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En el marco del Día Mundial del Corazón, los especialistas destacan la necesidad de incorporar hábitos saludables para prevenir las enfermedades cardiovasculares, una de las principales causas de morbimortalidad a nivel mundial.

Dentro de los factores que pueden afectar la salud cardiovascular, la hipertensión arterial ocupa un lugar central. La condición es considerada por la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) como el “asesino silencioso”, ya que puede provocar daños progresivos en el sistema circulatorio durante años sin presentar síntomas evidentes.

La magnitud de esta problemática también se refleja en los datos internacionales. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 33% de los adultos de entre 30 y 79 años padece hipertensión y, de ese grupo, un 44% desconoce que tiene la enfermedad. Esta falta de diagnóstico dificulta el acceso oportuno al tratamiento y aumenta el riesgo de desarrollar complicaciones cardiovasculares.

En la Argentina, los estudios epidemiológicos RENATA 1 y 2 revelan una prevalencia del 36,3% en la población adulta, donde menos de un tercio de las personas bajo tratamiento logra mantener sus valores de presión en rangos normales.

Frente a esta problemática, las entidades científicas enfatizan la necesidad de un enfoque integral que combine controles médicos periódicos con modificaciones sostenibles en el estilo de vida.

Las 7 recomendaciones clave de los especialistas

Para mitigar el riesgo cardiovascular y mantener la presión arterial bajo control, la SAC destacó siete pautas fundamentales para incorporar hábitos saludables a la vida cotidiana:

  • Adoptar un patrón de alimentación saludable: priorizar el consumo de frutas, verduras, legumbres, frutos secos y alimentos frescos aporta nutrientes esenciales que protegen el sistema circulatorio y previenen el sobrepeso.
  • Controlar la presión arterial con regularidad: realizar mediciones periódicas permite diagnosticar la hipertensión en etapas iniciales. Se aconseja al menos un chequeo anual en adultos sanos y un seguimiento más frecuente en personas con factores de riesgo o diagnósticos previos.
  • Mantener actividad física constante: prácticas aeróbicas regulares como caminar, nadar o andar en bicicleta mejoran la elasticidad de las arterias, optimizan la función metabólica y benefician la salud cardíaca.
  • Evitar el tabaco y moderar el alcohol: el tabaquismo acelera el deterioro del tejido endotelial y eleva el riesgo de trombosis. Por su parte, el exceso de alcohol dificulta el control de la presión y suma calorías vacías.
  • Dormir bien y gestionar el estrés: el descanso nocturno insuficiente y el estrés crónico alteran los mecanismos hormonales y nerviosos que regulan la presión. Mantener una adecuada higiene del sueño y aplicar técnicas de relajación resulta indispensable.
  • Reducir el consumo de sodio: limitar tanto la sal de mesa añadida como el sodio oculto en productos ultraprocesados ayuda de forma directa a disminuir la presión arterial y proteger la estructura vascular.
  • Cumplir estrictamente con tratamiento médico: cumplir con las indicaciones de los profesionales y no suspender la medicación recetada es clave para evitar complicaciones graves. En diversos casos, las guías clínicas aconsejan esquemas combinados para lograr metas terapéuticas de forma más rápida.

Diagnóstico preciso y abordaje personalizado

Un adecuado control de la salud cardiovascular requiere de una técnica de medición correcta.

La American Heart Association (AHA) sugiere realizar al menos dos tomas en momentos distintos y evaluar la presión en ambos brazos durante la primera consulta; una diferencia mayor a 15 mmHg entre un brazo y otro puede ser indicativo de enfermedad vascular subyacente.

Herramientas como el monitoreo ambulatorio de la presión arterial (MAPA) de 24 horas y los registros domiciliarios validados ofrecen una visión más precisa de las variaciones circadianas.

Asimismo, los profesionales subrayan la importancia de contemplar factores como la función renal, la salud del endotelio, la presencia de apnea del sueño o el uso de fármacos antiinflamatorios, los cuales pueden alterar los registros tensionales y exigir un ajuste personalizado del tratamiento a lo largo del tiempo.