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Con el desenlace del Mundial 2026, uno de los más infartantes para la Argentina, comenzará el segundo tiempo de la política nacional con Javier Milei a la cabeza. Sin alargue ni penales: desde este lunes, oficialistas, opositores y aspirantes todavía no declarados entrarán en un mata-mata anticipado hacia 2027, en el que cada movimiento será leído en clave presidencial.

La competencia nunca se detuvo por completo, pero durante el último mes quedó parcialmente escondida detrás de la Selección. Esa neblina mundialista permitió postergar definiciones, disimular internas y reducir el costo de algunos tropiezos legislativos. Cuando la pelota deje de rodar, volverán a quedar expuestas las tensiones que recorren al Gobierno, al peronismo y a un espacio intermedio que todavía busca un candidato capaz de romper la polarización.

Javier Milei se prepara para recorrer nuevamente el país con la reelección como objetivo. Axel Kicillof intentará nacionalizar su figura mientras la relación con Cristina Kirchner se aproxima a un punto de ruptura. Y un grupo de dirigentes que no encuentra una figura competitiva entre los políticos tradicionales empieza a probar nombres inesperados: desde un pastor evangélico hasta un empresario vinculado al fútbol que empezará a mostrarse de a poco como una alternativa viable.

El lunes arranca una etapa preelectoral con posibilidad de consolidación de acuerdos políticos. Además, se va a seguir avanzando con la batería de reformas estructurales”, anticipa uno de los integrantes del círculo político de la Casa Rosada. La frase condensa la doble necesidad del oficialismo. Milei debe comenzar a construir su campaña sin transmitir que abandonó la gestión y necesita recuperar la iniciativa política después de un cierre legislativo que no le dejó siquiera el consuelo de la media sanción de la ley de Propiedad Privada.

En la Mesa Política aseguran que no resignaron ese proyecto. Esperan dar vuelta el partido desde agosto y sumar otras leyes pendientes. Pero el problema no se reduce al Congreso. La Libertad Avanza deberá encontrar un nuevo equilibrio interno cuando la competencia electoral comience a ordenar cargos, candidaturas, recursos y territorios, algunos de ellos gobernados por aliados.

Karina Milei emerge fortalecida como la principal autoridad política del oficialismo. En paralelo, Patricia Bullrich y Santiago Caputo comenzaron a dar señales de sintonía política. Y entre esos polos intenta crecer Diego Santilli, que multiplica contactos con gobernadores y senadores, aunque no todos producen los resultados esperados.

El triángulo de poder de Milei y la misión regional de Caputo

Santilli dedicó las últimas semanas a reclamar apoyo para el capítulo que habilita la venta de tierras a extranjeros, dentro del nuevo régimen de Propiedad Privada. El jueves, cuando comenzó a circular el rumor de una nueva dilación pese a que el Senado había conseguido quórum, fue Santiago Caputo quien intervino.

El asesor presidencial le envió un mensaje directo a Bullrich para preguntarle si necesitaba ayuda con los votos. La jefa del bloque libertario consideraba que la cuenta estaba ajustada, pero casi segura. Descartó la asistencia desde Casa Rosada. Pero los números volvieron a fallar y debió negociar un cuarto intermedio hasta el 6 de agosto en un movimiento al fleje del Reglamento. Fue el cuarto intento frustrado.

La secuencia expuso los límites de la arquitectura política del Gobierno. Santilli puede abrir conversaciones con los gobernadores, Bullrich puede ejercer la jefatura formal sobre el bloque y Caputo puede intervenir desde afuera de la estructura institucional. Ninguno, sin embargo, garantiza por sí solo el resultado.

Durante el Mundial, Las Fuerzas del Cielo utilizaron la numerología y las cartas astrales para vincular el recorrido de la Selección con la epopeya homérica que pregonan algunos de sus miembros. Pero mientras el relato en Twitter se divierte con esos paralelismos, Caputo trabaja en un proyecto más terrenal: instalar a Milei como conductor regional de una nueva derecha latinoamericana.

El Cronista

“Hay una oportunidad en la región para alinear intereses, ideas y acuerdos de largo plazo para consolidar las ideas de la libertad en América Latina”, explican cerca del asesor. El modelo que estudian recuerda al antiguo Grupo de Lima, aunque con otra identidad ideológica y una conducción menos transversal. La primera etapa consiste en alinear líderes, gobiernos y referentes. La formalización institucional podría llegar después. Lo tienen conversado con Washington.

