El producto de Huang Xian, del tamaño aproximado de su puño, es un sensor que detecta fugas de corriente eléctrica y se inserta en los cargadores de vehículos eléctricos como medida de seguridad entre el auto y la red eléctrica.

Este dispositivo no solo simboliza la innovación y los logros del sector de alta tecnología chino, sino que también refleja una tendencia que está diezmando la producción de alta gama en todo el mundo, para desesperación de los gobiernos desde Asia hasta Europa y otros lugares.

El auge de los vehículos eléctricos ha impulsado los envíos de sensores de Huang a una cifra proyectada de 10 millones de unidades este año, frente a las aproximadamente 20.000 de 2019, cuando su empresa, Mega-Senway Electronic Technology, entró en el mercado. En aquel entonces todavía era un producto de nicho, producido por un puñado de grupos alemanes y suizos que vendían los sensores por unos 200 rmb (unos 30 dólares), o incluso más por unidad.

Mega-Senway fabricaba sus primeros sensores por unos 40 rmb cada uno y los vendía a 100, lo que le dejaba a Huang un margen de ganancias considerable. Con la llegada masiva de la competencia china, los precios comenzaron a bajar. Los grupos europeos se retiraron gradualmente del mercado. La empresa de Huang, con sede en Shanghái, ahora vende algunos sensores a solo 10 rmb la unidad. “Nunca pensamos que la caída de precios sería tan rápida”, afirma.

La trayectoria de su empresa es característica de las fuerzas económicas más amplias que están transformando la industria y el comercio globales, a medida que las empresas chinas, extraordinariamente competitivas, se expanden a una variedad de sectores con una velocidad vertiginosa.

Hace veinte años, la economía global se vio sacudida por un primer “shock chino”, cuando una ola de productos de bajo costo destruyó los modelos de negocios de los productores en las economías avanzadas; ello desplazó a millones de trabajadores y alimentó el descontento que impulsó a políticos populistas como el presidente estadounidense Donald Trump.

Ahora se está gestando un segundo shock, aún más amenazante para los socios comerciales de China: un ataque a la manufactura de alta tecnología.

La feroz competencia interna, sumada a una vasta escala industrial, una abundante reserva de talento en ingeniería y algunos de los subsidios más altos del mundo, ha generado líderes mundiales en vehículos eléctricos, paneles solares, baterías, turbinas eólicas y una lista cada vez mayor de sectores de producción avanzada.

“Las empresas que logran sobrevivir en China son imbatibles en cualquier otro lugar del mundo”, señala Huang He, inversor en Mega-Senway y en más de una docena de otros grupos industriales chinos. Los fundadores chinos deben “utilizar todos los medios posibles” para sobrevivir, lo que fomenta la competitividad sin parangón del país. “China está repleta de ingenieros; las barreras tecnológicas duran como máximo entre seis meses y un año”, apuntó.

CHINA CANTON FAIR
CHINA CANTON FAIRQilai Shen

Para Huang, de Mega-Senway, la situación se compara a un torbellino que arrastra a su empresa hacia abajo. “Esto no es saludable -protesta-. Hay una competencia feroz”.

El mundo exterior ve a campeones chinos imparables que venden productos de calidad a precios inauditos. Tras acumular un superávit comercial récord en bienes que superó el billón de dólares en 2025, China incrementó sus exportaciones en casi un 15% interanual durante el primer trimestre de 2026.

El presidente francés, Emmanuel Macron, uno de los varios líderes europeos que visitaron Pekín en los últimos seis meses, no se anduvo con rodeos al hablar de una amenaza que considera existencial. El auge de los productos chinos de alta calidad declaró, representa nada menos que una “cuestión de vida o muerte” para la industria manufacturera en su continente.

En China existe un término que describe este fenómeno: “neijuan”, o involución, que se ha convertido en sinónimo de una dinámica competitiva en la que todos compiten cada vez más a un ritmo vertiginoso con rendimientos decrecientes.

Existe una arraigada ideología en la cúpula de la jerarquía china que favorece la producción sobre el consumo”

Daleep Singh, exasesor de la Casa Blanca

Esto obliga a empresas como Mega-Senway a actuar con rapidez. Huang explica cómo debieron reducir drásticamente sus costos en apenas unos años. Primero, adquirieron la fábrica que producía los sensores que diseñaban. Luego visitaron fábricas cercanas para estudiar sus mejores prácticas.

