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“Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo”. La frase es de Juan Carlos Pugliese, el ministro de Economía que Raúl Alfonsín puso al frente del Palacio de Hacienda en 1989, en medio de la hiperinflación que terminaría por adelantar la entrega del gobierno.

Más de tres décadas después, la fórmula sigue funcionando como una clave de lectura para entender la relación entre la economía y la política en la Argentina: existe una tradición de pensamiento —repetida en consultoras y mentideros políticos con la fuerza de una verdad revelada— que sostiene que ningún gobierno que deteriora el poder adquisitivo de la gente gana una elección.

La derrota de Cambiemos en 2019, con el salario real por debajo de los niveles de 2015, o la lectura que la propia vicepresidenta Cristina Kirchner hizo de la derrota legislativa del peronismo en 2021 (“no había plata en la calle”), alimentan esa tradición. El propio triunfo electoral macrista de 2017, coincidente con uno de los pocos períodos de recomposición salarial de la última década, es la contracara que confirma la regla.

La pregunta, entonces, no es si la economía importa —eso ya nadie lo discute—, sino cómo se está filtrando hoy, a un año de las presidenciales, en el humor de los argentinos.

Mauricio Macri y Cristina Kirchner, sufrieron y disfrutaron, cada uno a su turno, el rigor con el que el bolsillo se traslada al cuarto oscuro.
Mauricio Macri y Cristina Kirchner, sufrieron y disfrutaron, cada uno a su turno, el rigor con el que el bolsillo se traslada al cuarto oscuro.

Tres estudios de opinión pública difundidos en las últimas horas —el relevamiento nacional de agosto de Reale Dalla Torre (RDT), el estudio nacional del Equipo MIDE y el adelanto de Isasi/Burdman Consultores Políticos— permiten cruzar esa pregunta desde el consumo, el endeudamiento y las expectativas, más allá de la intención de voto y la imagen presidencial.

Preocupaciones que no bajan del bolsillo

El relevamiento de RDT es el que mejor grafica la persistencia del problema. Según lo que recogió, la expresión “no alcanza el dinero” lidera el ranking de preocupaciones con el 53,8% de las menciones, muy por delante del empleo (41,8%), el aumento de tarifas (38,4%) y hasta de la inseguridad (36,3%).

Es un dato de estructura, no de coyuntura: en los seis meses que lleva midiendo la consultora, “no alcanza el dinero” nunca bajó del 52 por ciento. Lo llamativo, si se lo mira con los ojos del pasado reciente es que, en ese mismo ranking, la inflación aparece último entre los ítems relevantes, con el 29,9%, y en baja desde el 35,3% de marzo.

La preocupación se corrió del precio a la tenencia de la plata: no importa tanto cuánto suben las cosas sino que no alcanza para comprarlas, sería la conclusión del estudio, una muestra relevada 100% en forma digital sobre 1.286 casos, con un margen de confianza del 95% y un error muestral de ±3,8%, realizada entre el 21 y el 24 de agosto en todo el país.

El Equipo MIDE, por su parte, llega a una fotografía compatible aunque con otra métrica: en su último estudio nacional, ante la pregunta por la principal preocupación a nivel país, los bajos salarios y la desocupación concentran el 24% de las respuestas, muy por encima de la corrupción (10%), la inseguridad (7%), el propio gobierno (7%), la pobreza (7%) y la inflación, que también aquí queda relegada al fondo de la tabla, con apenas el 5%.

El sondeo corresponde a su Estudio Nacional con 1946 casos, con un margen de error de ±2,1%, con trabajo de campo del 11 y el 20 de agosto.

Isasi/Burdman, con un relevamiento online (CAWI) hecho entre el 12 y el 21 de agosto sobre 2.055 casos efectivos en mayores de 16 años, confirma el mismo podio: los bajos salarios e ingresos son, con el 35%, el problema más mencionado, seguidos por la corrupción (19%) y el desempleo (12%), mientras la inflación vuelve a aparecer casi al final, con el 6%.

El consumo, el nuevo mapa del humor económico

Si la inflación bajó en el ranking de preocupaciones, el termómetro se trasladó al consumo. Y ahí el estudio de RDT aporta el dato más provocador de los tres: el consumo dejó de ser sólo una variable económica para convertirse en un “clivaje electoral”.

“Milei gana entre los que compran; Kicillof, entre los que dejaron de comprar”, sintetiza el informe.

Incluso hila más fino: quien compró en el exterior o en plataformas como Shein o Temu en los últimos seis meses vota a Milei por 70,6% contra apenas 6,1% a Kicillof —el segmento más oficialista de toda la encuesta, aunque chico (representa un 5% del electorado)—. Le sigue el comprador de shopping (59,2% a 15,3%) y, en general, el canal de consumo moderno —online y apps—, donde Milei duplica y triplica al gobernador bonaerense (51,5% a 19,9%).

Quien compró en el exterior o en plataformas como Shein o Temu en los últimos seis meses vota a Milei
Quien compró en el exterior o en plataformas como Shein o Temu en los últimos seis meses vota a Milei

En el otro extremo, la “exclusión del consumo” funciona como “el mejor predictor del voto kirchnerista”: entre el tercio del electorado que no compró absolutamente nada en seis meses, Kicillof saca 42,2% contra apenas 19,8% de Milei. El dato llamativo (“hallazgo contraintuitivo” lo llama RDT) es que la informalidad popular —feria, saladita, ropa usada— no es, en cambio, terreno kirchnerista: ahí el resultado está prácticamente empatado (33,2% a 34,3%).

