PANORAMA POLÍTICO

Hastío de la sociedad y una charla aislada entre Cristina Kirchner y Gerardo Morales

A los dos lados de la grieta advierten señales de hastío en la sociedad. Pero el diálogo entre oficialismo y oposición no se concreta. Eduardo Duhalde, el opositor más importante en la misa de Luján. La mediación de Valdés entre Cristina Kirchner y Héctor Magnetto.

Gerardo Morales tomó su teléfono y se mensajeó con Cristina Kirchner. Unas horas después del intento de magnicidio le ofreció su solidaridad y apoyo. También se la ofreció en nombre del partido que preside: la UCR. Si algún otro opositor habló con ella, goza del secreto vicepresidencial.

Cuando Sergio Massa fue designado ministro de Economía perdió algunos amigos, al mismo tiempo que ganó la fe del kirchnerismo que ahora hasta le banca el dólar a favor de los sojeros. Pocos lo felicitaron desde la oposición. Uno de esos pocos lo llamó la mañana siguiente temeroso de que revelara su conversación.

Al jujeño Morales no le importan las críticas internas, las aprovecha para diferenciarse. Su antídoto es Milagro Sala, cuyo encarcelamiento le reprochaba hasta hace pocos días el kirchnerismo, antes de convocar al diálogo político.

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El titular de la UCR habla con Massa, con el presidente Alberto Fernández, con Eduardo ‘Wado' de Pedro y con varios otros ministros. Coincidió con la Vicepresidenta en el Senado entre el año 2001 y el 2007. Se sentaban uno junto al otro. A veces discutían. A veces bromeaban. Comparten la misma raza política, aunque en veredas diferentes.

Sin embargo no fue ese llamado el único gesto con el que Morales tomó distancia de Mauricio Macri y Patricia Bullrich. Compite con ambos en su carrera presidencial y en la defensa del liderazgo radical contra el PRO. Con Macri no habla a solas desde la discusión que tuvieron cuando el ex presidente apuntó a Hipólito Yrigoyen como el primer populista.

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Cumbre y contactos

Gobernadores del Norte Grande, oficialistas y opositores, con De Pedro, Manzur y Vizzotti

Cuatro días después del atentado contra la Vicepresidenta, el jefe de la UCR reunió al radicalismo "oficial". Del asado que tuvo lugar a pocas cuadras del Congreso quedaron excluidos los legisladores de Evolución que tienen un acuerdo con otro presidenciable, Horacio Rodríguez Larreta. No estuvieron los que mantienen bloque aparte, ni Rodrigo De Loredo, ni Emiliano Yacobitti, ni Martín Lousteau. Tampoco el senador Alfredo Cornejo a quien sindican como "halcón" mendocino.

Yacobitti y Lousteau fueron de los pocos que mandaron mensaje al entorno de la Vicepresidenta a través de Máximo Kirchner. Para no estar en el asado, Lousteau, que es vice del partido, tenía excusa: regresaba de un viaje al exterior.

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En la cena Morales no anduvo con medias tintas. Planteó que si hoy la oposición no busca mínimos acuerdos con el peronismo será casi imposible gestionar en el 2023 (en el caso de que Juntos por el Cambio vuelva a ganar). "Si los jodemos ahora, nos joden ellos después", advirtió en referencia a que ninguna de las fuerzas políticas tiene mayoría en Diputados y los números están ajustados en el Senado de la Nación. La escena se repetirá dentro de un año y medio, gane quien gane la elección.

También apuntó que el modelo de confrontación está agotado y que "por el bien del país y de la gente" hay que dar certidumbre y acordar proyectos. Propuso "no paralizar las instituciones" y conversar para "resolver problemas que no pueden seguir esperando". Eso no significa, aclaró, aliarse con el kirchnerismo ni prestarse "al show".

El presidente radical transita una delgada línea. Para recuperar el rol de la UCR pidió que la Fundación Alem presente una serie de propuestas concretas, una agenda productiva y de desarrollo, "un masterplan para la energía, la minería, la educación y una reforma laboral".

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Morales esquivó el convite de Wado de Pedro sin pelearse. El ministro del Interior  lo llamó en busca de un puente de diálogo. Volvieron a verse en Chaco en el marco de la reunión de la Liga de Gobernadores del Norte Grande y hasta firmaron una carta de repudio al atentado. 

