En un sistema tributario caracterizado por una normativa dinámica, regímenes de información múltiples, vencimientos frecuentes y una alta carga administrativa, la IA puede convertirse en una herramienta de apoyo relevante para mejorar la eficiencia, ordenar información y sobre todo fortalecer los controles previos a la presentación de declaraciones juradas.

Una primera ventaja es la capacidad de procesar grandes volúmenes de datos en menor tiempo. La IA puede asistir en la clasificación de comprobantes, la identificación de conceptos gravados, exentos o no computables, el cruce de información entre libros IVA, sistemas contables y reportes de facturación o del Fisco, o la detección de inconsistencias entre bases imponibles, percepciones, retenciones y saldos declarados. También puede ayudar a preparar papeles de trabajo, resumir novedades normativas, identificar cambios relevantes en alícuotas o regímenes provinciales y generar alertas sobre operaciones que requieren una revisión particular.

En la práctica, un contribuyente podría utilizar IA para revisar compras con potencial impacto en el crédito fiscal de IVA, detectar facturas vinculadas con gastos que podrían no resultar computables, ordenar comprobantes por jurisdicción para el análisis de Ingresos Brutos o comparar información contable con la que surge de los portales fiscales. En materia de Impuesto a las Ganancias, podría colaborar en la lectura inicial de mayores contables, la identificación de ajustes impositivos recurrentes, la preparación de conciliaciones entre resultado contable e impositivo o la revisión de deducciones sujetas a límites legales.

Otro campo de aplicación especialmente valioso es el análisis de texto. Muchas decisiones fiscales dependen de contratos, acuerdos comerciales, facturas, anexos técnicos o comunicaciones entre partes. La IA puede leer esos documentos y extraer cláusulas relevantes: tipo de prestación, moneda, fecha de pago, contraprestación, jurisdicción de las partes, existencia de derechos de uso, asistencia técnica, licencias, regalías, servicios digitales u otros conceptos que podrían tener tratamientos fiscales diferentes. Esta capacidad no reemplaza el análisis profesional, pero permite acelerar una primera revisión y focalizar el trabajo humano en los puntos de mayor riesgo.

Un ejemplo concreto es el análisis de un contrato de regalías con un beneficiario del exterior. A partir del documento, la IA podría identificar que una sociedad argentina debe pagar regalías por el uso de una marca o tecnología, extraer el importe pactado, determinar si el pago es bruto o neto de impuestos, advertir si existe una cláusula de grossing up y señalar la necesidad de verificar si resulta aplicable un convenio para evitar la doble imposición. Luego, con los parámetros indicados por el profesional, podría calcular la retención correspondiente. Una herramienta de IA bien configurada no solo puede efectuar el cálculo, sino también explicar la fórmula utilizada, permitiendo revisar la lógica aplicada y documentar el razonamiento.

Este último punto es central, la IA aporta valor cuando sus resultados son trazables. No alcanza con obtener un número; es necesario conocer qué datos tomó, qué norma o supuesto aplicó, qué tasa consideró, si contempló la existencia de un tratado, si evaluó documentación de respaldo y si distinguió correctamente entre regalías, servicios, intereses u otros conceptos. En el ámbito fiscal argentino, donde pequeños cambios de calificación pueden modificar sustancialmente la carga tributaria, la explicación del cálculo es tan importante como el resultado.

Sin embargo, utilizar IA sin revisión puede generar problemas significativos. Los modelos pueden interpretar incorrectamente una cláusula, aplicar una tasa desactualizada, omitir un requisito formal, confundir normativa nacional con provincial o asumir la existencia de documentación que no fue aportada. También pueden producir respuestas convincentes pero incorrectas, especialmente si no se les proporciona información completa o si se les pide resolver cuestiones que requieren juicio profesional. En materia tributaria, esos errores pueden derivar en retenciones insuficientes, pagos en exceso, contingencias fiscales, intereses, multas, problemas con el Fisco o conflictos contractuales con contrapartes del exterior.

Por ello, la mejor forma de incorporar IA a la liquidación de impuestos no es como un sustituto del contribuyente o de las personas del área fiscal o del asesor, sino como un asistente avanzado. Su mayor potencial está en automatizar tareas repetitivas, ordenar información, acelerar análisis preliminares, mejorar controles y documentar cálculos. Pero la validación final debe permanecer en manos de profesionales que comprendan la normativa aplicable, el contexto del negocio y los riesgos involucrados. En definitiva, la IA puede hacer que la función tributaria sea más eficiente y analítica, siempre que se la utilice con criterio adecuado, supervisión y responsabilidad profesional. De lo contrario la aplicación de la IA puede llevar a errores importantes y problemas inesperados.