Javier Milei defendió mantener la inteligencia artificial libre de regulación en una columna publicada en el Financial Times, firmada con la colaboración del ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger. En el artículo, el presidente reveló que su gobierno presentó la semana pasada ante el Congreso un proyecto de ley que establece un marco jurídico específico para el despliegue de la IA.
Para fundamentar la propuesta, Milei recurrió a un paralelismo histórico: la fundación de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, el 20 de marzo de 1602, que dio al mundo la sociedad de responsabilidad limitada y desató, según sostuvo, todo el potencial del capitalismo.
“Solo cuando la ley estableció un techo al riesgo el capital se desplegó con verdadera fuerza. La revolución industrial que se encendió años más tarde no fue completada por la ingeniería, sino por el derecho corporativo neerlandés. La máquina y la persona jurídica fueron, juntas, la doble hélice de la prosperidad moderna”, explicó el presidente.
Desde entonces, señaló, el PBI mundial se multiplicó más de 200 veces, el ingreso per cápita se multiplicó por 15 y la población también creció quince veces, por lo que consideró que la sociedad de responsabilidad limitada “merece un lugar entre los diez inventos más trascendentes de la historia”.
El presidente reconoció que el concepto no estuvo exento de cuestionamientos. Recordó que todavía en 1824 los críticos escribían que la responsabilidad limitada permitía a los hombres adinerados “ofrecer una porción de sus excedentes para la formación de una empresa, jugar con ese excedente... y luego, si los fondos resultaran insuficientes para satisfacer todas las demandas, retirarse a la seguridad de su fortuna intacta y dejar el cebo para que lo devoren los pobres peces engañados”.
Para Milei, ese debate resurge hoy de nuevas formas: citó un fallo de un tribunal de distrito de EE.UU. de 2023, en el caso Sarcuni vs. bZx DAO, que clasificó a las organizaciones autónomas descentralizadas basadas en blockchain como una sociedad colectiva, privando a sus miembros de las protecciones de responsabilidad limitada. “Al ingresar en una nueva era tecnológica, esta es precisamente la arquitectura jurídica equivocada”, escribió.
Sostuvo que “la lógica de 1602 sigue vigente hoy” y que las empresas gestionadas por agentes de IA requieren el mismo marco jurídico que ha sostenido al capitalismo durante más de cuatro siglos.
“En el principio de la revolución industrial, Adam Smith ilustró el potencial de la tecnología y las economías de escala en su célebre descripción de la fábrica de alfileres”, explicó el presidente. “Y, así como la revolución industrial nos liberó de las limitaciones del músculo humano, la IA nos liberará de las limitaciones del cerebro humano, empujando la productividad más allá de nuestros sueños más ambiciosos.”
Fue precisamente ese razonamiento el que llevó al gobierno, según Milei, a presentar ante el Congreso un proyecto de ley con un marco jurídico específico para el despliegue de la IA, que se apoya en tres pilares.
El primero es el compromiso de mantener la IA sin regular, para que pueda desarrollarse “sin la mano mortal de una regulación prematura y mal comprendida”.
El segundo es la creación de una nueva categoría societaria en el derecho argentino: la corporación no humana, integrada por entidades operadas por agentes de IA o robots. Argumentó que cuando estos sistemas ejercen juicio independiente en entornos impredecibles, “la responsabilidad limitada no es un lujo para estas entidades; es una condición de posibilidad para su existencia”, y aclaró que los accionistas humanos pueden participar, pero no son obligatorios.
El tercero es un entorno fiscal competitivo: estas corporaciones se beneficiarán de una baja tasa del impuesto a las ganancias corporativas y los accionistas podrán elegir la legislación de gobierno societario que prefieran, con la única condición de declarar a los beneficiarios finales, dado que, aclaró, “Argentina no tiene interés en convertirse en un paraíso para capitales ilícitos”.

La columna también incluyó un balance de gestión y una invitación explícita a los inversores. “La Argentina se transformó en los últimos dos años”, expresó.
“La inflación, que alguna vez fue una amenaza existencial, ha sido domada, aunque el trabajo aún no ha concluido”, escribió. Señaló que el superávit fiscal, combinado con “el programa de desregulación más ambicioso del mundo”, devolvió a la economía a una trayectoria de crecimiento tras 15 años de estancamiento. “Las inversiones fluyen hacia nuestros recursos energéticos y mineros de primer nivel, en una región de estabilidad geopolítica que es cada vez más escasa”, añadió el presidente.
“Durante demasiado tiempo, la Argentina construyó un laberinto de restricciones que redujo a lo que fue una de las naciones más ricas del mundo a la pobreza relativa. Afortunadamente, estamos cambiando esto”, escribió y subrayó que en 2024 y 2025 el país avanzó 20 posiciones en el Índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage, “la mayor mejora de cualquier nación en ambos años”.
“Estamos abiertos a los negocios”, afirmó y agregó que, con el espíritu de los mercaderes neerlandeses que hicieron de Ámsterdam la capital financiera del siglo XVII, el gobierno se propone ofrecer “el entorno jurídico y fiscal más atractivo para las empresas de IA que definirán el siglo XXI”.
El cierre fue una declaración de ambición: “Que Buenos Aires sea para la IA lo que Ámsterdam fue para la era de la navegación a vela: el lugar donde la imaginación jurídica alcanzó al momento tecnológico y el mundo cambió.”
¡Queremos conocerte!
Registrate sin cargo en El Cronista para una experiencia a tu medida.

