El jujeño puso condiciones a De Pedro para su invitación al diálogo: que invite a todos, incluidos a los líderes del PRO y la Coalición Cívica. Y que haya una agenda con temas concretos y no sólo una misa en Luján "por la paz y la fraternidad".

MISA Y OPOSICIÓN

Alberto Fernández, Eduardo Duhalde, Wado de Pedro y el intendente Leonardo Botto

En nombre de la paz y la unidad el oficialismo subrayó la ausencia de opositores en la Basílica el sábado al mediodía. Excepto Juan Grabois que a contramano del resto de los dirigentes respondió que "no es un día para reprocharle nada a nadie, cada uno con su conciencia". También blanqueó que en su caso iba a agradecer "el milagro" del jueves pasado cuando la bala no salió de la pistola Bersa disparada contra la Vicepresidenta.

El diputado Eduardo Valdés estuvo igual de componedor que el líder de Patria Grande. Grabois estaba manso gracias al anuncio de un bono de Anses (la promesa, en rigor) para quienes se encuentran bajo la línea de indigencia.

Amigo de la Vicepresidenta y de Alberto Fernández, Valdés voló en helicóptero junto al Presidente y al ex yerno de Cristina Kirchner. Tenía previsto ir hasta Luján junto a Camilo Vaca Narvaja. Cuando Alberto Fernández le ofreció llevarlo, el diputado le contó que tenía previsto ir con el padre de Helena, la nieta que es debilidad de Cristina. "Vengan los dos" le propuso el Presidente que además logró que en primera fila lo acompañara el ex presidente Eduardo Duhalde, el más importante opositor que aceptó la invitación a la misa. De la familia de CFK sólo estuvo su hermana Giselle que la acompaña con bajo perfil.

Eduardo Valdés, Camilo Vaca Narvaja y Giselle Fernández en la Basílica de Luján

El dato sobre Valdés no es un dato color. Hace varios días que el diputado hace gestiones para acercar a Cristina Kirchner y Héctor Magnetto, el empresario de comunicación con quien más confronta el kirchnerismo. Además el diputado trató de comunicarse con Mauricio Macri. No tuvo éxito y le escribió un mensaje por whatsapp y otro por redes sociales repudiando la amenaza que sufrió y que denunció su custodia ante la Justicia. Cuatro horas después lo imitó el Presidente y, cinco horas más tarde, Wado de Pedro.

"No se estila contar las amenazas, es la recomendación de los expertos en seguridad. Además no es lo mismo un disparo en la cabeza que un tuit", admitió un dirigente a este diario. Quien así habló no es peronista, es radical y recordó cómo durante el gobierno de Raúl Alfonsín el Juicio a las Juntas se realizó bajo permanentes amenazas de bombas que no se contaron hasta el final.

Duhalde no fue el único que cruzó la grieta. En Luján hubo tres intendentes radicales: Martín Randazzo, Franco Flexas y Sergio Bordoni de General La Madrid, Los Toldos y Torquinst respectivamente. Los dialoguistas son contados con las manos. Facundo Manes es otro que se animó cuando se negó a firmar un pedido de juicio político contra el Presidente.

De a poco, de uno y otro lado van advirtiendo señales de hastío en la sociedad. Tal vez por eso el oficialismo cambió de estrategia y pasó de acusar a la oposición por los discursos de odio a pedir el diálogo político.

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¿CONVIVENCIA?

El intento de magnicidio contra Cristina Kirchner cambió la escena política

En el recinto del Senado un aliado como Alberto Weretilneck (Juntos Somos Río Negro) le puso números al hartazgo. Según una encuesta de Zuban Cordoba, el 71% de los argentinos está de acuerdo con que oficialismo y oposición firmen un acuerdo de convivencia. Y el 82 % considera necesario "que bajen los niveles de violencia". Los asustó: "Está corriendo un minutero. Si no es detenido podemos estar en el inicio de una etapa muy triste", planteó Weretilneck

El 71% de los argentinos está de acuerdo con un acuerdo de convivencia. El 82 % considera necesario "que bajen los niveles de violencia"

Parece difícil que lo hayan escuchado. Y nadie se atreve a arriesgar si esas encuestas se replicarían en las urnas o si en el 2023 se profundizará la polarización.

Lo que sí quedó comprobado en Luján es que el ataque a CFK unió aún más al peronismo. Mientras tanto, Cristina y su hijo, siguen callados y planeando la reaparición.

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