Un operario que probaba los sensores terminados inicialmente lo hacía de uno en uno, comenta. Huang rediseñó los dispositivos de prueba para probar cuatro a la vez, luego ocho, mientras un operario cargaba y descargaba lotes constantemente. Ahora fueron reemplazados por brazos robóticos.

“Llegamos a actualizar nuestros procesos dos o tres veces al año -precisa-. La presión llegó así de rápido”.

Huang, a su vez, se ha visto obligado a incorporar más proveedores para que compitan entre sí. “Me están presionando, así que mi única opción es trasladarles la presión”, afirma. Ni siquiera los fabricantes en la base de la cadena de suministro son inmunes a la guerra de precios.

BYD, el mayor fabricante de vehículos eléctricos del mundo vio caer el precio medio de venta por auto de 143.100 rmb en 2021 a 119.223 rmb el año pasado. Nio, una de las marcas de vehículos eléctricos selectos de China, redujo el precio de su SUV insignia ES8 en aproximadamente un 20% desde su lanzamiento en 2018, a pesar de que incorporó mucha más tecnología en el vehículo.

El director ejecutivo, William Li, afirma que la reducción de costos fue una prioridad durante el rediseñó del vehículo. “En la primera generación del ES8, la estructura del vehículo utilizaba un 97,4% de aluminio, lo que resultaba muy caro -señaló-. Hoy en día, podemos lograr la misma resistencia con menos aluminio”.

Li agregó que el grupo ha internalizado la fabricación de componentes como los semiconductores y ha repatriado el suministro de piezas como la suspensión neumática, que antes se importaba de Alemania.

US President Donald Trump visits China
US President Donald Trump visits ChinaMaxim Shemetov / POOL

Desde 2018 se ha transformado toda la cadena de proveedores de China: las ventas de vehículos eléctricos nuevos son ahora cien veces mayores que entonces, por lo que los costos en toda la cadena de suministro, baterías y demás, se han reducido enormemente”, afirma.

Nio registró su primera ganancia trimestral en diciembre. Sin embargo, en la cadena de proveedores, los márgenes brutos de Huang se acercan a cero en algunos pedidos y sus clientes siguen exigiendo precios más bajos.

La situación es similar en toda la industria china, desde la química hasta la energía solar, pasando por los fabricantes de componentes para los gigantes de la automoción y la energía eólica: los volúmenes siguen aumentando, pero las ganancias se reducen o son negativas.

Esto ha impulsado a Huang y a otros empresarios chinos a considerar cuestiones más amplias como la oferta y la demanda, las estructuras de incentivos gubernamentales y la teoría de juegos, mientras intentan encontrar una salida a la implacable competencia.

“Antes podías centrarte simplemente en fabricar productos -recuerda-. Ahora todos están confundidos, y se preguntan qué está pasando realmente, por qué nos hemos visto arrastrados a una espiral descendente”.

El problema de los desequilibrios globales de ningún modo se limita a China.

La estabilidad a largo plazo de la economía mundial se ve igualmente amenazada por el enorme déficit por cuenta corriente de Estados Unidos y la necesidad del país de reducir su déficit presupuestario, impulsar el ahorro nacional y disminuir su dependencia del financiamiento externo.

Estas preocupaciones estructurales están cobrando mayor relevancia en la agenda económica internacional y fueron un tema central de las reuniones de la primavera (boreal) del FMI y el Banco Mundial en Washington DC.

Sin embargo, la fractura de la alianza occidental provocada por Trump genera pesimismo entre funcionarios de alto rango acerca de las perspectivas de cualquier intento concertado por abordar estos problemas económicos estructurales.

Pocos abrigan esperanzas de un cambio radical por parte de Pekín que reduzca su dependencia de las exportaciones.

Existe una arraigada ideología en la cúpula de la jerarquía china que favorece la producción sobre el consumo”, comentó Daleep Singh, exasesor de la Casa Blanca durante la administración de Joe Biden y actual economista jefe global de PGIM, el grupo de gestión de activos.

“China seguirá dependiendo del resto del mundo para absorber su exceso de producción, ya que el costo político interno de fortalecer a sus propios consumidores es demasiado elevado”.

Las economías europeas, incluidas las del Reino Unido, Alemania y Francia, se encuentran entre las afectadas por la oleada de exportaciones, dado que los altos precios de la energía y los costos laborales del continente las hacen particularmente vulnerables a los productos más baratos procedentes de otros países.

Por el contrario, el primer “shock” chino tuvo efectos contradictorios en Europa, ya que la electrónica de consumo, los muebles y los electrodomésticos de Pekín no competían directamente con industrias clave como las automotrices alemanas.

