

La semana dejó una noticia de peso en el frente financiero externo. El Banco Central y su par de la República Popular China acordaron renovar el swap de monedas que vincula a ambas instituciones, un instrumento que funciona como respaldo de las reservas argentinas. El acuerdo se mantuvo por un monto equivalente a unos 19.000 millones de dólares y, lo más relevante, extendió su plazo de vencimiento de tres a cinco años.
Además, sigue vigente el tramo activado a comienzos de 2023, por alrededor de 5.000 millones de dólares. En un contexto en el que la acumulación de divisas es una prioridad de cara al año electoral, contar con ese colchón asegurado por un plazo más largo constituye un alivio significativo.
La importancia del swap trasciende su magnitud nominal. Se trata de una línea que le otorga a la autoridad monetaria un respaldo adicional para enfrentar eventuales episodios de tensión cambiaria, sin necesidad de desprenderse de reservas propias. Que China haya aceptado no solo renovarlo sino estirar su horizonte temporal envía, además, una señal de continuidad en la relación financiera entre ambos países, en un momento en que la Argentina busca consolidar toda fuente de estabilidad disponible antes de que la incertidumbre propia del calendario electoral gane protagonismo.
Ese refuerzo se sumó a una buena performance de las reservas en la semana. El Banco Central cerró el viernes con 49.455 millones de dólares de reservas brutas, lo que implicó un incremento de 1.856 millones respecto de la semana anterior. Buena parte de esa mejora respondió a la recomposición de encajes, un movimiento de naturaleza técnica, pero el nivel alcanzado ubica a las reservas en una posición sólida en la comparación histórica reciente, apuntalada por el vigor del comercio exterior y por el respaldo del financiamiento externo.
El panorama de la actividad económica, en cambio, volvió a mostrar el rostro dispar que caracteriza a esta etapa. La producción industrial manufacturera creció un 0,9% mensual desestacionalizado y un 2% interanual en junio, aunque todavía acumula una caída del 2,2% en el primer semestre.
Dentro del sector, cinco de las nueve ramas relevadas se expandieron en la comparación mensual, con la refinación de petróleo, los productos químicos, el caucho y el plástico a la cabeza, tanto en el avance del mes como en el acumulado del año. Es una señal de que la industria, si bien lejos de una recuperación plena, muestra algunos focos de dinamismo ligados a la cadena energética.
La construcción, por su parte, ofreció un dato ambivalente. La actividad del sector cayó un 4,1% mensual desestacionalizado en junio, pero en la comparación interanual creció un 4%, con lo que acumula una mejora del 2,8% en el primer semestre. El retroceso mensual recuerda que la recuperación del sector sigue siendo frágil e irregular, mientras que la comparación anual, favorecida por una base baja, refleja que se parte de niveles muy deprimidos. Entre los insumos, los rubros vinculados a la terminación de obras, como la grifería, los tubos de acero y el vidrio, mostraron los mejores desempeños.

La minería continuó su marcha ascendente y volvió a destacarse entre los sectores más dinámicos. La producción minera creció un 11,4% interanual y un 1,7% mensual desestacionalizado en junio, acumulando un avance del 8,4% en el primer semestre.
El componente más pujante fue el de los minerales no metalíferos y las rocas de aplicación, con un incremento del 46,8% interanual. El sector se consolida así, junto con la energía, como uno de los motores del nuevo perfil productivo y exportador del país, en línea con la expansión que vienen mostrando los recursos naturales.
En materia de precios, la inflación de la Ciudad de Buenos Aires aportó un dato que conviene leer con matices. El índice porteño marcó un 2,9% mensual en julio y un 33,2% interanual, con Recreación y cultura, Restaurantes y hoteles y Educación como las divisiones de mayor aumento.
El componente estacional trepó con fuerza, empujado por las tarifas de alojamiento y los paquetes turísticos propios de las vacaciones de invierno. Ese peso del turismo en el índice de la Ciudad sugiere que la inflación nacional, en la que esos rubros pesan menos, podría ubicarse por debajo del registro porteño.
Las proyecciones del mercado, en tanto, incorporaron un ajuste que merece atención. El relevamiento que el Banco Central realiza entre analistas mantuvo la expectativa de inflación nacional en torno al 2% mensual para julio y proyectó un cierre de 2026 cercano al 29,8% anual, prácticamente sin cambios respecto del sondeo previo.

Pero el dato más significativo fue la revisión a la baja del crecimiento esperado, que pasó del 3% al 2,7% para 2026, con una contracción estimada para el segundo trimestre que reemplazó a la expansión que se preveía anteriormente. También se moderaron las proyecciones del tipo de cambio, con un dólar esperado en torno a los $ 1.512 para agosto y $ 1.652 para diciembre, por debajo de los valores del relevamiento anterior.
El balance de la semana deja una lectura de contrastes que resume el momento económico. Por el lado positivo, la renovación ampliada del swap con China y el buen nivel de reservas refuerzan el frente externo, precisamente el más sólido del programa. Por el lado de las cautelas, la actividad sigue avanzando de manera despareja, con la industria y la construcción todavía frágiles frente al empuje de la minería, y el propio mercado corrigiendo a la baja sus expectativas de crecimiento.
El respaldo financiero externo le compra tiempo y estabilidad a la gestión, pero la asignatura pendiente sigue siendo la misma, que es lograr que la recuperación se extienda a los sectores ligados a la demanda interna antes de que el año electoral copie por completo la escena.
