En esa estrategia se inscriben las conversaciones con dirigentes cercanos a los gobiernos de Chile y Perú, con el aval de los Estados Unidos. También la decisión de Milei de viajar el próximo sábado a Brasil para respaldar la candidatura presidencial de Flavio Bolsonaro.

El calendario internacional continuará con la asunción de Keiko Fujimori, prevista para el 28, y la de Abelardo de la Espriella en Colombia, el 7 del mes siguiente. La secuencia permitirá que Milei se muestre no solamente como Presidente de la Argentina, sino como referente de una familia política que busca extenderse por la región.

Hay mucho interés en sumarse. Sobre todo porque existe un consenso de que Milei habla más fuerte, en el sentido de su popularidad mundial y por la naturaleza del personaje”, describen desde la Casa Rosada.

La apuesta regional tiene también una utilidad doméstica. Un Presidente proyectado como líder internacional llega fortalecido a una campaña nacional. Caputo intenta convertir la singularidad de Milei —su estilo, su exposición mundial y su capacidad para relacionarse directamente con otros liderazgos de derecha— en uno de los principales activos de su reelección. Y otro motivo para que la Casa Blanca no retire sus fichas de la Rosada.

Pero la campaña no puede construirse únicamente en el exterior. En agosto, el Presidente retomará sus viajes por el interior. El primer destino será una provincia gobernada por el peronismo, aunque por un mandatario que hace tiempo tomó distancia de Fuerza Patria y de cualquier construcción que se le parezca: Catamarca.

La modalidad, trabajada por Lule Menem, se asemejará a los denominados Tours de la Gratitud que se anunciaron después de las legislativas del año pasado y que finalmente quedaron reducidos a pocas estaciones.

Lule Menem trabaja además en afinar la red de partidos provinciales de La Libertad Avanza. El objetivo es llegar a 2027 con sellos propios fortalecidos en los 24 distritos, evitar dependencias excesivas de los aliados y garantizar que cada lista local ayude a traccionar la candidatura de Milei en octubre.

Algunas estructuras todavía están en una zona de riesgo. Las conducciones de Formosa y Santiago del Estero recibieron el encargo de reforzar afiliaciones porque se encuentran cerca del límite exigido para conservar la personería. En Río Negro, en cambio, los libertarios obtuvieron una señal positiva hace solo una semana. La fuerza logró consolidar su estructura jurídica y territorial y quedó habilitada para competir con sello propio en las elecciones provinciales y municipales.

Kicillof se nacionaliza, Cristina prepara otra opción y la tercera vía busca un nombre

Milei no será el único que cambiará de velocidad después del Mundial. Axel Kicillof también intentará comenzar una etapa distinta. El gobernador bonaerense busca replicar en otras provincias la experiencia de su viaje a Corrientes, donde combinó una agenda institucional con encuentros más relajados en ámbitos académicos. La fórmula le permitió mostrarse fuera de Buenos Aires sin presentar formalmente una candidatura presidencial.

Kicillof necesita nacionalizar su figura y demostrar que el Movimiento Derecho al Futuro puede superar las fronteras de su territorio. El desafío no es solamente enfrentar a Milei. Antes deberá resolver —o asumir definitivamente— su ruptura con Cristina Kirchner.

Puertas adentro, la expresidenta continúa alentando un esquema de cuatro cuartos para 2027. En esa hipótesis, el peronismo podría competir dividido en la primera vuelta, con la expectativa de reorganizarse después. Pero cada señal que llega desde ambos sectores vuelve más lejana la posibilidad de una convergencia entre el kirchnerismo y el Movimiento Derecho al Futuro.

Un dirigente que tuvo la oportunidad de dialogar directamente con Cristina en el último mes regresó con un diagnóstico que encendió las alarmas entre los intendentes que acompañan a Kicillof: el divorcio estaría consumado. Según esa lectura, la expresidenta estaría decidida a bendecir una segunda candidatura dentro del universo peronista. Incluso la de una figura que ya compitió y perdió.

La amenaza inquieta especialmente a los jefes comunales bonaerenses. La preocupación no es solamente que un peronismo dividido pierda contra Milei en la elección nacional. Los dirigentes territoriales hacen cuentas más inmediatas. Sin un acuerdo, el peronismo podría poner en riesgo la Provincia de Buenos Aires y varias intendencias de peso estratégico.

Para los intendentes, la discusión entre Cristina y Kicillof empieza a convertirse en una amenaza concreta a su supervivencia política. La paradoja es que el peronismo cava así su propia fosa cuando fracturado y todo ambos polos se identifican como los principales polos opositores a Milei.

