“Y la nave va : Larry Fink le cantó la justa a la felliniana realidad argentina 

Hay un aspecto crucial que está por encima de las internas del oficialismo y de la oposición y es algo que el mundo no entiende y le reprocha a la Argentina: que no haya conciencia de que el timón del barco se salió de madre y que, tal como están las cosas, no existe hoy un lugar de destino posible para tan desvencijado navío.

Es más, quemado con leche en más de una oportunidad, el mundo de las inversiones privadas, sobre todo el de las extranjeras, no quiere saber nada de una nueva aventura porque, tal como visualizan las cosas, no tiene ninguna confianza de que se pueda llegar a algún puerto.

El cruel diagnóstico lo expuso hace unos días, en una charla a distancia que propició el Banco Santander, nada menos que Laurence (Larry) D. Fink, un financista de elite que podría llegar a ser el número uno del Tesoro de los Estados Unidos en la futura gestión de Joe Biden y, como tal, ocupar la silla estrella del Directorio del Fondo Monetario Internacional (FMI).

“Se ha visto mucha volatilidad en la Argentina entre el rumbo de las políticas de un gobierno a otro , explicó con mucha diplomacia el hombre fuerte de BlackRock, por otra parte titular de uno de los acreedores más voluminosos de la Argentina, al menos hasta el canje de deuda, para decir lo que todos saben: que la grieta mayor que existe en el país es netamente ideológica y que cada uno que se instala en el poder -seguramente poseído por sus propios prejuicios- trata de variar abruptamente el destino de la embarcación y empeora mucho más la situación, ya que la rueda gira alocadamente y el horizonte se pierde a cada rato. “Le va a tomar tiempo al sector privado para sentirse cómodo para estar de nuevo en la Argentina", sentenció.

La historia reciente es fiel reflejo del péndulo que marca Fink: un tiempo de heterodoxia y otro de populismo; luego, otro de ortodoxia (otro más de complejo de culpa) y vuelta al principio. Así, no hay seguridad jurídica que pueda consolidarse por lo que no resulta extraño que la Justicia, viga maestra y sostén de la institucionalidad, esté a los bandazos y se llene de grietas, subordinada como está desde hace años a los operadores de la política.

A la corta o a la larga, esta notoria debilidad impacta en la seguridad de todos los días, como ha ocurrido en las tomas de terrenos o en las incursiones de quienes se dicen mapuches, que han violentado hace unos días una Iglesia en El Bolsón. El decadente destino de la emblemática nave que retrató Federico Fellini, llena de envidias individualistas, recuerda cómo terminan las aventuras sin rumbo.   

Guzmán, empoderado

En estos términos de viaje hacia algún lugar no definido habrá que seguir de ahora en más a Martín Guzmán, quien fue empoderado para que no se diga que es un funcionario que “no funciona y para presentarle batalla a los mercados. Ya sea porque comprendió que Cristina se abrió sibilinamente del problema y lo dejó explícitamente solo o porque su imagen se ha caído demasiado, la reacción del presidente Alberto Fernández pretendió ser contundente y entonces se plantó en una línea diferente, hasta sacrificando el parecer de un amigo, el titular del Banco Central, Miguel Pesce.

Es decir que, por necesidad, el propio Presidente le ha abierto un crédito a Guzmán y hasta ha tolerado algún tipo de sublevación al respecto, ya que lo primero que ha hecho el ministro es tirar a la basura un concepto de Fernández sobre que el Gobierno no necesita un plan, aunque en realidad no consta sobre quién instruyó a quién en ese discurso.

Al respecto, esta vez Guzmán fue muy enfático cuando escribió en un comunicado de su ministerio que enviará al Congreso un proyecto de ley para desarrollar “un programa plurianual con el objetivo de estabilizar la macroeconomía. Sin dudas, se trata del Programa que exige el Fondo, el mismo que él quiere que le aprueben aún los más cerriles kirchneristas y el apuro en blanquear la cosa existía porque esta misma semana se empezará a negociar con la misión que llegará desde Washington DC.

Para enmarcar el aparente giro del gobierno sería malevolente (y ocioso) buscar en los archivos frases encomilladas que sustenten las innumerables veces que, por ideología, el kirchnerismo azotó a Mauricio Macri en los anuncios y también en el transcurso de lo que fueron cada una de sus promesas de mejora económica o, con más saña aún, en cada uno de sus traspiés.

No sólo por los calificativos usados en su momento por lo más rancio del peronismo (insensible, neoliberal, ajustador serial o arrodillado ante los designios del Fondo Monetario), todas diatribas utilizadas para denostar la aplicación de cualquier menú ortodoxo destinado a cerrar la canilla fiscal (menor emisión y menos aire del BCRA al Tesoro, suba de tasas, descongelamiento de tarifas, endeudamiento, etc.) y para darle letra a su tropa, sino también porque no le dejaron pasar una, comenzando por sobreactuar la indignación que les producía la suba del dólar y su eventual traslado a precios.

Grieta

La idea era que las propuestas del gobierno anterior no servían y que existía una vía menos dolorosa que reemplazaba cualquier ajuste, la misma que llevó al gobierno de Cristina Fernández a terminar con las dificultades económicas que terminó, cepo cambiario incluido, con el cierre de la economía, divorcio del mundo, gasto creciente, sustitución de importaciones, créditos a tasas bajas (y tasas negativas para los ahorristas) y reemplazo del sector privado por el Estado-presente, incluidos los 1,4 millones de puestos que se crearon en la Nación, las provincias y los municipios durante la docena de años K.

