

- El problema no es solo cuánto se debe
- Billeteras virtuales: más acceso, pero también más deuda
- La clase media, entre los sectores más afectados
- Qué puede hacer el Gobierno
- Por qué los bancos venden las carteras de morosos
- La Argentina todavía no tiene cultura de crédito
- La inflación no alcanza para solucionar el problema
El fuerte crecimiento del crédito desde 2024 dejó una contracara sobre las familias argentinas: 5,7 millones de personas acumulan actualmente atrasos superiores a 90 días en sus pagos, mientras que el nivel de endeudamiento promedio de los hogares se multiplicó en los últimos dos años.
El dato surge de un relevamiento de EcoGO y fue analizado por Sebastián Menescaldi, director de la consultora, quien advirtió que el problema no se explica solamente por la cantidad de personas que tomaron deuda, sino también por las condiciones en las que accedieron al crédito.
La advertencia se suma a una serie de estudios que en los últimos meses detectaron un deterioro sostenido de la capacidad de pago de los hogares. Relevamientos de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), el Centro de Estudios de la Ciudad (CEC), la Fundación Ebert y la propia EcoGO coincidieron en señalar que el endeudamiento dejó de concentrarse en consumos extraordinarios y pasó a financiar gastos corrientes, desde alimentos y medicamentos hasta servicios básicos.
Según Menescaldi, en abril de 2024 el endeudamiento promedio de las familias equivalía a poco menos de un salario promedio del sector privado registrado. En la actualidad, la deuda bancaria promedio representa alrededor de 2,5 salarios.

“En términos reales implica que volvimos a tener el mismo crédito, monto de deuda de crédito que había estado en 2018”, señaló.
El salto se produjo después de un período de fuerte desendeudamiento de los hogares, asociado a los años de restricciones cambiarias y escasez de crédito. A partir de abril de 2024 comenzó, en cambio, un ciclo de expansión del financiamiento que permitió a las familias volver a acceder a préstamos, pero también incrementó la carga que deben afrontar todos los meses.
El problema no es solo cuánto se debe
El cambio más relevante, según Menescaldi, aparece cuando se observa en cuánto tiempo deben devolver esa deuda.
Los plazos de los créditos se redujeron de manera significativa: de alrededor de 60 meses pasaron a unos 24 meses. Esto hizo que, aunque el volumen de deuda recuperara niveles similares a los de años anteriores, la carga mensual para las familias fuera mucho mayor.
La consecuencia se reflejó en el peso que tiene el servicio de la deuda sobre los ingresos. La carga financiera —capital más intereses— pasó del 17,5% a más del 30% en diciembre. Actualmente, según el director de EcoGO, ese indicador bajó y se ubica alrededor del 29%.
“En el medio, lo que sí pasó fue que los plazos de otorgamiento se acortaron bastante fuertemente”, explicó.
El fenómeno implica que una familia puede tener un nivel de deuda similar al de otros momentos de la economía, pero enfrentar una situación mucho más exigente para cancelarla si debe devolverla en un período sustancialmente menor.
Billeteras virtuales: más acceso, pero también más deuda
Las billeteras virtuales también tuvieron un papel en este proceso. Para Menescaldi, su expansión funcionó como un nuevo canal de acceso al financiamiento y contribuyó al aumento del endeudamiento.
El problema, según explicó, no es necesariamente que haya aparecido una cantidad mucho mayor de nuevos deudores, sino que personas que antes tenían deuda con los bancos ahora también acumulan obligaciones con billeteras virtuales.

