A siete meses de asumir, la gestión de Zohran Mamdani en Nueva York sorprende -y atemoriza- cada día por medidas que jamás se hubieran imaginado que podían llegar a tomarse en una de las principales ciudades del planeta, centro financiero mundial y un ícono del capitalismo.

Lo más reciente fue la publicación de los nombres y las direcciones de los propietarios de viviendas que podrían quedar alcanzados por el nuevo impuesto “pied-à-terre”, es decir que alcanza a aquellas personas que no tienen residencia permanente en la Gran Manzana. Un escrache. Para los estudios jurídicos neoyoquinos, Mamdani es oro en polvo: con sus medidas habilita una ola de juicios contra la ciudad.

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Con el supermercado municipal busca ofrecer productos a precios mayoristas para los consumidores. Pasa lo de siempre: solo se benefician los que viven cerca y lastima a los negocios aledaños. De hecho una agrupación empresaria presentará una demanda contra la ciudad por competencia desleal.

El congelamiento de alquileres y el impuesto a las segundas viviendas de no residentes siguen la misma receta. El resultado: impacto mínimo o negativo y caída de la oferta de viviendas en alquiler. Se vota con los pies y hay mudanzas por la suba de impuestos y aumentan precios de vivendas en la vecina Connecticut.

Mamdani tiene el apoyo del ala socialista y viene ganando terreno interno dentro del Partido Demócrata pero enfrenta resistencia abierta del establishment anti Trump más moderado. Hasta embistió contra la seleccón argentina: dijo que Egipto fue robado. Populismo pro musulmán.

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