Cristina Fernández está inquieta. El encierro la agobia y hasta la predispone mal. “Está casi como nosotros cuando no podíamos salir de casa por el COVID”, comparó uno que la visitó recientemente. Razones, a su entender, no le faltan. Mientras a ella la detuvieron por actos administrativos firmados por otros, su archirrival político y personal, Mauricio Macri, pasea por el mundo y hasta cambia de pareja.

Esa incomodidad empieza a hacerle ver cosas que antes no veía o directamente desechaba. “Es como un hagan lo que quieran, si total, yo no corto ni pincho”, parecería decir detrás de una larga argumentación sobre problemas e imposibilidades producto de la falta de libertad personal.

Entre estos caminos que ahora incorpora para resolver la falta de conducción que tiene el espacio que ella preside y que la tenía como única decisora están las PASO, instrumento electoral que nunca utilizó porque ella imponía. Como lo hizo con Amado Boudou de vice suyo y Alberto Fernández como Presidente.

Ni Cristina ni Néstor Kirchner jamás se sometieron a una interna desde que llegaron al poder nacional. En 2003 fueron como una propuesta independiente a la que presentó Carlos Menem luego del fracaso de Fernando De la Rúa. Después, en 2005 tampoco quiso disputar contra Hilda Chiche Duhalde en una interna y de ahí en más siempre fue decidido en la casa Kirchner.

Más acá en el tiempo, ni siquiera quiso darle una interna por la conducción del PJ a Ricardo Quintela a pesar de que sabía de antemano que iba a ganar por amplísima mayoría.

En el mientras tanto, se va dando en los hechos un acuerdo político entre San José 1111, a través de Máximo Kirchner, y Sergio Massa, el siempre dispuesto candidato presidencial. Queda claro que en el medio, como un “jamoncito”, queda Axel Kicillof para ambos, que no lo consideran un político hecho y derecho, que pasa horas hablando y acordando. Lo del gobernador es bien diferente. Todo a la gestión.

Esta impresión la tienen, además, quienes participan del Movimiento Derecho al Futuro pero que no son los decisores, a pesar de encargarse de las relaciones con las otras corrientes del pan peronismo. La mesa chica de Kicillof tiene dos o tres personas, una de ellas Carlos Bianco. El resto vienen un paso detrás y reciben propuestas ya masticadas y aprobadas desde arriba.

Axel se baja el precio solo, sin que nadie lo haga más allá de los cánticos que le hagan desde San José 1111. Porque ahí se vio lo que son. 500 personas, nada más. El tema es que él no activa, no echa a los que todos los días conspiran contra su candidatura y si en este espacio no conducís, no te consideran”, le dijo este jueves un intendente de la zona sur que no ve demasiadas alternativas presidenciales aparte de las del gobernador bonaerense.

Prensa La Cámpora

A muchos de los que estuvieron en las últimas semanas con Máximo Kirchner les sorprendió la belicosidad de su discurso en el cuarto aniversario del atentado contra su madre.

Que haya pedido que se vuelva a cantar la respuesta que le dan a Kicillof a su pedido de empezar a crear nuevas canciones fue un dato que a nadie le pasó desapercibido. Y que una funcionaria provincial como Florencia Saintout lo hiciera no cayó nada bien entre quienes quieren que Kicillof sea más peronista y castigue a quienes se atreven a “cobrar y después criticar o patear en contra”.

El jueves pasado, cuando se juntó en Merlo con los intendentes de La Liga, aceptó varias premisas de este grupo de jefes comunales sobre buscar la unidad, dirimir las candidaturas a través de las PASO y no se mostró agraviante contra quien cree que le “usurpó a nuestro espacio la gobernación”.

Efectivamente, el hijo de los dos presidentes considera que Kicillof fue puesto ahí en representación de Cristina Kirchner, que no le confiaba del todo, y lo bien que hacía, a Alberto Fernández. Que después el gobernador tuviera varios gestos de autonomía hasta llegar a esta actualidad en las que no los considera para nada es, además de una traición, una pérdida de algo que consideran propio.

Por eso varios advierten en los movimientos del diputado Kirchner un deseo de recuperar lo que él cree que es suyo. Algunos creen que pretende ser el sucesor de Kicillof, pero los intendentes, inclusive aquellos que lo reciben y lo consideran, no piensan lo mismo. “Las organizaciones no pueden poner al sucesor de Axel. Debe ser uno de nosotros, ya sea en actividad o que sepa qué es ser un administrador municipal”, advirtieron.

A diferencia de otros momentos, se advierte entre los jefes comunales un deseo de “ganarle a Milei” y hasta ponen primero la necesidad de establecer una estrategia nacional antes que provincial o municipal. Quieren que salgan las reelecciones, porque “sería tirar a la basura muchos años de experiencia. Hoy me siento mucho mejor intendente que hace cuatro años atrás”, le dijo a El Cronista este referente del noroeste del Gran Buenos Aires.

“Pero hoy no podemos hacer nada. La gente a la que echan del laburo no le importa ni la libertad de Cristina ni que tengamos un candidato. No le importa nada, con toda razón. Además, no tenemos ninguna certeza sobre si habrá PASO o no y faltan seis meses para que todos nos pongamos en modo electoral”. Y sobre las reelecciones, ni Massa ni Máximo Kirchner quieren que las tengan.

De a poco, si bien falta mucho tiempo, las cosas se acomodan para satisfacer los deseos de la mayoría. Si hay una interna o PASO, al gobernador no le incomoda, y le gusta, que Massa y Kirchner estén en otro lugar, frente suyo. Les quiere ganar a todos. Y los intendentes tendrán la posibilidad de competir para suceder al gobernador.

En ese subgrupo por la pelea bonaerense, corre con ventaja, aunque quieran otra cosa, Máximo Kirchner. Es el único que tiene “banda propia” y que no se divide. En cambio, el MDF convive con cuatro precandidatos más el que presentará La Liga y un no alineado como en los últimos tiempos parece ser el malvinense Leonardo Nardini.