Rudyard Kipling escribió un poema en 1910 que nació como una serie de consejos de un padre a un hijo. Dice: “si podés encontrarte con el Triunfo y el Desastre y tratar a esos dos impostores de la misma manera...”.

Se basa en una tradición estoica: ni la victoria ni la derrota son estados permanentes ni reflejos fieles del carácter de una persona; ambas son pasajeras. Quien las trata como si fueran definitivas termina a merced de ellas.

La frase trascendió la literatura y se instaló en el deporte, la política y el mundo empresario. Está inscripta arriba de la entrada de los jugadores a la cancha central de Wimbledon.

Su vigencia hoy tiene que ver con el Mundial 2026: en un mundo de reacciones inmediatas y fake news, un ídolo puede pasar de héroe a villano injustamente.

La victoria puede hacernos creer que somos dioses terrenales o enviados celestiales. Una derrota nos puede hacernos sentir inservibles, fracasados, y hasta deprimirnos. Ni uno ni lo otro. Son dos impostores.

Pero en las redes sociales además florecen impostores con las fake news o el funcionamientos de los algoritmos
Pero en las redes sociales además florecen impostores con las fake news o el funcionamientos de los algoritmosFuente: EPASARAH YENESEL

Pero en las redes sociales además florecen impostores con las fake news o el funcionamientos de los algoritmos.

Agustín Mario Gimenez, experto en marketing digital, posteó en X ayer que “Argentina generó 23,7 millones de posteos en la última semana, un 49% más que España. Gran parte de ese volumen fue hostilidad organizada”.

Y agregó: “Lo que muestra el caso es cómo opera la propaganda en la era del odio digital: los algoritmos premian la indignación, una narrativa nacida en cuentas chicas se organiza alrededor de un hashtag y los medios tradicionales terminan amplificando lo que el feed ya validó. El villano no se elige, se fabrica”.

Cuídense: sobran impostores.