Ahora se ha desvanecido esa sensación de seguridad. El repunte de las exportaciones chinas en los tres primeros meses de 2026 se debió a los envíos a la UE, que aumentaron un 21,1%, y al sudeste asiático, que subieron un 20,5% interanual, incluso a pesar de la caída de las exportaciones a Estados Unidos.

Causa alarma a los gobiernos de Europa, Asia y otras regiones que los factores políticos y económicos que impulsan el aumento del superávit comercial de China se estén intensificando.

La prolongada crisis inmobiliaria del país y la debilidad de su red de seguridad social han frenado el gasto de los consumidores, lo que se tradujo en una inflación nula el año pasado y una creciente dependencia de la demanda externa para apuntalar el crecimiento.

El supuesto problema del ‘exceso de capacidad’ de China no existe realmente y no debería utilizarse como pretexto para la manipulación política”, declaró meses atrás el Ministerio de Relaciones Exteriores de Pekín en respuesta a los renovados esfuerzos de Estados Unidos por aumentar los aranceles a China.

Xi inauguró el año pasado una campaña contra la competencia desleal, con el objetivo de frenar las guerras de precios en sectores como la alta tecnología y las energías renovables.

Pero cuando los líderes chinos presentaron formalmente el plan quinquenal del país para el periodo 2026-2030, aprobaron un apoyo estatal abrumador a sectores que van desde la biofabricación hasta la robótica.

Otro factor crucial es la moneda china. La menor inflación en comparación con sus socios comerciales ha provocado una devaluación del tipo de cambio real en los últimos tres años, lo que ha impulsado las exportaciones netas y el superávit de cuenta corriente, que el año pasado se situó en el 3,7% del PBI.

El FMI estima que el tipo de cambio real efectivo del país -que mide el valor real de la moneda frente a una cesta de divisas de la competencia- está devaluado en torno a un 16%, lo que alimenta la ventaja competitiva de los exportadores chinos.

China ha mantenido la competitividad de sus exportaciones mediante la compra de dólares y la depreciación de su moneda, acumulando “reservas en la sombra” a través de una compleja red de bancos estatales.

Y, por último, pero crucial, está la política industrial de Pekín.

China cuenta con un amplio abanico de políticas para ayudar a las empresas a despegar, y los gobiernos locales, en particular, compiten entre sí para ofrecer las mejores subvenciones, terrenos baratos, financiación y exenciones fiscales con el fin de atraer a fabricantes e impulsar nuevas industrias en sus territorios.

La competencia entre localidades puede ser tan intensa que algunas empresas se trasladan de un lugar a otro en busca de subvenciones e inversión. Se las conoce como “empresas migratorias”.

Entre los sectores más prometedores se encuentra la robótica humanoide, un área que en los últimos años ha atraído una oleada de capital de riesgo y financiación gubernamental: tantas empresas emergentes han ingresado en el sector que el propio gobierno debió advertir sobre el riesgo de una burbuja.

Li Chao, portavoz del organismo estatal de planificación de China, declaró recientemente a la prensa que existen unas 150 empresas de robótica humanoide y que el número sigue creciendo. “Debemos protegernos del riesgo de que productos altamente duplicados saturen el mercado y reduzcan el espacio para la IyD”, alertó.

Sin embargo, las cifras de Li podrían subestimar la magnitud del problema. El proveedor de datos corporativos Qichacha registra 1,2 millones de empresas chinas con la palabra “robot” en su nombre o ámbito de actividad. Algunas han dado un giro recientemente, dejando atrás sectores como la cosmética, la energía verde o los semiconductores.

El fundador de una empresa de robótica en el oeste de China enumeró las subvenciones que le ayudaron a empezar: ayudas para que sus clientes compraran sus robots, subsidios para expandir su fábrica verticalmente en lugar de horizontalmente, fondos para paneles solares en el techo y almacenamiento de energía, y la categoría de “fábrica inteligente” otorgada por el gobierno provincial que aporta más beneficios.

Sus competidores reciben las mismas ayudas, afirma, lo que podría haber contribuido a la avalancha de nuevos rivales que ha obligado a bajar sus precios un 10% durante el último año. “Al mismo tiempo, no estaríamos aquí sin ellos -admite-. Los beneficios superan las desventajas”.

El sistema crea cada vez más empresas que compiten por la misma porción de la torta, indica Huang He, cuyo grupo, Northern Light Venture Capital, es inversor en Mega-Senway. Los problemas surgen cuando el dinero del gobierno destinado a fomentar las empresas se convierte en lo que las mantiene.

