El cohete New Glenn de Blue Origin explotó durante una prueba el jueves, días antes de su lanzamiento previsto, lo que supone un nuevo revés para la compañía espacial de Jeff Bezos.
La compañía declaró haber experimentado una anomalía durante la prueba de encendido de motores, un procedimiento previo al vuelo en el que se carga el cohete con combustible y se encienden sus motores para probar los sistemas.
Blue Origin afirmó que todo el personal se encontraba a salvo y que estaba investigando el incidente. En declaraciones a Financial Times varios empleados explicaron el lugar donde se encontraba la única plataforma de lanzamiento de Blue Origin y otros equipos mostraba graves daños.
En la zona había una torre de protección contra rayos y un transportador utilizado para colocar los cohetes en posición antes del lanzamiento.
Se prevé que el fallo afecte gravemente a los planes de lanzamiento de la compañía este año, añadieron las fuentes. “Un día muy duro. Pero reconstruiremos lo que haga falta y volveremos a volar. Merece la pena”, publicó Bezos en X.
El New Glenn tenía previsto transportar 48 satélites para la constelación de internet Leo de Amazon el lunes. Un vídeo grabado desde la plataforma de lanzamiento en Florida mostró cómo el cohete explotaba en llamas la noche del jueves.
Blue Origin intentaba en esta ocasión aumentar su frecuencia de lanzamientos y tenía previsto realizar 12 vuelos con el New Glenn este año. Su objetivo es competir con SpaceX, la empresa de Elon Musk, que se encamina a una salida a Bolsa récord el próximo mes.
“Una verdadera lástima. Los cohetes son complicados”, publicó Musk en X tras la explosión del New Glenn.
Ambas compañías han logrado lanzar y aterrizar con éxito la etapa propulsora de sus cohetes —la parte que impulsa el vehículo desde tierra—, pero también han sufrido varios percances. SpaceX perdió uno de sus cohetes Starship —el más grande de su historia— en una plataforma de pruebas en junio del año pasado tras sufrir una “anomalía grave”.
Varios lanzamientos han terminado con la compañía perdiendo el control del cohete. Blue Origin ha adoptado una estrategia más cautelosa en sus lanzamientos, pero ha sufrido retrasos y varios contratiempos. En abril, la compañía perdió un satélite que tenía previsto desplegar para su cliente AST SpaceMobile durante el tercer lanzamiento de su cohete de carga pesada de 98 metros.
El cohete sufrió una anomalía en el empuje y el satélite se desplegó a una altitud demasiado baja para que pudiera mantenerse operativo.
Amazon depende de Blue Origin para cumplir con los plazos regulatorios para el despliegue de su constelación de internet Leo. Ha pagado a Blue Origin u$s 2700 millones por el lanzamiento de sus satélites.
Josh Parker, analista de la consultora estratégica Capstone, con sede en Washington, afirmó que el fallo del jueves obligaría a los clientes de Blue Origin a contratar capacidad adicional de SpaceX.
“El mayor competidor de SpaceX y la única otra compañía que reutiliza un propulsor queda fuera de juego”, declaró.
La compañía de Bezos tiene varios contratos gubernamentales y esta semana la NASA le adjudicó u$s 468 millones para dos módulos de aterrizaje no tripulados, que respaldarán los planes para construir una base lunar como parte de las ambiciones estadounidenses de enviar personas de regreso a la Luna a finales de 2028.
El administrador de la NASA, Jared Isaacman, declaró que la agencia trabajaría con Blue Origin para “apoyar una investigación exhaustiva de esta anomalía, evaluar el impacto a corto plazo en la misión y reanudar los lanzamientos de cohetes”.
Amazon no respondió a la solicitud de comentarios.

Blue Origin, entre contratos millonarios y una base lunar en disputa
Como parte del acuerdo total, la NASA adjudicó esta semana contratos comerciales para su base lunar de u$s 20.000 millones, un proyecto que abarcará varios cientos de kilómetros cuadrados cerca del polo sur de la Luna.
Además de Blue Origin, la NASA informó que Astrolab y Lunar Outpost recibirán un contrato de u$s 220 millones cada una para construir vehículos de exploración no tripulados que, en el futuro, podrán transportar a los astronautas. Firefly Aerospace se adjudicó un contrato de u$s 75 millones para el envío de cuatro drones fabricados por el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, que inspeccionarán posibles zonas de alunizaje y, posteriormente, delimitarán el perímetro de la base.
Carlos García-Galán, director del programa de la Base Lunar, explicó que la base debía “extenderse como una ciudad” sobre cientos de kilómetros cuadrados. “No hay un solo lugar en la Luna que cubra todas las necesidades científicas, tecnológicas y de habitabilidad”, señaló.

Algunas actividades se llevarían a cabo en cimas iluminadas por el sol, mientras que otras, como la extracción de hielo para producir agua, se realizarían en regiones permanentemente sombreadas. La minería lunar y la generación de energía nuclear se mantendrían alejadas de las zonas habitadas.
“Cada misión, tripulada o no tripulada, será una oportunidad de aprendizaje a medida que regresemos a la superficie lunar, construyamos la infraestructura para permanecer allí y dominemos las habilidades necesarias para vivir y operar en uno de los entornos más exigentes y peligrosos imaginables. Estamos desempolvando el manual de la misión Apolo de la década de 1960”, afirmó Isaacman.
En una clara alusión a China —país que aspira a enviar una tripulación a la Luna para 2030 y, posteriormente, establecer una base lunar—, el administrador señaló que “Respetamos a los demás países que están desplegando activos en la superficie lunar. Esperamos que ese respeto sea recíproco”.
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