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El riesgo país alcanzó los 850 puntos y volvió a encender las alertas en el mercado. La suba del indicador refleja una mayor percepción de riesgo sobre la capacidad de pago de la deuda soberana y suma incertidumbre entre los inversores, que siguen de cerca la evolución de los bonos y las acciones locales.

Cuando este índice sube, el financiamiento se vuelve más caro tanto para el Estado como para las empresas. Como consecuencia, los activos argentinos suelen sufrir caídas.

Sin embargo, el impacto no es igual para todos los instrumentos. Mientras algunos activos quedan más expuestos a las variaciones del indicador, otros ofrecen mayor previsibilidad o pueden representar una oportunidad para quienes tienen un horizonte de inversión más largo.

Cómo impacta la suba del riesgo país en los activos argentinos

En diálogo con El Cronista, Nahuel Bernués, asesor financiero, economista y fundador de Quaestus Advisory, explica que el primer efecto se observa en los bonos soberanos.

Cuando aumenta el riesgo país, los inversores exigen una mayor tasa de retorno para mantener deuda argentina. Como los títulos que ya están emitidos pagan intereses previamente establecidos, sus precios deben bajar para ofrecer el rendimiento que ahora demanda el mercado.

“Existe una relación inversa entre el riesgo país y el precio de los bonos: cuando uno sube, el otro baja”, señala.

Pero el efecto también llega a las acciones. Un mayor costo de financiamiento para el Estado puede trasladarse al sector privado, ya que las empresas argentinas también enfrentan condiciones más exigentes para conseguir crédito.

“Si el Estado tiene que pagar más para financiarse, las empresas del país también, y eso termina pegando en las acciones. En una suba del riesgo país se afecta prácticamente todo, la diferencia está en cuánto”, indica.

Dentro del universo de renta fija, los bonos de largo plazo suelen ser los más golpeados porque tienen más tiempo por delante hasta devolver el capital. “Si la tasa exigida sube un punto, un bono a un año pierde cerca de 1% y uno a diez años, alrededor de 6% o 7%”, detalla.

Entre las acciones, los bancos aparecen entre los sectores más expuestos. Según el especialista, sufren un doble impacto, porque tienen bonos del Tesoro en sus balances y, al mismo tiempo, viven del crédito. Detrás de ellos se ubican las compañías vinculadas al consumo interno, que pueden verse perjudicadas por el encarecimiento del financiamiento y el enfriamiento de la economía.

Qué inversiones pueden resistir y dónde aparecen oportunidades

En medio de la incertidumbre, Bernués sostiene que existen alternativas que tienden a mostrar una menor sensibilidad frente a los aumentos del riesgo país.

“Para quien prioriza no sufrir, lo que mejor resiste son los bonos en dólares que vencen pronto: como devuelven el capital en poco tiempo, su precio depende menos del humor del mercado”, afirma.

Entre las alternativas menciona al AO27, que paga intereses mensualmente y devuelve el capital en octubre de 2027, y al BOPREAL Serie 1, que ofrece una tasa anual del 5% con pagos semestrales y devuelve el capital en dos cuotas durante 2027.

“Lo que ofrecen es mayor previsibilidad relativa, no potencial de suba”, aclara.

En el otro extremo aparecen los bonos de vencimiento largo. Aunque son los que más sufren cuando aumenta el riesgo país, también son los que pueden ofrecer mayores ganancias si el indicador vuelve a bajar y mejora la percepción sobre la deuda argentina.

La contracara es que, si la incertidumbre continúa y el mercado exige rendimientos todavía más altos, estos títulos podrían registrar nuevas pérdidas. Por eso, Bernués recomienda entrar de a partes.

Otra opción para reducir la exposición al riesgo local son los Cedear, instrumentos que permiten invertir en compañías del exterior desde el mercado argentino. “Siguen al dólar contado con liquidación y a las bolsas de afuera, con el riesgo propio de esos mercados”, señala.

De todos modos, Bernués aclara que ninguna alternativa sirve para todos los casos y remarca que cualquier decisión debe contemplar el perfil de riesgo y los plazos de cada inversor.

Qué estrategia seguir para revisar la cartera

Más allá de qué activo pueda ofrecer mejores perspectivas, el primer paso es revisar para qué se está ahorrando y cuándo se necesitará ese dinero. A partir de ese criterio, propone dividir la cartera según los plazos de cada objetivo financiero.

Los fondos destinados a gastos de corto plazo pueden mantenerse en instrumentos líquidos en pesos, como cauciones, fondos money market o letras de corto vencimiento. En cambio, para metas en dólares previstas para los próximos uno a tres años, considera más apropiado utilizar bonos de buena calidad.

“Si se mantienen hasta el final, la caída de precio por la suba del riesgo país es una pérdida en el papel y no una pérdida real, siempre que el emisor pague”, aclara.

Para los objetivos de largo plazo, Bernués considera razonable aumentar la diversificación internacional porque quienes viven y trabajan en el país ya tienen una exposición importante al riesgo local.

En ese sentido, sostiene que el foco debería estar en la planificación y no en los movimientos bruscos provocados por la volatilidad del mercado. “Lo que no haría es reaccionar a la suba del riesgo país vendiendo todo de golpe: muchas veces eso es concretar la pérdida justo en el peor momento”, concluye.