“Los gobiernos locales son reacios a dejar que sus empresas locales quiebren -dijo-. Por eso es tan difícil solucionar el exceso de capacidad”.

En el sistema chino, los funcionarios locales tienen todos los incentivos para proteger a sus empresas.

El impuesto al valor agregado (IVA) genera casi el 40% de los ingresos fiscales de China, y el gobierno central comparte estos ingresos con las localidades donde se fabrican los productos, lo que les otorga un interés directo en el funcionamiento de las fábricas.

El aumento de la capacidad de producción local también genera el crecimiento por el que en gran medida serán evaluados los funcionarios, en tanto despidos masivos podrían amenazar la estabilidad social, que es la principal prioridad de Pekín.

“A los funcionarios les preocupa no alcanzar las metas del PBI. A nadie le preocupa el exceso de capacidad”, afirma otro fundador, que prefiere permanecer en el anonimato. “Mientras se produzca, hay ingresos por IVA. Que un producto se venda y genere ganancias en verdad no los afecta”.

Pekín es consciente del problema. Yin Yanlin, importante asesor económico del gobierno, declaró a Qiushi, la principal revista teórica del partido, que se necesitan reformas fiscales para trasladar la recaudación del IVA del punto de producción al punto de venta.

Qiushi publicó en julio del año pasado un ensayo de gran repercusión en el que pedía el fin de la competencia desleal y acusaba a los gobiernos locales de exacerbar el problema atrayendo a los fabricantes con exenciones fiscales ilegales, subsidios y terrenos baratos, además de concentrarse en los mismos sectores de moda.

Huang, de Mega-Senway, sospecha que algunos de sus competidores pierden dinero con cada sensor que venden y se mantienen gracias a la inversión de fondos gubernamentales locales. “Conozco los costos; algunos de sus precios no son comercialmente viables”, se queja.

La consecuencia es que empresas que deberían abandonar el mercado siguen operando, sostenidas por capital gubernamental, especialmente los sectores favorecidos políticamente por China, como la energía solar o eólica, las baterías y los vehículos eléctricos.

“Los analistas suelen confundir la competitividad global de la industria manufacturera china con la eficiencia de la producción, pero son dos cosas muy diferentes”, aclara Michael Pettis, investigador sénior de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional.

“La competitividad de la industria manufacturera china depende de un tipo de cambio devaluado, financiación muy barata y salarios muy bajos en relación con la productividad”, estableció.

Un análisis reciente de la OCDE subraya el papel de las subvenciones. El estudio a escala empresaria de la industria china realizado por esta organización de 38 miembros estima que las firmas chinas reciben subvenciones entre tres y nueve veces superiores a las de sus homólogas de los países desarrollados.

Además de las subvenciones y las exenciones fiscales, los datos de la OCDE revelan que las mayores subvenciones se otorgan en forma de préstamos de bancos estatales chinos que ofrecen tasas de interés inferiores a las del mercado, lo que reduce la competencia internacional.

Si bien esta dinámica ha contribuido al dominio global de los grupos chinos, sus beneficios se están desvaneciendo. En el sector solar, el exceso de capacidad ha provocado enormes pérdidas, que, según los seis principales grupos solares chinos que cotizan en Bolsa, ascenderían en 2025 a un total acumulado de 43.000 millones de rmb.

Sin embargo, las subvenciones continúan. Una de estas seis empresas, Jinko Solar, recibió 1300 millones de rmb en subvenciones durante el primer semestre de 2025, pero aun así registró pérdidas por 3000 millones de rmb. Otra, Trina Solar, recibió cientos de millones de rmb durante el mismo periodo.

Gao Jifan, presidente y fundador de Trina, declaró al Financial Times que el gobierno debe ayudar a desmantelar la capacidad subutilizada y restablecer el equilibrio entre la oferta y la demanda en el sector.

Instó a los funcionarios a controlar los precios de sus competidores. “La clave para combatir la especulación reside en hacer cumplir las leyes que castigan la venta por debajo del costo”, afirmó.

Conforme las fábricas chinas se volcaron en la energía solar, la capacidad de producción se disparó. El país tiene la capacidad de fabricar 1200 GW de paneles solares al año, aproximadamente el doble de los 647 GW instalados en todo el mundo el año pasado, indica la Asociación China de la Industria Fotovoltaica y el centro de estudios energéticos Ember.

