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En un escenario en el que las tasas de interés volvieron a captar la atención de los ahorristas, el llamado plazo fijo “calesita” recuperó protagonismo como una estrategia que busca combinar dos objetivos que, a simple vista, parecen incompatibles: obtener el rendimiento de un plazo fijo y, al mismo tiempo, disponer del dinero con mayor frecuencia.

La modalidad no es un producto financiero nuevo ni una inversión distinta. Se trata, en realidad, de una forma de organizar los vencimientos de varios plazos fijos para que el capital no quede inmovilizado durante largos períodos. El método volvió a ganar adeptos en 2026 porque los bancos ofrecen tasas que, según la entidad, rondan actualmente entre el 16% y el 22% de Tasa Nominal Anual (TNA) para los depósitos tradicionales, mientras que los plazos fijos UVA recuperaron atractivo ante una inflación que volvió a acelerarse.

Aunque suele hablarse de “la” calesita, en realidad existen dos variantes: una aplicada al plazo fijo tradicional y otra pensada para los depósitos UVA. Ambas persiguen el mismo objetivo, aunque funcionan de manera diferente.

Qué es el plazo fijo “calesita”

La idea central consiste en escalonar los vencimientos de distintos plazos fijos. En lugar de invertir todo el dinero en una única colocación, el capital se divide en varias partes y cada una se constituye en fechas diferentes.

De esa manera, una vez que el circuito está completo, siempre habrá un plazo fijo próximo a vencer. El inversor puede retirar ese dinero si lo necesita o renovarlo para mantener la rueda en funcionamiento.

La estrategia no mejora la tasa que paga el banco, sino que optimiza la administración del ahorro al combinar rendimiento con mayor liquidez.

El plazo fijo escalonado calesita es una opción a considerar por los ahorristas.
El plazo fijo escalonado calesita es una opción a considerar por los ahorristas.Shutterstock

La calesita con plazo fijo tradicional

Es la modalidad más sencilla y la que hoy resulta más utilizada.

El procedimiento consiste en dividir el capital en varias partes iguales y abrir un plazo fijo tradicional cada día durante un período determinado. Algunos ahorristas pueden llegar a utilizar 30 colocaciones, ya que el plazo mínimo de un plazo fijo tradicional es de 30 días.

Por ejemplo, quien dispone de $ 3.000.000 puede dividirlos en 30 partes de $ 100.000 y constituir un plazo fijo diario durante un mes.

¿Qué sucede después? Cuando transcurren los primeros 30 días, comienza a vencer el primer plazo fijo. Al día siguiente vence el segundo; luego el tercero y así sucesivamente.

A partir de ese momento, el inversor tiene tres opciones cada día:

  • Retirar el dinero.
  • Renovar únicamente el capital.
  • Renovar capital e intereses para aprovechar el interés compuesto.

Si decide renovar cada vencimiento, la “calesita” nunca se detiene y todos los días tendrá un plazo fijo disponible para cobrar o reinvertir.

La principal ventaja es que el dinero nunca queda completamente inmovilizado durante un mes entero. Siempre existe una parte del capital que recupera liquidez cada 24 horas.

Como contrapartida, el sistema exige mayor organización y administrar decenas de plazos fijos simultáneamente.

La liquidez del dinero es una de las ventajas del plazo fijo calesita.
La liquidez del dinero es una de las ventajas del plazo fijo calesita.

La versión UVA: menos liquidez, pero cobertura frente a la inflación

La segunda modalidad está pensada para quienes buscan preservar el poder adquisitivo del ahorro.

A diferencia del plazo fijo tradicional, el plazo fijo UVA ajusta el capital por inflación y agrega un pequeño interés adicional. Sin embargo, exige mantener el dinero inmovilizado durante un plazo mínimo, por lo que la estrategia debe adaptarse a ese requisito.

La llamada “calesita UVA” consiste en abrir varios depósitos con fechas de vencimiento escalonadas.

Un ejemplo sencillo es dividir el capital en tres partes iguales:

  • Una colocación a 90 días.
  • Otra a 120 días.
  • Una tercera a 150 días.

Cuando vence el primer plazo fijo, se renueva nuevamente a 90 días. Un mes después ocurre lo mismo con el segundo y, al mes siguiente, con el tercero.

De esa forma, una vez completado el circuito inicial, comienza a vencer un plazo fijo UVA aproximadamente cada 30 días, manteniendo siempre la cobertura frente a la inflación. Esta modalidad fue popularizada por distintos analistas financieros durante los períodos de alta inflación y sigue siendo utilizada por quienes priorizan preservar el valor real de sus ahorros.

Plazo fijo: cuándo conviene cada estrategia

No existe una respuesta única. La calesita de plazos fijos tradicionales suele resultar más conveniente cuando las tasas nominales son elevadas y el ahorrista prioriza disponer de liquidez frecuente para aprovechar oportunidades de inversión o afrontar gastos inesperados.

La versión con plazo fijo UVA, en cambio, suele ser elegida cuando la principal preocupación pasa por proteger el capital frente a una inflación que podría superar el rendimiento de los plazos fijos tradicionales.

En ambos casos, la estrategia no garantiza una mayor rentabilidad que la ofrecida por el banco. Su principal beneficio es otro: permite administrar mejor los tiempos de vencimiento sin resignar el rendimiento propio de cada instrumento.

Los errores más frecuentes

Los especialistas suelen advertir sobre tres equivocaciones habituales.

La primera es concentrar todo el dinero en un único plazo fijo, perdiendo flexibilidad para disponer del capital.

La segunda consiste en romper la “calesita” retirando el dinero sin volver a constituir el depósito, lo que obliga a comenzar nuevamente el esquema desde cero.

La tercera es no revisar periódicamente las tasas que ofrece cada banco. Desde la desregulación del mercado, las diferencias entre entidades pueden ser importantes, por lo que comparar rendimientos antes de cada renovación puede traducirse en una mejora significativa del resultado final.