La hoja de ruta financiera del Gobierno enfrenta una prueba de fuego donde las obligaciones de deuda chocarán directamente con los tiempos políticos. En la City ya proyectan escenarios y advierten sobre la variable clave que amenaza con complicar el plan oficial: la fuerte volatilidad cambiaria que históricamente desatan las elecciones primarias.

En este contexto, el consultor económico Damián Di Pace analizó durante una entrevista con BorderPeriodismo el desafío que representa el calendario electoral para el equilibrio del mercado cambiario.

El especialista puso el foco de alarma sobre el riesgo específico que traen consigo las primarias abiertas. “Es muy importante ver qué va a pasar con las PASO, si hay elecciones primarias el nivel de incertidumbre puede ser caótico, porque hay que tener en cuenta que en las PASO suele haber voto castigo. En todas las últimas elecciones, cuando hubo PASO, hubo volatilidad”, advirtió.

La preocupación del mercado responde a la magnitud del muro de vencimientos que se avecina. Entre junio de 2026 y diciembre de 2027, la Argentina enfrenta compromisos por 30.000 millones de dólares que incluyen a bonistas privados, el Club de París, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el propio BCRA.

Las necesidades de financiamiento concreto ascienden a 19.200 millones de dólares, y aunque actualmente existe un colchón de 3.700 millones, el equipo económico debe encontrar la fórmula para cubrir los casi 16.000 millones restantes. Todo esto en un escenario donde las reservas existentes no pueden tocarse y el propio FMI exige incrementarlas.

Para alcanzar esa cifra, la estrategia de Economía apunta a diversas vías de fondeo. Según palabras del propio Caputo, el proyecto contempla compras del BCRA por 6.700 millones de dólares, lo que demandará un buen nivel de liquidación de exportaciones, donde se espera que el sector energético empuje con más fuerza el año próximo.

A esto se sumarían 4.000 millones provenientes de préstamos con garantías de organismos internacionales —con otros 1.000 millones extra en plena negociación—, ingresos por 800 millones de dólares calculados por el inicio de privatizaciones, renovación de emisiones locales como los Bonares, y el único monto que hoy está 100% garantizado: un desembolso de 1.900 millones del FMI.

La urgencia por mostrar solvencia de cara al próximo año radica en evitar cualquier señal de escasez de dólares que dispare la incertidumbre cambiaria.

“Este plan financiero quiere dar previsibilidad, si el Gobierno logra brindar eso, la volatilidad la va a calmar no solo con reservas, con el swap con EEUU, con bancos y con China, nivel de intervención va a tener, pero lo importante es renegociar deuda”, detalló Di Pace, quien recordó que si en 2025 hubo estrés, una elección presidencial que defina la continuidad del modelo potenciará la tensión financiera.

Frente a este escenario que exige un equilibrio perfecto, el analista sugirió una jugada táctica de mercado para anticiparse a los temblores propios de la política si los indicadores continúan bajando. “En este plan no está contemplado que Argentina salga a los mercados internacionales, pero si se abre una ventana con un riesgo país entre 300 y 400 puntos, yo no lo pensaría, adelantaría todo esto y calmaría las ansias que generan los años electorales”, concluyó Di Pace.