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Lo que durante años fue considerado el basural más grande del mundo avanza hacia una transformación sin precedentes. En Nueva York, un enorme vertedero que acumuló residuos durante más de medio siglo se convertirá en un espacio verde destinado a la recreación, la investigación y la recuperación de la naturaleza.

El proyecto busca revertir el impacto ambiental generado durante décadas mediante una serie de soluciones tecnológicas de última generación. La iniciativa contempla la creación de Freshkills Park, un parque de grandes dimensiones que ocupará el lugar donde antes funcionaba uno de los principales depósitos de residuos del planeta.

Del mayor vertedero del mundo a un gigantesco parque urbano

La historia del predio comenzó en 1948, cuando la ciudad de Nueva York habilitó el vertedero de Fresh Kills en Staten Island. Con el paso de los años, la cantidad de desechos recibidos aumentó de manera constante y, hacia mediados de la década de 1950, ya era reconocido como el mayor basural del mundo por el volumen de residuos que ingresaba diariamente.

Su cierre definitivo llegó en marzo de 2001 y marcó el inicio de un ambicioso plan de recuperación ambiental (Fuente: Freshkills Park).
Su cierre definitivo llegó en marzo de 2001 y marcó el inicio de un ambicioso plan de recuperación ambiental (Fuente: Freshkills Park).Freshkills Park

La actividad continuó durante varias décadas y, para comienzos de los años noventa, se había convertido en el único vertedero que recibía residuos domiciliarios de la ciudad. Su cierre definitivo llegó en marzo de 2001 y marcó el inicio de un ambicioso plan de recuperación ambiental impulsado a través del Plan Maestro de Freshkills Park, cuyo objetivo es reemplazar el antiguo foco de contaminación por un gran espacio dedicado a la ecología y al uso público.

La innovadora técnica que permitirá recuperar el terreno

La recuperación del predio se apoya en un complejo sistema de ingeniería diseñado para aislar los residuos y minimizar su impacto ambiental. Como primer paso, los desechos fueron compactados y cubiertos con una red de tuberías capaz de capturar el gas metano generado por su descomposición. Ese combustible es aprovechado posteriormente para producir electricidad.

Sobre la superficie también se instaló una geomembrana impermeable destinada a impedir tanto la liberación de gases como la infiltración del agua de lluvia. Luego se incorporaron capas de drenaje y varios metros de tierra limpia donde comenzaron a implantarse especies vegetales nativas. Todo el terreno permanece bajo monitoreo satelital para controlar posibles movimientos del suelo, mientras la apertura del parque se desarrolla por etapas con la previsión de completar toda la transformación entre 2035 y 2036.