La preocupación que se percibe en esferas del oficialismo por el lento repunte de la actividad encontró, por el momento, respuestas limitadas. El impulso a las obras en rutas concesionadas por peaje, la aparición de cuotas para consumo en la banca oficial y el paulatino descenso de las tasas de interés, herramientas que el equipo económico empezó a poner en juego, chocan contra una realidad: el escaso poder de compra que tienen (y tendrán por un tiempo) numerosas familias argentinas.
El dato del aumento en la mora bancaria rebota en los medios desde hace semanas. Pero un informe de Fidelitas reveló por qué está tan extendida la preocupación en el sistema financiero: en el 13,2% promedio anotado en febrero (último dato formal) un 19,2% son personas físicas y 4,2% son empresas.

La razón de esta brecha es que las compañías han tenido chance de obtener mejores condiciones para refinanciar sus pasivos. Las personas no. De hecho, el reporte expone que 54% de la cartera irregular está en categoría 4 y 5, lo que en la jerga financiera significa que son prácticamente irrecuperables.
Si se mira la situación por distribución geográfica, el porcentaje más alto de mora está en La Rioja, Catamarca y San Luis, con números que van del 24% al 27%, seguidos por Santa Cruz y San Juan. Se trata de distritos donde prima el empleo público y escasea la tracción de fondos para sanear esta situación.
De los 10 millones de familias afectadas, 28% están en categoría 2, lo que implica atrasos de hasta 90 días que pueden ser recuperados con gestión activa. Para el resto, cualquier posible solución implica esfuerzos y decisiones de otra naturaleza.
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