La Casa Rosada ha definido su prioridad en el Congreso: la derogación de la ley que estableció las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Es un sistema complejo que no tiene ningún país. Es que las primarias de los partidos nunca son obligatorias para quienes no están afiliados.
El sistema vigente en nuestro país fue una decisión de Néstor Kirchner después de la derrota del kirchnerismo en la elección legislativa de 2009, en la cual los intendentes peronistas del Conurbano cortaron la boleta de diputados nacionales del kirchnerismo.
El riesgo para el oficialismo nacional es obtener en las PASO un resultado menor al que obtendría en la elección definitiva. No es lo mismo una interna en la cual el espacio oficialista se divida en una competencia interna entre Patricia Bullrich y Javier Milei -la que ya se está insinuando- con el PRO presentando por su parte la candidatura de Mauricio Macri, a lo que sucedería en la elección general, donde estos tres sectores irían en una misma lista.
Algo similar podría ocurrir con el radicalismo, siempre y cuando pueda evitar terminar con una cantidad demasiado exigua de votos. En este escenario hipotético de PASO, Milei podría tener 25% o 30% y las otras expresiones de su espacio entre 10% y 15%. Las primarias obligatorias generan un escenario de baja polarización.

Lo mismo sucede con el peronismo, que en las PASO puede ir dividido. La propia Cristina Kirchner ha dicho que si el peronismo se divide en tres, se podría dividir en cuatro. De ser así, el candidato que se imponga en esta interna podría obtener entre el 20% y el 25% de los votos.
Hoy la izquierda se acerca al 10% de los votos de acuerdo a la mayoría de los sondeos. Difícilmente acepte participar de las PASO en un frente con el peronismo, pero sí dejaría clara la existencia de un voto opositor que puede resultar más o menos semejante al del mileísmo.
El problema es que políticamente, quienes toman decisiones económicas en la Argentina verían en las PASO una baja polarización, pero una división del oficialismo y la oposición en dos bloques políticos con cifras semejantes, aunque con baja probabilidad que en las PASO se unifique el voto creciente de la izquierda con el peronismo, lo que sí sucedería seguramente en una segunda vuelta.
A partir de las PASO, que son en agosto, se generan conjeturas y escenarios. Los votos de cada candidato que compite en ellas suele ser más bajo que en las elecciones de octubre, cuando se unifica el voto dividido en las primarias.
Argentina tiene así un complejo sistema electoral que se hace más difícil con la complejidad de la segunda vuelta, establecida en la Constitución Nacional. Si el ganador saca 45% se impone en primera vuelta cualquiera sea la diferencia que tenga sobre el segundo. Lo mismo sucede si llega al 40% y tiene diez puntos o más de ventaja sobre quien lo sigue. Pero de no darse ninguno de estos dos escenarios, hay segunda vuelta.
Este sistema es conocido por quienes están en la política o la siguen, pero es desconocido por la mayoría de los votantes. Una segunda vuelta impone una polarización. En ella sí podría trasladarse el voto de la izquierda por el candidato opositor del peronismo. Lo mismo sucedería con la mayoría de los votantes del PRO o La Libertad Avanza, que coincidirían.
Pero el problema que puede surgir son las dudas alrededor de los dos meses que tendrán lugar entre las PASO y la elección presidencial.

Desde la perspectiva del oficialismo, el segundo problema es que las primarias obligatorias generarían un candidato opositor dominante en este sector que no existe hoy. Todos los disconformes con el proyecto de Milei encontrarían una única vía de expresión política. Es lo que ha pasado en las recientes elecciones sudamericanas de Perú y Colombia: el país queda dividido en dos mitades que dificulta la gobernabilidad.
Además, está el tema de si los gobernadores pueden acordar con el oficialismo un voto provincial distinto al presidencial. Esto no es tan difícil con la candidatura presidencial, pero exige negociaciones complejas para las listas de diputados nacionales. Es que tanto el presidente como los gobernadores buscarían asegurarse candidaturas para ambas cámaras que les respondan.
La eliminación de las PASO parece ser el objetivo prioritario de la “mesa política” que acaba de reorganizar la Secretaria General de la Presidencia, Karina Milei. El nuevo vocero presidencial no la integra, como sí lo hacía Manuel Adorni. Pero se ha sumado Diego Santilli, un hombre con antecedentes en la negociación y diálogo con los gobernadores. Ellos son la clave política para eliminar o no las PASO, dado su influencia sobre los senadores y en menor medida en Diputados.
A su vez, la influencia del asesor presidencial Santiago Caputo en esta “mesa” parece haber disminuido: el poder político va concentrándose sobre todo en la hermana del presidente y los primos Menem.
Puede ser que la Casa Rosada esté sobredimensionando la importancia de eliminar las PASO, pero en su visión ha puesto este objetivo como prioritario en su estrategia electoral.
Sin embargo, la derrota del oficialismo el jueves 16 de julio en el tratamiento del proyecto de ley de tierras en la Cámara Alta es un indicio de que la relación de la Casa Rosada con los gobernadores no es fácil.


















