“Cuando los patos están graznando, hay que darles de comer”, reza un dicho de Wall Street sobre cómo saciar a los inversores ávidos. Es un sentimiento que ahora parece guiar a las empresas más valiosas de Silicon Valley. Anthropic presentó el lunes su solicitud de salida a bolsa, siguiendo los pasos de SpaceX, de Elon Musk, el mes pasado. OpenAI también planea presentar la suya de manera inminente. Para no quedarse atrás, Alphabet —la empresa matriz de Google, que ya cotiza en bolsa— anunció a mitad de semana que buscaba recaudar u$s 85.000 millones en financiamiento de capital, su primera emisión de acciones en más de dos décadas. A pesar del voraz apetito por activos tecnológicos, el caudal de nueva oferta accionaria representa un nuevo test para el boom bursátil liderado por la IA en EE.UU.

El primer desafío es la absorción. En conjunto, las tres mega salidas a bolsa podrían alcanzar una valuación combinada de alrededor de u$s 4 billones, cifra cercana a un tercio del valor ajustado por inflación de todas las OPIs estadounidenses al cierre inicial entre 1980 y 2025. Por ahora, los analistas del mercado confían en que los “patos” digerirán todo esto sin mayores dificultades, en particular dado que los proveedores de índices buscan flexibilizar las normas de inclusión para incorporar rápidamente estos papeles a los benchmarks. Las cláusulas de lock-up y las grandes participaciones de los accionistas fundadores también implican que la cantidad inicial de acciones que estas empresas colocarán en el mercado será, en cualquier caso, reducida. La capitalización bursátil total de EE.UU. ronda los u$s 75 billones, por lo que hay suficiente liquidez para absorber las operaciones. De hecho, la demanda de exposición a la IA ha sido sólida incluso frente a shocks económicos significativos.

Pero hay más oferta accionaria en camino. Otras empresas tecnológicas privadas, como Stripe y Databricks, podrían estar evaluando sus propias salidas a bolsa. Siguiendo el ejemplo de Google, más hyperscalers también podrían emitir nuevas acciones para financiar mayores gastos de capital. Hasta ahora, la inversión en infraestructura de IA fue impulsada por el flujo de caja operativo. A medida que este se fue debilitando, algunos grupos de Big Tech redujeron sus recompras de acciones y recurrieron a la deuda para financiar sus gastos. Con las tasas de interés manteniéndose elevadas, más compañías podrían volcarse a los mercados de capitales —o al menos reducir su actividad de recompra.

La combinación de mega OPIs y nuevas emisiones marcaría un cambio estructural para el mercado estadounidense. La oferta de acciones se contrajo durante las últimas dos décadas como consecuencia de los delistings, las recompras, las fusiones y el crecimiento de los mercados privados. Y aunque la demanda se mantiene firme, hay señales de que podría debilitarse. A medida que la inflación sube, la Reserva Federal de EE.UU. podría verse obligada a elevar las tasas de interés; además, un análisis de BCA Research sugiere que el efectivo que los inversores mantienen al margen está en un mínimo histórico como porcentaje de la capitalización del mercado accionario estadounidense.

Anthropic presentó el lunes su solicitud de salida a bolsa, siguiendo los pasos de SpaceX, de Elon Musk, el mes pasado.
Anthropic presentó el lunes su solicitud de salida a bolsa, siguiendo los pasos de SpaceX, de Elon Musk, el mes pasado.

Otro obstáculo para la suba sostenida del S&P 500 podría ser si a los patos les gusta lo que les están dando. Los escépticos ven en las grandes salidas a bolsa una oportunidad para que los inversores privados realicen ganancias en un mercado en auge —tal como ocurrió durante la burbuja puntocom de fines de los años 90. La oferta accionaria podría aumentar aún más a medida que venzan los períodos de lock-up durante el próximo año, obligando al mercado a absorber acciones adicionales no deseadas de empresas recientemente listadas. SpaceX, OpenAI y Anthropic operan actualmente con pérdidas, mientras que el verdadero potencial comercial de los modelos de IA —y, en el caso de Musk, el de llegar a Marte— sigue siendo en gran medida incierto. Además, algunas valuaciones son estratosféricas: el precio de listado de SpaceX, por ejemplo, implica que el grupo cotizará a 92 veces sus ingresos anuales.

Por ahora, los inversores parecen dispuestos a absorber una oferta accionaria creciente, impulsados por la confianza en la IA y un mercado que aún tiende a premiar el potencial futuro por encima de las ganancias presentes. Pero cada OPI, cada vencimiento de lock-up y cada oferta secundaria pone a prueba ese apetito un poco más. A medida que la oferta sigue creciendo, la fe sola puede no ser suficiente. En algún momento, la carga de la prueba recae sobre el vendedor.