

Cuando vamos caminando es muy frecuente ver redondas estructuras de cemento ubicadas sobre las veredas. ¿Qué son y para qué sirven?
Las esferas de hormigón —también llamadas bochas, bolardos o mojones— que se instalan en el borde de la vereda, generalmente sobre la línea municipal o en las esquinas, cerca de cordones, rampas y accesos peatonales. Su presencia es habitual en barrios porteños con alta densidad de tránsito y en zonas donde conviven autos, motos y peatones en poco espacio.
Para qué sirven las bolas de cemento
Tienen cinco funciones principales:
- Impedir el estacionamiento sobre la vereda. Es su función principal: evitar que autos o motos invadan el espacio peatonal, algo especialmente frecuente en cuadras angostas o frente a comercios.
- Proteger a los peatones. Funcionan como una barrera física que separa la calzada de la vereda, reduciendo el riesgo de que un vehículo suba accidentalmente sobre el espacio donde circula la gente.
- Resguardar infraestructura subterránea. En muchos casos delimitan zonas donde hay cañerías, cableado o raíces de arbolado urbano que podrían dañarse con el paso de vehículos pesados.
- Marcar límites de propiedad o de uso público. También se usan para señalizar el límite entre el espacio público y accesos privados, como cocheras o entradas de edificios.
- Preservar rampas de accesibilidad. Frente a rampas para sillas de ruedas, cumplen un rol adicional: evitar que se tapen con autos mal estacionados, garantizando así el paso de personas con movilidad reducida.
Por qué son de cemento y no otro material
El hormigón se eligió por una combinación de bajo costo, durabilidad y resistencia al impacto. A diferencia de bolardos metálicos o plásticos, las bochas de cemento no requieren mantenimiento frecuente y resisten golpes de vehículos sin deformarse, lo que las convirtió en la opción preferida de municipios con presupuestos ajustados para obras de mobiliario urbano.