Twitter

Mora Jozami, analista vinculada al antiguo Cambiemos, presentó un dato que ayuda a comprender el cambio de escenario. Al comienzo de la gestión de Milei, casi el 60% de los consultados no podía identificar quién encarnaba a la oposición. En la actualidad, ese porcentaje habría descendido al 13%.

De acuerdo con un estudio de su consultora Casa Tres, Kicillof concentra hoy el 34% de las menciones como principal opositor y Cristina Kirchner otro 19%. Entre ambos reúnen más de la mitad de las identificaciones opositoras, aunque esa acumulación está atravesada por una pelea que podría impedir que los votos terminen dentro de la misma oferta electoral.

El Presidente, mientras tanto, se mantiene ligeramente por encima de los 40 puntos de imagen en el mismo relevamiento. En gran medida, el respaldo oficialista se sostiene sobre el temor al regreso del kirchnerismo. “El miedo a volver atrás es lo que aglutina a los que apoyan al gobierno y también a los votantes más blandos, que están más unidos por no volver atrás que por su apoyo total al gobierno”, indicó Jozami en diálogo con FM Now.

La polarización, por lo tanto, sigue ofreciendo incentivos a Milei y al peronismo. El oficialismo necesita que Kicillof y Cristina continúen siendo percibidos como la única alternativa. El peronismo necesita que el desgaste del Gobierno convierta esa identidad opositora en una mayoría electoral.

Y acá el dato que ilusiona a algunos, por fuera de la grieta. Un 34% que todavía no reconoce una alternativa clara a Milei entre los nombres que circulan. Sobre ese segmento intenta trabajar un grupo de dirigentes para levantar una nueva tercera posición en un sistema que abandonó hace tiempo la lógica de ampliación hacia el centro y comenzó a funcionar con una polarización de tribus.

La prioridad de las dos grandes coaliciones ya no es conquistar votantes nuevos, sino fidelizar los propios, aumentar el rechazo hacia el adversario y transformar cada elección en una amenaza existencial. “El límite por el cual no surge una alternativa que rompa la dicotomía en la Argentina tiene que ver más con las demandas electorales que con la oferta. Oferta ha habido. Hace 16 años que hay ofertas alternativas y muchas son buenas”, sostuvo el diputado Nicolás Massot durante su paso por El Cronista Stream.

Massot considera que el problema tiene una raíz sociológica. En su interpretación, una porción importante de la sociedad prefiere a dirigentes que simplifican los conflictos y atribuyen todos los problemas a un enemigo. De un lado, quienes prometen eliminar políticamente al adversario. Del otro, quienes piden ser votados una y otra vez para evitar el regreso del denominado “Riesgo Kuka”.

La tercera vía enfrenta así una dificultad conocida: puede encontrar candidatos, programas y estructuras, pero no necesariamente una demanda social suficiente para romper la polarización. En ese espacio no consideran competitivos, al menos por ahora, ni a Kicillof ni a Mauricio Macri. Pero piensan en revivir “un Juntos por el Cambio con impronta peronista”

La expectativa, tal como algunos dejaron trascender, está puesta en que el empresario Jorge Brito salga a la cancha y se muestre como una posibilidad. A medida que el expresidente de River recorra distintos puntos del país y mantenga encuentros con sectores productivos, empresarios y referentes locales una vez finalizado el Mundial, es factible que su figura empiece a instalarse con más fuerza.

La visita a Vaca Muerta funcionó como anticipo de ese método. Pero no se espera una definición presidencial inmediata.

Tampoco en el caso del pastor Dante Gebel, la otra gran figura que ronda entre las opciones que se paran por fuera del sistema. Quienes trabajan con él aclaran que todavía se espera una confirmación, que podría demorar entre dos y tres meses más. Su eventual candidatura intentaría trasladar a la política una comunidad, un discurso motivacional y un reconocimiento público construidos fuera de los partidos.

Toda esta estrategia tiene un riesgo evidente. Los outsiders pueden despertar curiosidad, pero el crecimiento los fuerza a sentar posturas y definir alianzas mientras se exponen al sistema del que pretenden diferenciarse. Milei conoce mejor que nadie esa trayectoria. Quienes busquen imitarlo deberán competir contra el original y hacerlo, además, en un escenario donde el libertario -ironías al margen- no quiere resignar ese lugar.

Por eso el final del Mundial no abre una campaña convencional. Inicia una disputa en varios niveles en donde la pelota empieza a rodar hacia 2027.