Cuba prometió reformas “urgentes” en la forma en que maneja su economía en medio de una creciente crisis social y de una presión cada vez mayor por parte de EE.UU., que incluye la amenaza de una posible intervención militar.
El nuevo paquete de medidas para impulsar al sector privado y fomentar la inversión extranjera podría representar —de implementarse— el mayor cambio en el modelo económico del país desde los primeros años de la revolución en la década de 1960.
Las reformas, aprobadas por unanimidad por el parlamento cubano, que actúa como mero sello validador, incluyen abrir la puerta al desarrollo inmobiliario privado, permitir que operen bancos privados y habilitar la venta de participaciones en empresas estatales a inversores privados, incluidos los extranjeros.
“Al cubano que vive en el exterior y que quiere invertir, donar, importar tecnología, abrir un mercado o construir un proyecto en su tierra, le ofreceremos un marco claro, estable y respetuoso”, afirmó el presidente Miguel Díaz-Canel en un discurso televisado el jueves.
Cuba viene enfrentando una intensa presión económica y política por parte de la administración Trump, que ha estado empujando a la isla a abrir su economía y a liberar a presos políticos. Desde comienzos de año, EE.UU. prácticamente bloqueó las importaciones de energía hacia Cuba e implementó duras sanciones nuevas en áreas críticas de la economía.
Pero Díaz-Canel rompió con décadas de retórica de la dirigencia cubana al admitir que los problemas económicos del país no se debían enteramente a las sanciones de EE.UU.
En declaraciones ante el comité central del Partido Comunista, Díaz-Canel atribuyó parte de la responsabilidad a “obstáculos que no vienen de afuera, ni del bloqueo”, aunque también habló de un “castigo bárbaro” por parte de Washington.
Citando las reformas económicas llevadas adelante por los partidos comunistas de China y Vietnam, advirtió sobre “decisiones que hemos postergado” y responsabilizó a la “lentitud, la burocracia y las normas que traban a quienes quieren producir”.
“La situación exige cambios urgentes y necesarios”, dijo.

Durante el último mes, EE.UU. también lanzó amenazas veladas de una posible acción militar contra Cuba si no introducía reformas profundas. Durante una visita la semana pasada a la base militar estadounidense de Guantánamo, el secretario de Defensa Pete Hegseth advirtió a Cuba que no buscara misiles ni otras armas que pudieran alcanzar a EE.UU.
“Estarían invitando al tipo de confrontación que no solo no quieren, sino que no podrían soportar”, dijo Hegseth.
La presión de EE.UU. profundizó una crisis económica que se instaló cuando la pandemia de Covid devastó la industria turística de la isla. En muchas partes del país, los residentes reciben solo unas pocas horas de electricidad al día en sus hogares y los hospitales y las escuelas se vieron gravemente afectados. Diplomáticos en el país advirtieron sobre un posible quiebre social profundo.
Los expertos en Cuba advierten que el régimen comunista prometió en el pasado abrir su economía, pero nunca cumplió. Durante la administración Obama, cuando Raúl Castro era el presidente de Cuba, Washington y La Habana negociaron un acercamiento que incluyó una importante apertura a la inversión extranjera.
Sin embargo, funcionarios de EE.UU. que participaron de aquella iniciativa afirman que Fidel Castro, quien entonces todavía vivía, trabajó tras bambalinas para bloquear la apertura económica. Los funcionarios estadounidenses señalaron que muchos líderes cubanos temían que las reformas económicas los llevaran a perder el control político.
Díaz-Canel sucedió a Raúl Castro como presidente en 2019 y, en ese momento, era visto como un posible reformista, menos ideológico que la mayoría de sus pares. Sin embargo, los analistas dicen que careció de la influencia política necesaria para impulsar algo más que cambios cosméticos.
Díaz-Canel reconoció que algunas de las reformas propuestas “no tendrán consenso absoluto, pero no pueden postergarse”.
