“¿Por qué fue posible construir una capacidad que superaba la demanda mundial en el doble en tan poco tiempo?”, preguntó Li Dongsheng, presidente del conglomerado de televisión y energía solar TCL. “La razón principal es la distorsión en la asignación de recursos y la participación inadecuada de los gobiernos locales”, declaró meses atrás en una entrevista con medios locales.

Li dice haber observado que los gobiernos locales invirtieron grandes sumas de dinero en la construcción de plantas solares durante los últimos cinco años, y en muchos proyectos aportaron más del 50% de la financiación. “Casi ninguna se construyó sin la participación de capital del gobierno local”, señaló, antes de aclarar que el gobierno central había intentado frenar las inversiones de funcionarios locales.

Vender más en el extranjero, donde los márgenes de ganancias son mayores y la competencia menos feroz, es una de las principales prioridades de muchas empresas chinas. Muchos fabricantes de autos y baterías, grupos de turbinas eólicas y de paneles solares trabajan para expandir sus ventas internacionales.

Las exportaciones chinas de vehículos aumentaron un 21% hasta alcanzar los US$ 142.000 millones el año pasado, y los envíos de baterías de iones de litio llegaron a los US$ 77.000 millones. En el caso de las celdas solares, el volumen de exportaciones se disparó un 73%, pero el desplome de los precios redujo el valor total de los envíos un 8%, hasta los US$ 28.000 millones.

John McLuskie, responsable de la división asiática del fabricante suizo de sensores de corriente LEM, dice estar preocupado por la incursión de sus competidores chinos en los mercados globales.

LEM fabrica sensores de corriente similares a los de Mega-Senway, pero que se instalan directamente en autos, baterías, paneles solares o turbinas eólicas. El principal mercado del grupo, que cotiza en Suiza, es China, pero la feroz competencia en ese país ha contribuido a que su margen de ganancias neto cayera del 19,4% en el ejercicio fiscal que finalizó en marzo de 2022 al 2,7% el año pasado.

LEM ha eliminado sus dividendos y se ha esforzado por reducir costos, sobre todo en Europa, pero sus acciones se han mantenido un 84% por debajo de su valor real en los últimos cuatro años. McLuskie afirmó que la única opción de la empresa era asemejarse más a sus competidores chinos, lo que implica aumentar el abastecimiento en la cadena de suministro de bajo costo de China y contratar a unos 30 empleados más de IyD en Shanghái.

“Necesitamos estar cerca de nuestros clientes y trabajar a su ritmo -dijo-. Tenemos que ser capaces de generar ganancias y competir aquí”. Agregó que LEM también se beneficiaría de la expansión internacional de sus clientes chinos.

La automotriz alemana Volkswagen ha llegado a conclusiones similares. El año pasado, VW inauguró una nueva sede de IyD en Hefei, que ahora gestiona toda la ingeniería de los nuevos modelos chinos y que, gradualmente, fabricará más vehículos VW para el sur global y Medio Oriente. La compañía la considera su única vía para competir con las automotrices chinas.

En este caso, y en muchos otros a nivel mundial, el impacto del segundo “shock” chino sobre la industria no hace más que intensificarse.

“Tenemos que frenar la aplanadora o ralentizarla para que nuestra industria no desaparezca de la noche a la mañana”, propone Jeromin Zettelmeyer, director del grupo de expertos Bruegel, en alusión a la capacidad de producción de Europa y sus socios.

“Pero no podemos hacerlo de una manera que sea incompatible con un futuro en el que China siga dominando la fabricación mundial -completa-. Precisamos una combinación entre amortiguar el golpe y adaptarnos a él”.

En Mega-Senway, Huang está desarrollando nuevos productos para centros de datos y busca con cautela expandir las ventas en el exterior. No quiere entrar en nuevos mercados ofreciendo precios más bajos. Cuando empezó a visitar directamente a los distribuidores en el extranjero, uno le dio un consejo directo: respetar las normas comerciales locales.

“El mensaje implícito -evocó Huang- era: por favor, no traigas esa competencia china sin fin. No vengas aquí a destruir nuestra forma de hacer negocios”.

Huang desearía poder escapar de la competencia despiadada. “Fundamos la empresa porque nos encantaba desarrollar nuevos productos -asegura-. Ahora, cada año, al revisar el presupuesto, me pregunto cuánto puedo recortar para invertir en el desarrollo de algo nuevo”.

Cuenta que en las ferias comerciales se encuentra con sus competidores, que también parecen estar desanimados. “Uno de ellos propuso que nos relajáramos un poco -recuerda-. Le dije que a mí también me encantaría relajarme. Entonces, ahí mismo, rebajó sus precios”.