El nivel de mora de los créditos superó los dos dígitos en enero. Comenzó a ser un factor de preocupación en los bancos, pero no de alarma. Por entonces, el foco de las autoridades estaba puesto en descartar riesgos para el sistema financiero. El BCRA destacaba que el volumen de los préstamos irregulares, una vez descontadas las previsiones, era 1,5% del capital. Nada que quite el sueño.

Pasaron los meses, y aunque el problema no dejó de crecer, llegó el Mundial y nadie habló de otro tema que no tuviera que ver con Messi y con la Selección. En julio volvió la política y en agosto la morosidad tiñó buena parte del debate económico: se discutieron causas, responsabilidades y si el regulador debía actuar o no, justo cuando el problema empezó a estabilizarse.

La central obrera marcha junto a las dos CTA y los movimientos sociales para reclamar por la morosidad.
FOTO NA: DAMIAN DOPACIO
La central obrera marcha junto a las dos CTA y los movimientos sociales para reclamar por la morosidad. FOTO NA: DAMIAN DOPACIODamian Dopacio

Como ha sucedido en otras polémicas sobre datos de la economía que el Gobierno debe salir a remar, las reacciones críticas nacen en registros parciales o que perdieron actualidad por el delay estadístico que arrastran. Pero también se desatan porque las autoridades tienen poca vocación por actuar en modo “alerta temprana”, ya sea en modo público o privado, una opción que les permitiría desinflar problemas sin una intervención real del Estado.

El último informe sobre Bancos del BCRA, en el que ya se vio la estabilización de la mora, corresponde a junio. Significa que la polémica llegó a su pico con una foto vieja. Es que los bancos nunca se quedaron quietos, y las refinanciaciones (que hoy alcanzan a casi 50% de los deudores) comenzaron en el verano.

Incluso se hicieron extensivas a clientes cumplidores pero al borde del atraso, algo que se hizo necesario cuando se comprobó que mientras muchos salían, otros tantos entraban en situación irregular. Esa política se combinó con otras realidades: los sectores afectados (desde las billeteras digitales hasta las tarjetas de supermercados y los fiscos nacionales y provinciales) trataron de cobrar y bajar algo de esas deudas.

La suba de tasas del 2025 y la pérdida de ingresos por el salto inflacionario multiplicaron los incumplimientos. Lo que no tuvo el Estado fue el reflejo de monitorear más de cerca este “problema entre privados” y dejar que ese interés sea visible. No hay que dejar crecer este tipo de burbujas, porque hacen más ruido cuando explotan en la superficie.