La frontera electoral, advierte RDT, no pasa entre el canal formal y el informal, sino entre comprar y no comprar. El propio estudio subraya, sin embargo, que “el consumo no produce el voto” —lo hacen los ingresos, la edad y el humor económico general— sino que funciona, sobre todo, como un “segmentador eficaz”.

Endeudarse para llegar a fin de mes

Si el consumo divide, el endeudamiento empareja. El Equipo MIDE dedica un capítulo completo de su relevamiento nacional de agosto a este punto, y el resultado es contundente: el 53% de los consultados dijo haber tenido que recurrir a préstamos, tarjeta de crédito o dinero prestado en los últimos tres meses para cubrir sus gastos, contra un 40% que dijo que no. Es un dato atípico frente a otros relevamientos sobre el tema, que suelen mostrar una brecha más amplia a favor de quienes se endeudan.

Lo más relevante, sin embargo, es para qué se usa esa plata prestada: el 39% dijo que fue para comprar alimentos y el 18% para pagar servicios como luz, gas o teléfono, es decir, más de la mitad del crédito tomado por los hogares argentinos se destina a gastos de subsistencia, no a bienes durables o inversión.

Y las expectativas hacia adelante tampoco acompañan: ante la pregunta de si podrán afrontar normalmente sus gastos, cuotas y deudas en los próximos tres meses, el 46% del relevamiento de Equipo Mide respondió que “probablemente no” y el 27% que “seguro que no” —un 73% con una mirada negativa—, contra apenas un 20% que se anima a un “sí” (15% probable, 5% seguro).

Ese malestar tiene, además, un correlato directo sobre la evaluación del ajuste: consultados sobre a quién perjudica más el plan económico del gobierno de Javier Milei, el 38% de los encuestados por el Equipo MIDE respondió “a los que menos tienen” y el 26% “a todos los argentinos por igual”, contra apenas un 7% que todavía cree que el costo lo pagan “los políticos y la casta” —el eslogan que supo ser central en la campaña presidencial de 2023 y que hoy prácticamente desapareció como percepción social y, dígase de paso, de la narrativa oficial.

El humor económico también golpea las variables políticas de fondo: el Equipo MIDE detecta un techo electoral del 38% para Milei de cara a la reelección —25% dice que seguro lo votaría y 13% que podría llegar a hacerlo, contra 54% que nunca lo votaría—. En su medición de intención de voto por candidato para 2027, el Presidente encabeza con el 28%, seguido por Axel Kicillof (22%) y Myriam Bregman (7%).

Expectativas: entre el sacrificio que ya no convence y el peor momento que llegó

El tercer eje —la expectativa económica— es, quizás, el que mejor explica por qué el malestar empieza a horadar el capital político del gobierno. RDT lo mide con series históricas que permiten seguir la evolución mes a mes: la autopercepción de la situación económica personal tocó en agosto su peor registro del año, con el 68,2% calificándola como “difícil” o “mala” contra apenas 31,6% que la ve en un rango pasable o positivo.

La mirada hacia adelante tampoco mejora: sólo el 30,8% se declara optimista sobre cómo estará la economía del país el año próximo —el piso de toda la serie—, contra el 53,8% que se declara pesimista.

Y a la hora de definir en qué momento del ciclo están parados, apenas el 16,6% cree que “lo peor ya pasó” —cae por segundo mes consecutivo—, mientras que el 33,2% asegura que “estamos en el peor momento”: siete de cada diez argentinos ubican lo peor del ajuste en el presente o en el futuro, no en el pasado.

Ese desgaste tiene una derivación política concreta que RDT también captura: por primera vez desde que se releva la pregunta, la mayoría le atribuye la responsabilidad por el estado actual de la economía al gobierno de Milei (38,7%) por encima de la herencia kirchnerista (27,1%).

Ese mismo relevamiento de RDT registra, además, la imagen de Milei en su peor nivel del año (35% positiva, 56,4% negativa) y una intención de voto en primera vuelta empatada por primera vez con el bloque peronista (29,2% contra 29,5%)."

NA

El “la culpa es del pasado” dejó de operar como escudo. Y el propio sacrificio pedido a la sociedad empieza a perder sentido para buena parte del electorado: el 42,5% de los consultados por RDT dice que el esfuerzo de estos dos años “no va a servir para nada”, contra el 37,6% que todavía cree que “va a valer la pena” —la brecha más ancha registrada en la serie a favor del escepticismo—.

Isasi/Burdman, con otra batería de preguntas, confirma el cuadro desde el ángulo de la evaluación de gestión: el 48% desaprueba la gestión de Milei contra el 42% que la aprueba, y la imagen personal del Presidente marca 46% de negativa contra 38% de positiva.

En intención de voto, la misma consultora ubica a La Libertad Avanza primera con el 34% (Fuerza Patria/PJ K, 19%), un dato que en la fórmula presidencial escala al 40% para la dupla Milei-Bullrich frente al 23% de Kicillof-De la Sota."

En su medición sobre quién está mejor preparado para resolver los problemas económicos del país, sin embargo, Milei retiene un liderazgo claro con el 41%, muy por delante de Axel Kicillof (26%) —una paradoja que conviven en las tres encuestas: el deterioro del clima económico no encuentra, todavía, un destinatario político que lo capitalice de manera indiscutida.

Empero, el sondeo del Equipo MIDE aporta que, de cara a 2027, el 59% de los argentinos dice preferir que gane un candidato que incentive el consumo, contra apenas el 30% que prioriza la continuidad del rumbo económico actual.