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La inflación habría vuelto a ubicarse por debajo del 2% en julio para los grandes bancos de inversión, aunque con señales que obligan a moderar las expectativas sobre una desaceleración rápida durante la segunda mitad del año.
JP Morgan y Barclays coinciden en que el Índice de Precios al Consumidor avanzó 1,9% mensual, el mismo registro de junio, pero identifican distintos factores que podrían dificultar una nueva baja en los próximos meses.
La coincidencia entre ambos bancos internacionales en sus proyecciones ubican al IPC prácticamente sin cambios frente al 1,89% de junio. Sin embargo, detrás de esa estabilidad aparecen movimientos contrapuestos.
Y es que mientras algunos alimentos moderaron sus aumentos, las vacaciones de invierno impulsaron con fuerza los precios estacionales. A eso se suma la depreciación del peso de las últimas semanas, cuyo traslado a precios todavía podría no haberse reflejado por completo.
Para JP Morgan, incluso existe un riesgo de que el dato oficial termine por encima de su estimación. Barclays, en tanto, pone el foco en un proceso de desinflación que se volvería más lento debido a la inercia, los ajustes pendientes de precios relativos y una mayor presión sobre los bienes transables.

El riesgo de que la inflación supere el 1,9%
JP Morgan proyecta una inflación de 1,9% para julio, estable frente a junio, pero por debajo del promedio mensual de 2,2% registrado durante el segundo trimestre.
El banco considera que la principal presión provino de los precios vinculados con la recreación, que habrían aumentado 4% mensual por el efecto de las vacaciones de invierno. Ese movimiento habría interrumpido transitoriamente la desaceleración, aunque fue compensado por un comportamiento más moderado de algunos alimentos.
Según las estimaciones de JP Morgan, la carne aumentó 1,4%, las frutas frescas bajaron 0,7% y las verduras avanzaron apenas 0,6%. Como resultado, alimentos y bebidas habrían registrado una variación de 1,8%, ligeramente inferior al índice general.
La composición del IPC esperado por el banco muestra:
- Inflación general de 1,9%.
- Inflación núcleo de 1,8%.
- Precios regulados de 2,1%.
- Recreación con una suba de 4%.
- Alimentos y bebidas con un incremento de 1,8%.
El dato que genera cautela es la inflación de la Ciudad de Buenos Aires, que alcanzó 2,9% en julio. El índice porteño estuvo impulsado por un salto de 10,9% en los precios estacionales, asociado principalmente con el receso invernal.
JP Morgan realizó un ejercicio para aproximar ese resultado a la estructura del IPC nacional: al aplicar las ponderaciones utilizadas por el Indec, el dato de la Ciudad sería compatible con una inflación nacional cercana al 2,1%. Por eso, aunque mantiene su pronóstico de 1,9%, reconoce que el riesgo está inclinado al alza.
No implica necesariamente que el IPC nacional vaya a replicar el resultado porteño. Las estructuras de consumo y las ponderaciones son diferentes. Pero sí muestra que el componente estacional podría haber tenido un impacto mayor al inicialmente previsto.

Una núcleo que todavía no consolida la baja
La inflación núcleo, que excluye precios regulados y estacionales, habría subido de 1,6% en junio a 1,8% en julio, para JP Morgan.
El aumento mensual todavía sería inferior al índice general, pero muestra que el proceso de desinflación no avanza de manera lineal. Al excluir también los alimentos, la medida de inflación subyacente preferida por el banco se habría mantenido en 1,9%.
Este comportamiento resulta relevante porque los movimientos estacionales pueden revertirse una vez terminadas las vacaciones, pero la inflación núcleo refleja con mayor precisión la velocidad persistente a la que avanzan los precios.
Los regulados, por su parte, habrían aumentado 2,1%. Aunque se ubicarían por encima de la inflación general, mostrarían una desaceleración frente a los registros anteriores: su promedio móvil de tres meses habría bajado de 3,1% a 2,3%.
Barclays advierte por el dólar y la inercia
Barclays también espera una inflación de 1,9% mensual para julio. Con ese resultado, la variación interanual se mantendría en 33,5%.
El banco británico coincide con JP Morgan en el número, pero su diagnóstico mira más allá del dato mensual. Su expectativa es que la desinflación se vuelva lenta desde los niveles actuales porque la inercia y la desalineación de precios relativos pasarán a tener un peso cada vez mayor.
A esos factores se suma la depreciación que registró el peso durante el último mes y medio. Barclays considera que el movimiento cambiario debería agregar presión sobre los bienes transables, es decir, aquellos cuyos precios están más vinculados con el dólar y el comercio internacional.
La advertencia no implica que el banco proyecte un salto inmediato del IPC. El punto es que la suba del tipo de cambio puede dificultar una nueva desaceleración, especialmente si las empresas comienzan a trasladar a los precios los mayores costos de reposición.
De esta manera, la atención no estará puesta solamente en si julio marca 1,9% o unas décimas más. La variable decisiva será cuánto de la depreciación cambiaria alcanza a filtrarse hacia la inflación núcleo durante agosto y septiembre.
El dilema entre inflación y actividad
Barclays incorpora un matiz económico relevante: considera que una inflación mensual de entre 1,5% y 2% podría permitir una recuperación gradual de los salarios reales.
Si los ingresos nominales crecen por encima de ese rango, el poder adquisitivo podría recomponerse y aportar cierto impulso al consumo. Esto ayudaría a la actividad económica después del deterioro de los ingresos reales acumulado durante los meses anteriores.
Sin embargo, esa mejora tiene un límite, destaca el banco. Una recuperación más firme del consumo también podría volver más lenta la desinflación, especialmente si las empresas encuentran mayor margen para trasladar aumentos de costos.
La economía comienza así a enfrentar una etapa distinta. La primera desaceleración de la inflación estuvo favorecida por el ajuste fiscal, la contracción monetaria y la debilidad de la demanda. A medida que los salarios y la actividad intentan recuperarse, reducir cada décima adicional del IPC puede volverse más difícil.
Qué dato mirará el mercado
JP Morgan y Barclays llegan al mismo pronóstico por caminos diferentes. El primero enfatiza el salto transitorio de los precios estacionales y reconoce un riesgo de que el IPC se acerque al 2,1%.
El segundo concentra su atención en la persistencia inflacionaria y en el posible traslado de la depreciación del peso.
El mercado deberá mirar principalmente tres componentes del dato oficial:
- la inflación núcleo,
- el comportamiento de los alimentos
- y la evolución de los bienes transables.
Si el IPC general se ubica cerca de 1,9%, pero la núcleo acelera, la lectura será menos favorable de lo que sugiere el número principal. En cambio, una inflación subyacente contenida reforzaría la interpretación de que las presiones de julio estuvieron concentradas en las vacaciones de invierno y podrían disiparse en agosto.
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