“Fue un factor que impactó y que determinó un aumento del endeudamiento”, afirmó.
La expansión del crédito digital facilitó el acceso al dinero en un momento en que muchas familias necesitaban cubrir gastos cotidianos. Pero esa facilidad también amplió las alternativas para tomar nuevos préstamos, incluso cuando ya existían otras obligaciones pendientes.
La clase media, entre los sectores más afectados
Contra la idea de que el mayor endeudamiento se concentra exclusivamente en los sectores de menores ingresos, Menescaldi identificó a la clase media y media alta como uno de los grupos más afectados.
Según explicó, al medir el endeudamiento en relación con el salario —como aproximación al nivel de ingresos— aparece un mayor impacto sobre esos segmentos.
La razón está relacionada con el cambio de precios relativos y el aumento del costo de servicios que las familias de ingresos medios deben afrontar.
El resultado fue una reducción del ingreso disponible después de pagar esos gastos, lo que llevó a muchas familias a recurrir al crédito para sostener su nivel de consumo o afrontar obligaciones básicas.
Qué puede hacer el Gobierno
El crecimiento de la morosidad también plantea un problema que excede a los hogares y al sistema financiero. Para Menescaldi, el Gobierno debería intervenir, aunque no mediante un salvataje directo a los deudores o a los bancos.
“No entiendo que el Gobierno tenga que ni subsidiar ni a bancos ni a deudores”, sostuvo. Sin embargo, consideró que existen mecanismos para facilitar la refinanciación de las personas que perdieron acceso al crédito.
La propuesta apunta a coordinar al sistema financiero para que quienes entraron en mora puedan recuperar progresivamente su acceso al financiamiento.
Entre las alternativas mencionó mecanismos que permitan a los bancos ofrecer refinanciaciones, incluso mediante modificaciones en los requisitos de liquidez, garantías o algún tipo de seguro que facilite la recuperación de los créditos.
“El crédito es importante”, remarcó.
La postura de Menescaldi contrasta con la posición que expresó el Gobierno en los últimos meses frente al aumento de la morosidad. Tanto el presidente Javier Milei como funcionarios del área económica sostuvieron que la refinanciación de deudas constituye esencialmente “un problema entre privados” y descartaron la implementación de programas de asistencia para deudores.
Para el economista, el objetivo no debería ser simplemente evitar que una persona incumpla una deuda, sino conseguir que pueda recomponer su historial y vuelva a tener acceso al sistema financiero.
La discusión también comenzó a trasladarse al Congreso. Legisladores de distintos bloques opositores impulsaron en los últimos meses iniciativas orientadas a aliviar la situación de los hogares endeudados, con propuestas que van desde regímenes especiales de refinanciación hasta mecanismos para limitar costos financieros y fortalecer la protección de usuarios del crédito.
Por qué los bancos venden las carteras de morosos
El aumento de la morosidad también explica otro fenómeno que comenzó a ganar visibilidad: la venta de carteras de deudores por parte de los bancos.
Menescaldi explicó que las entidades financieras, después de determinado período, deben dar de baja los créditos que consideran incobrables y contabilizar la pérdida. Antes de llegar a ese punto, pueden vender esas carteras a empresas especializadas en recuperación de créditos.
“Lo que terminan haciendo es buscando venderle esa cartera a alguien para darle un valor a esa cartera que ese alguien después busca cobrar ese crédito”, explicó.
De esa manera, una deuda que para el banco dejó de ser recuperable puede conservar algún valor para una compañía especializada en gestión y recupero de créditos.
La Argentina todavía no tiene cultura de crédito
Para Menescaldi, detrás del fenómeno existe además un problema estructural: la Argentina nunca logró desarrollar un mercado de crédito profundo y estable.
La expansión de préstamos a través de bancos, billeteras, supermercados y comercios forma parte de una tendencia global de mayor inclusión financiera. Pero el país tiene una particularidad: décadas de inestabilidad hicieron que los argentinos no incorporaran el crédito como un activo financiero de largo plazo.
“En Argentina, lamentablemente, nunca tuvimos crédito, entonces no valoramos tanto el tener crédito”, afirmó.
En otros países, explicó, perder el acceso al financiamiento puede tener consecuencias importantes sobre la vida de una persona, porque afecta su posibilidad de comprar una vivienda, adquirir un automóvil u obtener nuevos préstamos. En Argentina, en cambio, la escasez histórica de crédito hizo que el acceso al financiamiento no tuviera el mismo peso en las decisiones de los hogares.

Para revertir esa situación, Menescaldi consideró necesario recuperar el ahorro, desarrollar el mercado de capitales local y reconstruir una moneda que permita extender los horizontes de financiamiento.
La inflación no alcanza para solucionar el problema
El punto más fuerte de su diagnóstico aparece al analizar una de las principales apuestas económicas del Gobierno: que una inflación más baja permita recomponer progresivamente la situación de los hogares.
Para Menescaldi, la baja de la inflación por sí sola no resolverá el problema del endeudamiento.
“Hoy cada vez que tenés que renovar un crédito, las tasas siguen siendo muy altas”, explicó.
El problema, según detalló, está relacionado con el descalce entre el plazo de los depósitos y el de los préstamos. Mientras el sistema financiero capta depósitos a plazos relativamente cortos, los créditos personales pueden extenderse durante 36 o 48 meses.
Ese descalce obliga a las entidades a cobrar tasas elevadas y se suma al riesgo que los bancos asignan al escenario económico futuro.
“Para nosotros es tener como Argentina un horizonte de largo plazo, cosa que me parece que todavía nos falta”, concluyó Menescaldi.











