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Muchas personas invierten con el objetivo de hacer crecer su patrimonio. Sin embargo, para algunos ahorristas invertir también significa construir un capital que pueda transmitirse a sus hijos o familiares y contribuir a su futuro financiero.

En ese escenario, no alcanza con elegir buenas inversiones. La forma en que se distribuye la cartera, el nivel de riesgo que se asume y la diversificación entre distintos activos son factores clave para preservar el patrimonio en el tiempo y maximizar las posibilidades de obtener buenos rendimientos.

Cómo sería una cartera de inversiones para dejar una herencia

Para el asesor financiero Mauro Cavallo, una cartera pensada para construir una herencia debe combinar estabilidad, ingresos periódicos y crecimiento de largo plazo.

Su propuesta se distribuye de la siguiente manera:

  • 10% en liquidez: funciona como una reserva estratégica para aprovechar oportunidades cuando aparecen activos de calidad a valuaciones atractivas.
  • 50% en bonos corporativos: prioriza deuda de empresas con buena calificación crediticia, que aporta un flujo de ingresos predecible y permite construir patrimonio de forma estable y sostenida.
  • 40% en renta variable: mediante cuatro ETFs que brindan exposición a mercados completos, reducen el riesgo de depender del desempeño de una sola empresa y ofrecen costos bajos junto con un buen potencial de crecimiento en el largo plazo.

Según Cavallo, una de las principales ventajas de utilizar ETFs para una cartera heredable es la diversificación. Al replicar índices completos, permiten invertir en cientos de compañías al mismo tiempo y reducen el impacto que podría tener el mal desempeño de una empresa en particular.

Por qué las acciones pueden ser una buena herencia

Además del potencial de apreciación, las acciones presentan una ventaja práctica al momento de transmitir el patrimonio. Si una persona tiene varias acciones, simplemente puede dividirlas en partes iguales entre sus herederos. de esta manera, cada uno conserva un activo que puede seguir valorizándose con el paso del tiempo.

A diferencia de otros bienes, como un inmueble, las acciones permiten repartir el patrimonio de forma sencilla y sin necesidad de vender el activo para distribuir el dinero.

Los cinco pasos para construir una cartera de inversión

1. Definir el objetivo

El primer paso consiste en establecer para qué se invierte. No es lo mismo ahorrar para comprar un auto dentro de tres años que construir un patrimonio para la jubilación o para dejar una herencia.

Ese objetivo determinará el horizonte temporal, el riesgo que puede asumirse y la composición de la cartera.

2. Conocer el perfil de inversor

Una vez definido el objetivo, el siguiente paso es identificar el perfil de riesgo.

  • Conservador: prioriza preservar el capital y acepta menores rendimientos a cambio de reducir la volatilidad.
  • Moderado: busca equilibrar crecimiento y estabilidad, aceptando fluctuaciones moderadas.
  • Agresivo: apunta a maximizar los rendimientos en el largo plazo, incluso si eso implica atravesar fuertes caídas temporales.
Fuente: ShutterstockAndrzej Rostek

3. Definir la distribución de activos

El llamado asset allocation es una de las decisiones más importantes porque determina cuánto dinero se destina a renta fija, renta variable, liquidez y otros activos.

La distribución dependerá del objetivo y del perfil del inversor. En términos generales, cuanto mayor sea el horizonte de inversión y la tolerancia al riesgo, mayor podrá ser la participación de activos con potencial de crecimiento.

4. Elegir los instrumentos

Recién después de definir la distribución conviene seleccionar los instrumentos específicos.

Entre las alternativas disponibles aparecen bonos soberanos y corporativos, Lecaps, fondos comunes de inversión, acciones, Cedears, ETFs, instrumentos dolarizados y criptomonedas. La elección dependerá de la estrategia de cada inversor, su situación impositiva y el contexto de mercado.

5. Revisar y rebalancear la cartera

Una cartera no permanece inalterable con el paso del tiempo. Los movimientos del mercado hacen que algunos activos ganen peso y otros pierdan participación.

Por ese motivo, los especialistas recomiendan revisar la cartera cada seis o doce meses y rebalancearla cuando sea necesario para volver a la distribución original.