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Tras décadas de inflación y crisis bancarias, el dólar se volvió el refugio preferido de los ahorristas que buscan proteger sus ingresos y evitar que sus pesos pierdan valor.

Según uno de los últimos informes del Fondo Monetario Internacional (FMI), los argentinos mantienen más de u$s 250.000 millones fuera del sistema financiero. El monto equivale a cerca del 40% del Producto Bruto Interno (PBI) y posiciona al país entre los de mayor volumen de divisas fuera del circuito formal a nivel global.

En ese contexto, Nahuel Bernués, economista, magíster en Finanzas y CEO de Quaestus Advisory, explicó por qué los dólares “abajo del colchón” no deberían confundirse con una cartera de inversión y cuáles son las alternativas para ponerlos a trabajar.

Por qué tener el dólar bajo el colchón pierde valor

El argentino le ganó al peso, pero perdió contra el dólar”, resume Bernués para explicar el principal problema de mantener todos los ahorros en efectivo.

El dólar no suele sufrir saltos abruptos de valor como el peso argentino, pero tampoco permanece intacto. La inflación estadounidense erosiona su poder de compra de manera gradual, haciendo que con los mismos billetes, cada año se pueden comprar menos bienes y servicios.

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Por eso, guardar dólares puede ser útil como herramienta de resguardo frente a la moneda local, pero no necesariamente alcanza para preservar el valor real del ahorro a largo plazo y mucho menos para hacerlo crecer.

“Tener todo en dólares quietos es tan ‘seguro’ que resulta extremadamente ineficiente. No pensaste en para qué es ese dinero ni en cuánto tiempo lo vas a necesitar y jugar demasiado seguro también te hace perder”, aclara el especialista.

En ese sentido, comprar dólares y dejarlos guardados puede haber servido para evitar una pérdida frente al peso, pero no representa una inversión en sí misma. “El dólar abajo del colchón es una trinchera, no una cartera”, sintetiza Bernués.

Cómo poner a trabajar los dólares guardados

El economista aclara que conservar una parte de los ahorros en efectivo no es necesariamente un error. Esa reserva puede funcionar como fondo de emergencia para afrontar gastos inesperados o necesidades inmediatas.

El problema aparece cuando todo el capital queda inmovilizado, sin un objetivo definido, sin horizonte temporal y sin rendimiento.

La clave, según Bernués, es dividir los dólares según el uso que tendrá cada parte del ahorro: una porción para emergencias, otra para objetivos de corto y mediano plazo y otra para proyectos de largo plazo, como la jubilación o la construcción de patrimonio.

A partir de esa lógica, el especialista propone pensar las inversiones como una escalera: a medida que se sube, aumenta el potencial de rendimiento, pero también el riesgo y el tiempo necesario para invertir.

Money market en dólares: una opción para mantener liquidez

El primer escalón son los fondos money market en dólares o las cuentas remuneradas en moneda estadounidense. Estas alternativas permiten mantener una disponibilidad casi inmediata del dinero y, al mismo tiempo, obtener una tasa de interés.

Según Bernués, suelen ofrecer rendimientos bajos, en general inferiores al 2% anual en dólares, pero con un riesgo muy acotado. Se trata de una opción para quienes quieren tener fondos a mano, evitar que queden completamente inmovilizados y obtener una renta moderada sin asumir demasiada volatilidad.

Sin embargo, por sus retornos limitados, no siempre alcanzan para superar la inflación en dólares. Su función principal es preservar liquidez y generar una renta mínima mientras el dinero espera otro destino.

Letras del Tesoro de Estados Unidos

Para quienes cuentan con un horizonte de algunos meses, las Letras del Tesoro de Estados Unidos aparecen como una de las alternativas más conservadoras.

Estos instrumentos consisten en prestarle dinero al gobierno estadounidense a cambio de una tasa de interés y de la devolución del capital al vencimiento. Por la fortaleza crediticia de Estados Unidos, suelen ser consideradas entre las inversiones de menor riesgo del mercado internacional.

Bernués señala que actualmente pueden ofrecer rendimientos cercanos al 3,5% en dólares, algo similar a la inflación. “No ganás, tampoco perdés”, indica.

La alternativa puede servir para ahorristas que no necesitan usar el dinero de forma inmediata, pero tampoco quieren exponerse a una elevada volatilidad. El objetivo, en este caso, no es obtener ganancias extraordinarias, sino preservar el poder de compra del capital con un riesgo bajo.

Obligaciones Negociables

El tercer escalón está compuesto por las Obligaciones Negociables (ON) en dólares. A través de estos instrumentos, el inversor le presta dinero a una empresa, que se compromete a pagar intereses periódicos y devolver el capital en una fecha determinada.

Para Bernués, esta alternativa puede resultar atractiva para quienes buscan una renta en dólares superior a la de las opciones más conservadoras, aunque con un riesgo adicional, que es la capacidad de pago de la compañía.

Por eso, recomienda concentrarse en emisiones de empresas de primera línea, con balances sólidos y capacidad comprobada para cumplir con sus compromisos financieros.

A cambio, el inversor puede acceder a tasas que permitan superar la inflación estadounidense, aunque deberá evaluar el riesgo de crédito y el plazo de cada bono.

Bonos soberanos

El cuarto escalón incluye los bonos soberanos en dólares. En este caso, el inversor le presta dinero al Estado argentino.

Bernués plantea que estos títulos pueden ofrecer retornos de entre 4% y 9% anual. Sin embargo, aclara que se trata de una inversión que depende directamente de la capacidad y voluntad de pago del país.

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Si la situación macroeconómica se ordena y el Estado cumple con sus compromisos, los bonos pueden generar buenos rendimientos. Si el escenario se deteriora, el precio de los títulos puede sufrir fuertes caídas.

Por eso, no se trata de una alternativa para colocar fondos que se necesitarán en el corto plazo ni para quienes no toleran movimientos bruscos de precios.

Acciones

En el último escalón aparecen las acciones. A diferencia de los bonos y las ON, en este caso el inversor no le presta dinero a una empresa, sino que compra una participación en ella.

Esta alternativa tiene el mayor potencial de rendimiento, pero también el mayor nivel de volatilidad. Una acción puede caer 30% en un año y recuperarse o incluso subir con fuerza al siguiente.

Por eso, Bernués remarca que las acciones no son una opción adecuada para fondos que se necesitarán pronto. En cambio, pueden ser una herramienta relevante para objetivos de largo plazo, como complementar la jubilación, construir patrimonio o ahorrar para proyectos que están a varios años de distancia.