados y atravesar períodos de volatilidad, sin obligar al inversor a modificar constantemente su estrategia.
Cómo distribuir una cartera entre renta fija y variable
No existe una fórmula única para dividir una cartera. La proporción depende, principalmente, de cuánto riesgo está dispuesto a asumir cada inversor y de cuándo necesitará disponer de sus ahorros.
“No es lo mismo una persona agresiva, dispuesta a tolerar fuertes variaciones de mercado, que un inversor moderado o conservador. También es fundamental considerar la edad”, explica Nicolás Parreira, asesor financiero y director financiero de Grupo Sigma.

Como referencia, para un inversor moderado con un horizonte de diez años, Parreira plantea una cartera integrada por un 60% de renta variable, un 30% de renta fija, un 5% de oro y un 5% en instrumentos de corto plazo.
Dentro de la parte destinada a renta variable, recomienda asignar un 45% de la cartera a ETFs amplios y diversificados, con una participación importante de instrumentos que sigan al S&P 500, como el SPY, complementados con otros mercados o sectores.
El 15% restante lo distribuiría entre acciones o Cedears de compañías con negocios sólidos, capacidad para generar efectivo, un nivel de deuda razonable, ventajas competitivas sostenibles y políticas consistentes de distribución de dividendos.
En renta fija, el asesor propone destinar un 20% a obligaciones negociables y deuda corporativa, tanto local como internacional, con distintos emisores, sectores y vencimientos. El 10% restante lo asignaría a bonos soberanos argentinos.
La cartera se completa con un 5% en oro, como herramienta de diversificación y cobertura, y otro 5% en fondos de alta liquidez o letras del Tesoro de Estados Unidos. En este último caso, la idea es mantener el capital disponible sin dejarlo inmovilizado.

Por su parte, el asesor financiero y fundador de Quaestus Advisory, Nahuel Bernués, recomienda aplicar la estrategia conocida como core-satélite.
“El core, entre 60% y 70% de la cartera, va en diversificación amplia y real entre renta fija y variable: índices globales y sectores con lógica propia como salud, financieras e industriales”, explica.
El resto, entre un 30% y un 40%, quedaría para las inversiones de mayor convicción. En esa parte incorporaría tecnología, pero mediante la selección de empresas puntuales, además de proveedores de infraestructura y energía vinculados con la inteligencia artificial, mercados emergentes y compañías medianas.
Según Bernués, esta estructura permite separar la parte defensiva de la cartera de aquella destinada a capturar oportunidades específicas, reduciendo el riesgo de que una apuesta puntual termine afectando todo el patrimonio.
Qué activos priorizar para una estrategia de largo plazo
Para construir una cartera que pueda sostenerse durante varios años, los especialistas coinciden en que es importante contar con una base diversificada de renta variable global.
Una de las alternativas para conseguirlo son los ETF que replican índices amplios, ya que permiten invertir en numerosas compañías y sectores sin depender de la evolución de una sola empresa.

Parreira considera razonable aprovechar el crecimiento de sectores vinculados con la inteligencia artificial, los semiconductores, la infraestructura digital, los servicios en la nube y el software. Sin embargo, advierte que eso no implica concentrar toda la cartera en tecnología.
“La clave está en combinar empresas con potencial de crecimiento con otras más estables, capaces de generar flujo de fondos y distribuir dividendos de manera sostenida”, afirma.
Además, destaca el rol del oro como instrumento de diversificación. Según Bernués, para un perfil moderado una asignación de entre 5% y 10% suele ser suficiente.
“Por debajo de 3% no mueve la aguja. Por encima de 15% ya dejaste de diversificar y pasaste a hacer una apuesta direccional al metal”, sostiene.
Los errores que pueden poner en riesgo una cartera
Uno de los errores más frecuentes al pensar en una inversión a diez años es creer que alcanza con comprar activos y olvidarse de ellos. “El horizonte puede ser largo, pero eso no elimina la necesidad de revisar periódicamente la cartera”, señala Parreira.
También advierte sobre la tendencia a comprar los activos que más subieron recientemente. Cuando una acción o un sector concentra la atención del mercado, muchos inversores llegan tarde, pagan precios elevados y terminan acumulando demasiado riesgo en una misma temática.

Otro problema aparece cuando las cotizaciones empiezan a caer. En esos momentos, muchos inversores venden por miedo y convierten una baja temporal en una pérdida definitiva.
Para evitarlo, el asesor considera fundamental que la composición de la cartera sea compatible con el riesgo que cada persona está realmente dispuesta a tolerar. También recomienda contar con una reserva de dinero separada para gastos y contingencias, de manera de no tener que desprenderse de las inversiones en un mal momento del mercado.
Otro aspecto que suele quedar relegado es el rendimiento total. No alcanza con mirar cuánto subió o bajó la cotización de una acción. También hay que considerar los intereses y dividendos que generó durante el período.
Por último, Parreira señala que cambiar constantemente de estrategia puede jugar en contra. Los ajustes deben responder a cambios concretos en el mercado, en el perfil del inversor o en la calidad de los activos, y no a decisiones impulsivas.
Cómo armar una cartera a prueba de elecciones
En Argentina, la diversificación también implica pensar cómo pueden afectar los cambios políticos y económicos locales a las inversiones. Para Bernués, una cartera preparada para atravesar un período electoral debe tener una parte importante de sus activos que no dependa exclusivamente del resultado político del país.

El asesor plantea una estrategia organizada en distintas capas. La primera es la que aporta mayor protección y está compuesta por dólares líquidos, renta fija global y acciones internacionales diversificadas, a las que se puede acceder mediante Cedears.
La segunda capa estaría compuesta por obligaciones negociables en dólares de compañías sólidas con buena calidad crediticia y generación de divisas, particularmente de sectores como energía, oil & gas y agro.
Una tercera capa es la liquidez en pesos, que debe dimensionarse según los gastos que cada persona tendrá que afrontar. Su función es evitar que el inversor tenga que vender activos en un momento desfavorable para conseguir dinero.

Por Rosario Sabato
Redactora de Audiencias Members
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