Cuando llegó el gobierno de Juntos para el Cambio dijo que venía a cambiar todo eso y cuando ganó Alberto Fernández, éste juró que se volvía a todo lo anterior. Nada para rescatar, todo a la basura: Finch ha sumado un punto a su favor.

La novedad es que hoy el ministerio de Economía propicia, por ahora de la boca para afuera, una receta casi con los mismos instrumentos que usaba Macri y los más radicalizados del oficialismo están silbando bajito para disimular, ante el giro que acaba de dar el ministro. Tampoco es que los ortodoxos estén del todo de acuerdo en que esto representa un cambio de postura, sino más bien creen que Guzmán se está guardando un cuchillo bajo el poncho y que aún no ha puesto sobre la mesa ninguna medida macro concreta, de las que atacan la raíz de los problemas y pueden cambiar profundamente las expectativas. En ese aspecto, suponen que la reducción de la brecha que se materializó durante la última semana fue más una concesión de los mercados para esperar a ver qué pasa con el fondo de la cuestión que algo que llegó para quedarse por convicción.  

Es notable como el ministro concita desconfianzas, entre propios y ajenos. Lo más rancio de la tropa K cree que la semana pasada Guzmán entregó tropa, bandera y banda y se rindió sin tapujos ante Paolo Rocca, Héctor Magnetto & Cia., el poderoso club de hombres de negocios que habló con él el lunes y al que el kirchnerismo considera la encarnación del mal. En esa reunión, el ministro se hizo acompañar por el sacerdote Rodrigo Zarazaga, un ex compañero de estudios en los Estados Unidos y jesuíta como el papa Francisco quien hizo centro en las cuestiones sociales, tema que el Fondo también considera y que Kristalina Georgieva se comprometió a tomar en cuenta, no sólo en el caso argentino, ante el Pontífice.

Con palabras algo diferentes a las del administrador de BlackRock, esos empresarios le preguntaron por lo mismo a Guzmán, pero fueron más al hueso: “Para ordenar la economía es necesario ordenar la política , le dijeron para sondearlo sobre la evidente grieta que existe entre el Presidente y su vice y los mandaderos del Instituto Patria que presentan proyectos en el Congreso para complicarle la vida a las empresas, como el del mayor tiempo para que un trabajador pueda declararse despedido. Y en la misma línea, en la semana se supo del rechazo que ha hecho el Senado cristinista del candidato de Procurador que propuso el Presidente, Daniel Rafecas. Y por supuesto que la reforma judicial albertista, pese a que se la reclama desde el Ejecutivo, duerme el sueño de los justos en una Comisión de Diputados. 

Contó uno de los asistentes que cuando se planteó el tema el ministro se endureció, dejó su piel de ortodoxo para cuadrarse en modo imperativo y hasta pareció que se adelantó tres días en responderle al estadounidense: “El pueblo argentino eligió a Alberto Fernández como presidente para avanzar con una visión de país que es diferente a la del gobierno anterior. Entonces, discutamos bajo los principios que rigen hacia dónde queremos llevar el país . Cuando la imposición manda no se toleran matices y el diálogo se termina: otro punto para Fink.

La política exterior, más vaivén

Otros temas que dan vueltas por estas horas hablan también de la fragilidad argentina a la hora de las convicciones, desde el costado de lo que debería ser una política exterior coherente. No se puede hablar de cómo Itamaraty subordina a los intereses de Brasil las agendas de los presidentes de ese país, ya que es un ejemplo extremo. Le costó más con Jair Bolsonaro pero lo han metido en cajas. Chile o ahora Uruguay son dos ejemplos cercanos de intereses de fondo que no cambian, aun si el signo ideológico es diferente. En cambio, en la Argentina, el vaivén pasa de apoyar a Venezuela, a decir que es una dictadura y a volver a apoyar a Nicolás Maduro; de saltar de los Estados Unidos a China o a Rusia con la misma naturalidad y esta postura, que podría ser un signo de pragmatismo se diluye cada vez que se niega todo lo demás.

Por ejemplo, la Argentina de Macri se salió de la órbita rusa y el entretejido de Cristina (y Axel Kicillof) llevó a comprarle ahora a Vladimir Putin millones de vacunas que aún no tienen certificación porque le falta la fase de prueba y verificación de efectividad en un número significativo de voluntarios. En pocas palabras no se sabe aún si sirve para proteger al futuro infectado o para evitar nuevos contagios. La revista científica The Lancet estima ese proceso en 180 días y hasta ahora Rusia parece haber invertido apenas 60, por lo que en diciembre, tal como lo prometió el Presidente, se habrán sumado recién dos terceras partes del tiempo necesario. Una vez más, Fernández se ha quedado sin red de seguridad, si la vacuna no llega este año tal como él prometió.       

Hay una más y es del propio peronismo quien, en boca de Cristina hace cuatro años decía que Donald Trump era Juan Perón reencarnado y ahora saluda a Biden con el mismo énfasis porque con mucho de desconocimiento (y con algo de ingenuidad) se cree que el futuro presidente representará a la “izquierda y que entonces el diálogo con la Argentina será mucho mejor.

En medio de este escenario, habría que considerar que si finalmente Fink se hace cargo del Tesoro él dirá lo mismo que ha dicho el otro día en el Directorio del FMI sobre la Argentina. Esta es efectivamente una situación algo extraña porque si es funcionario tendrá incompatibilidades previas, sobre todo si se considera que los bonos del canje han caído bastante en su precio en relación a setiembre y que BlackRock ha perdido mucho dinero. Esta película también es conocida: una vez más los argentinos saldrán a la caza de un chivo expiatorio que los redima del pecado de incoherencia que no se quiere reconocer.

 

Tags relacionados

Más de Columnistas

Compartí tus comentarios