El politólogo norteamericano Elmer Eric Schattschneider sostenía que la definición de las alternativas es el instrumento supremo del poder. Ello es así porque la delimitación de las ofertas en competencia determina la naturaleza del conflicto a resolver, y la elección del conflicto es la que termina distribuyendo los apoyos y, por consecuencia, el poder.

En un mundo cada vez más dominado por antagonistas (los que interpretan que todo es una elección binaria entre el bien y el mal), y donde el público rara vez se pone de acuerdo sobre cuáles son los problemas a resolver pero entiende perfectamente cuáles son los dos bandos en pugna, en la delimitación de las alternativas se juega buena parte de la identificación del conflicto ordenador de las preferencias electorales.

Por eso, la primera gran definición de todo proceso electoral es la de establecer los límites que separan las alternativas entre las que habrá que elegir. Ese proceso acaba de iniciarse, terminará bien entrado el 2027 y será más decisivo que la propia campaña electoral que desarrollen los candidatos.

En el inicio de este proceso de confección de la oferta electoral parece haber una novedad: el oficialismo luce más predispuesto que antes a abrir un diálogo con otros actores para confeccionarla en conjunto.

El oficialismo busca ampliar acuerdos de cara al proceso electoral.
El oficialismo busca ampliar acuerdos de cara al proceso electoral.

La novedad es políticamente relevante porque a este oficialismo lo aqueja una singularidad: Milei tiene muchos más potenciales votantes que simpatizantes. Por ello necesita relajar resistencias entre los votantes disponibles o, lo que es lo mismo, necesita algo enfrente que le acerque por espanto los votantes que no puede lograr por encanto.

En 2023, la construcción del conflicto ordenador (cambio-continuidad) favoreció a Milei, que quedó como única opción de cambio en el balotaje cuando la mayoría reclamaba cambio. Y si bien era un botón atractivo para apretar cuando uno quería detonar el sistema, también era una opción incierta, desconocida, que no ofrecía garantías por sus propuestas extravagantes.

Tuvo que recibir el apoyo legitimador de los referentes de la otra alternativa de cambio (Macri y Bullrich) para permitir la migración de apoyos del resto de los votantes que buscaban cambio.

Pero ahora el desafío es distinto: necesita ser atractivo para atraer voluntades para continuar con lo que está ocurriendo, para consolidar el rumbo, cuando la mayoría todavía no parece muy convencida de los beneficios particulares de este.

Ese aspecto lo obliga a ser lo más amplio posible en la delimitación de las alternativas: a tratar de eliminar todas las que son capaces de representar un rumbo distinto de cambio, para que solo quede enfrente aquello anclado en la representación del pasado: un peronismo sin renovación.

Esta necesidad surge de lo que cuentan las encuestas: a Milei parece costarle juntar el 50% más uno de los votos en favor del actual cambio, pero tendría alguna chance de lograrlo si lo que hay que juntar es el 50% más uno para no volver al pasado. Y como el peronismo parece resistirse a desvestirse de esa representación (a Kicillof le cuesta sacarse a CFK de encima), todo se alinea para que Milei entienda que su oportunidad de reelección está más en seguir representando el cambio del pasado, que en competir por ser el mejor de los cambios hacia el futuro.

Sería algo así como reconstruir la coalición del balotaje de 2023. Pero para lograr ello, todo indica que Milei deberá resignar su pretensión de construir su propia fuerza política. Esa es la interpretación que madura dentro del oficialismo, porque hasta acá esa pretensión se muestra insuficiente para constituir una fuerza ganadora.

El oficialismo busca ampliar su base electoral de cara a 2027.
El oficialismo busca ampliar su base electoral de cara a 2027.

Para poder eliminar alternativas no peronistas de la oferta —y así mostrarse como la única opción para confrontar con el peronismo, es decir, organizar el conflicto de un modo conveniente—, el oficialismo necesita armonizar intereses electorales con un vasto y heterogéneo sistema de representación subnacional (a nivel provincial) que no le pertenece, pero que puede distraerle apoyos. Tan complejo es el desafío de armonizar ello, que hasta se piensa en reponer las desprestigiadas colectoras.

En esa tarea está trabajando Diego Santilli. Si Milei decide no competir en las provincias que pueden ser aliadas de su reelección, y resigna sus pretensiones de ganar territorialidad, posiblemente logre alinear esas voluntades provinciales a su objetivo nacional de reelección. Todos están muy predispuestos a ofrecer ese intercambio de favores. Pero la tarea no es sencilla, porque exige sellar acuerdos políticos, construir una sociedad política, una alianza: algo a lo que Milei se ha resistido sistemáticamente.

Además, ese acuerdo no solo requiere confianza entre los actores: necesita elementos hoy no disponibles, como saber cómo estará Milei competitivamente en 2027. Solo el paso del tiempo pondrá a disposición esa información.

Si Milei logra despejar del terreno todas las alternativas no peronistas que le disputen votantes disponibles, ¿alcanza? Si la elección se define en un balotaje, por ahora parece que no, porque su dificultad está en juntar el 50% más uno de los votos, y para ello necesita que el rival de enfrente espante más que él, o que su competitividad mejore de la mano de mejores resultados económicos. Para conocer ambos datos también hay que esperar.

¿Y cómo podría hacer para evitar que la elección se defina en un balotaje? Allí radica la utilidad de eliminar las PASO. Si Milei logra ordenar la oferta de su polo y fragmentar el polo opuesto al quitarle un elemento que lo ayude a ordenarse o lo ordene por centrifugación, la posibilidad de ganar en primera vuelta (sea con 40% con 10 puntos de distancia, o más del 45% de los votos) parece más realista.

En definitiva, en el qué (ordenamiento de la oferta -alianzas-), en el cómo (¿colectoras?) y en el cuándo (con o sin PASO) parece jugarse buena parte del resultado de la elección presidencial de 2027. Todo ello empezará a terminar de definirse, cuando finalice el mundial. Esperemos con triunfo argentino.