

El esfuerzo del Gobierno por mantener el dólar bajo estricto control y consolidar la desaceleración de la inflación se convirtió en el eje excluyente de la política económica oficial, aún a costa de prolongar el letargo en el nivel de actividad.
Frente a este escenario, Roberto Cachanosky cuestionó el esquema actual y advirtió que el oficialismo está priorizando su estrategia electoral por sobre la recuperación de la economía real.
“La agenda política de Milei es llegar a la elección del año que viene con la inflación a la baja y con el tipo de cambio estable. Pero eso va contra la agenda económica, porque no les está alcanzando y la actividad interna está caída”, explicó el economista.
Según su visión, el Gobierno ha optado por mantener los controles de cambio porque “saben que si liberan el mercado, el dólar se les escapa y se les va a los precios”.
La trampa del consumo sin inversión
Uno de los puntos más críticos de la intervención de Cachanosky fue su cuestionamiento a las recientes medidas del oficialismo que buscan reactivar la economía a través de la inyección de crédito, en lugar de fomentar la inversión genuina.
“La única forma de aumentar el consumo en la economía es generar condiciones institucionales para que haya inversiones. Las inversiones demandan mano de obra, sube la productividad, aumenta el salario y recién ahí se consume más. Ese es el proceso”, sentenció.
En este sentido, advirtió que intentar subir el consumo sin inversión previa “es como querer pescar con la mano” en lugar de tomarse el tiempo de fabricar una caña de pescar.

El paralelismo con la crisis de 2001
Finalmente, y para ilustrar el riesgo de atar la economía a un tipo de cambio rígido con fines políticos, Cachanosky trazó un paralelismo con el final del gobierno de Fernando de la Rúa, aclarando que no se refiere a una corrida bancaria, sino al impacto en la economía real.
“Si la gente no llega a fin de mes y no consigue laburo, por ahí perdés las elecciones por el mal humor social. Eso le pasó a De la Rúa en las elecciones de medio término del 2001. Había deflación, pero no había trabajo y había recesión”, recordó.
Para el economista, mantener la política actual tiene un costo altísimo en términos de nivel de actividad y recaudación fiscal, lo que a su vez complica el sostenimiento del superávit. “Tienen que liberar el mercado de cambios en serio, pagar el costo en estos tres o cuatro meses y vas a ver cómo se te frena de golpe el cierre de empresas”, concluyó.













