El diésel y la nafta cotizan cerca de sus premios récord respecto del petróleo crudo, lo que alimenta la preocupación de que consumidores y usuarios industriales vean poco alivio inmediato pese a una reapertura del Estrecho de Ormuz.
La brecha entre los productos refinados y el crudo se disparó en las últimas semanas y solo se redujo levemente ante un acuerdo entre Irán y Omán que promete restablecer el flujo de petróleo a través de ese punto clave del mercado energético.
El diésel cotiza actualmente con un premio de alrededor de u$s 70 por barril respecto del crudo, cerca del récord de la semana pasada de u$s 90 y muchas veces por encima de los niveles habituales de unos u$s 20 por barril, según el rastreador de precios Argus.
Los analistas sostienen que esta desconexión refleja una escasez global de capacidad de refinación que amenaza con prolongar las consecuencias económicas de la guerra en Medio Oriente. Si bien representa una bonanza para los grandes refinadores estadounidenses, es un problema político para el presidente Donald Trump, que está bajo presión por los altos precios en el surtidor de cara a las elecciones legislativas de noviembre.
“Es un torbellino de disrupciones en el transporte marítimo sumado a la falta de capacidad de procesamiento”, dijo Isabelle Gilks, analista de combustibles minoristas de Wood Mackenzie. “Estamos viendo cierto ablandamiento en el mercado del crudo, pero precios firmes de diésel y nafta”.
Algunas de las refinerías más grandes del mundo están en el Golfo y quedaron aisladas por el bloqueo intermitente de Irán al tránsito por el Estrecho de Ormuz. El Golfo normalmente abastece más de una quinta parte del crudo mundial, incluido el insumo para refinerías fuera de la región.
Los crecientes ataques con drones de Ucrania contra refinerías rusas sacaron de circulación aún más capacidad de refinación mundial, mientras que China restringió las exportaciones de derivados del petróleo.
Ante la limitación en el suministro de crudo, los operadores de refinerías ajustaron sus procesos para maximizar la producción del producto que ofrece los mayores márgenes en cada momento.
Al comienzo del conflicto, ese producto era el combustible de aviación (jet fuel), cuyos márgenes todavía duplican los niveles previos a la guerra. Desde entonces, la preocupación se trasladó al abastecimiento de otros combustibles de transporte, como el diésel.
Sin embargo, priorizar distintos combustibles se percibe solo como una solución de corto plazo mientras los conflictos en Medio Oriente y Rusia sigan restringiendo la oferta.
“Tuvimos crisis rotativas en distintas partes del complejo de productos y los refinadores solo pueden resolver un problema a la vez”, dijo Daniel Evans, jefe de combustibles y refinación de S&P Global. “Aunque parece que logramos atravesar el verano boreal sin disrupciones reales de abastecimiento, no diría que estamos fuera de peligro”.
Los inventarios globales se están agotando rápidamente y Europa es particularmente vulnerable tras años de subinversión en refinación, ya que depende de las importaciones para la mayor parte de sus necesidades.
Con los mercados globales cada vez más dependientes de EE.UU. para los productos refinados, los operadores de refinerías del Golfo de México fueron los grandes ganadores de la creciente brecha entre los precios del crudo y los de los productos.
Marathon Petroleum, Phillips 66 y Valero Energy superaron las expectativas de los analistas en sus ganancias del segundo trimestre. Exxon y Chevron reportaron ganancias récord por un total combinado de u$s 26.500 millones en los tres meses hasta fines de junio, impulsadas por fuertes aumentos en el aporte de sus negocios de refinación.

Exxon, que tiene la red de refinerías más grande del mundo fuera de China, dijo que produjo volúmenes récord de diésel durante el segundo trimestre para ayudar a satisfacer el aumento de la demanda global.
El boom en los márgenes de refinación provocó una respuesta airada de Trump, quien dijo esta semana que Chevron y Exxon habían ganado “demasiado dinero” y que deberían “devolverle algo de eso al público”.
La suba de los precios de la nafta y el diésel genera cada vez más presión política sobre el presidente de cara a las elecciones legislativas de noviembre, en momentos en que los votantes se muestran cada vez más frustrados por el alto costo de la energía.
La intervención de Trump se da luego de su decisión anterior de ordenar una investigación del Departamento de Justicia sobre las empresas energéticas por especulación de precios, una táctica que también empleó el entonces presidente Joe Biden cuando los precios se dispararon tras la invasión rusa a gran escala de Ucrania.
“Los minoristas de nafta deben bajar sus precios, DE INMEDIATO”, escribió Trump en su plataforma Truth Social a fines de junio. “Si los minoristas no lo hacen, ¡se vienen grandes problemas!”
El aumento de las exportaciones de productos refinados como nafta y diésel hacia clientes que antes dependían de Medio Oriente contribuyó a que los precios domésticos de la nafta en EE.UU. superaran los u$s 4 por galón, una suba de alrededor del 35% desde que comenzó la guerra el 28 de febrero.
El precio promedio del diésel en el surtidor en EE.UU. es actualmente de u$s 5,34 por galón, frente a los u$s 3,74 de hace un año, según el grupo automovilístico AAA. El precio promedio durante el segundo mandato de Trump ya superó el promedio registrado durante la presidencia de Biden, según cálculos del FT basados en datos de la Administración de Información Energética de EE.UU. (EIA).
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