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La inflación volvió a mostrar señales de desaceleración en abril. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró una suba mensual de 2,6%, lo que implicó una baja de 0,8 puntos porcentuales respecto al 3,4% de marzo. De esta manera, la variación interanual se ubicó en 32,4%, mientras que el acumulado del año alcanzó el 12,3%.
En este contexto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó su último Staff Report. Allí, el organismo no solo analizó la coyuntura económica, sino que también trazó proyecciones hacia los próximos años con un dato clave: la inflación podría bajar a un dígito en 2028.
Inflación en Argentina: qué proyecta el FMI
El informe del organismo reconoce que el proceso de desinflación viene avanzando, aunque advierte que lo hará a un ritmo más gradual en los próximos meses. Entre los factores que podrían moderar esa desaceleración aparece el impacto de los precios internacionales de la energía, en un contexto global todavía volátil.

Según el Staff Report, la inflación anual cerraría en torno al 25% en 2026, por debajo del 31,5% estimado para 2025, y continuaría descendiendo hasta el 12,5% en 2027 para finalmente ubicarse en 7,5% en 2028. De cumplirse este escenario, Argentina podría volver a una inflación de un dígito por primera vez en una década.
El FMI señala que este proceso requerirá sostener políticas macroeconómicas restrictivas, fortalecer el ancla nominal y mejorar el marco monetario para consolidar la estabilidad de precios. Además, el organismo destaca que, históricamente, bajar la inflación desde niveles de tres cifras a dos suele ser más rápido que llevarla a un dígito.
La brecha con las consultoras: por qué el mercado es más cauteloso
A diferencia del escenario planteado por el FMI, el sector privado proyecta una desaceleración más gradual del ritmo de precios.
Según el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, la mediana de las consultoras estima una suba del 30,5% para 2026, que luego se reduciría al 19,9% en 2027 y al 13,3% en 2028. Aunque también prevén una tendencia a la baja, los analistas descartan que el IPC logre perforar el umbral del 10% en el corto plazo.

En diálogo con El Cronista, Damián Di Pace, director de la consultora Focus Market, explicó que estas diferencias responden a supuestos distintos sobre variables clave, como la demanda de dinero, la velocidad de circulación del peso y la magnitud pendiente de corrección de precios relativos.
Además, el economista señaló que mientras el FMI apuesta a una mayor estabilidad macroeconómica y recuperación de la demanda de pesos gracias al ajuste fiscal y monetario, las consultoras locales mantienen una visión más cautelosa por la histórica volatilidad monetaria argentina, “donde incluso con base monetaria relativamente fija la inflación puede acelerarse si aumenta la velocidad de circulación del dinero”.
“A esto se suma la incertidumbre sobre futuros ajustes de tarifas, tipo de cambio y combustibles, además del riesgo externo asociado al conflicto en Medio Oriente, que podría presionar sobre energía y costos globales, agregando tensión inflacionaria adicional”, añadió.
Qué inflación se espera a fin de año
Más allá de las proyecciones de mediano plazo, en el corto plazo, el mercado sigue monitoreando si la desaceleración se consolida en los próximos meses. Si bien los datos recientes muestran una tendencia descendente, persisten dudas sobre la velocidad a la que puede sostenerse ese proceso.

“Desde nuestra consultora proyectamos una inflación en torno al 30% anual para 2026″, indicó Di Pace. Según el economista, este dato refleja que, aún con disciplina fiscal y una base monetaria más controlada, la economía argentina seguirá enfrentando desafíos importantes.
“La nominalidad seguirá siendo alta por la inercia inflacionaria y la sensibilidad de las expectativas cambiarias, a lo que se suma un escenario internacional más incierto por el conflicto en Medio Oriente, con potencial impacto sobre energía, combustibles y costos globales que podrían limitar una desaceleración más rápida del IPC en 2026”, concluyó.
El resto de las proyecciones del FMI
Más allá de la inflación, el Staff Report incluye estimaciones sobre las principales variables macroeconómicas:
- Crecimiento (PBI): el FMI proyecta una expansión de 3,5% para 2026, impulsada por la inversión privada, las exportaciones y sectores estratégicos como energía y minería. Para 2027 prevé un crecimiento de 4% y de 3,8% en 2028.
- Resultado fiscal: el organismo estima que el superávit primario se mantendrá en 1,4% del PBI en 2026, con una mejora progresiva hasta alcanzar el 2% en 2028, apoyado en el ajuste del gasto y la reducción de subsidios.
- Sector externo: el déficit de cuenta corriente se reduciría gradualmente desde 1,1% del PBI en 2025 a 0,6% en 2028, acompañado por mejores términos de intercambio y mayor aporte exportador.
- Reservas internacionales: el Fondo prevé una acumulación de al menos USD 8.000 millones en 2026, que podría ampliarse a USD 17.000 millones hacia 2028.
Por qué el FMI quiere cambiar el índice de inflación
En el informe, el FMI también puso el foco en la calidad de las estadísticas argentinas y cuestionó la demora en la actualización del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Indec. El organismo advirtió que la metodología actual presenta limitaciones y consideró que la postergación en la publicación del nuevo índice lo vuelve menos representativo de la estructura de consumo actual.

Según el documento, “la prolongada demora en la actualización del IPC ha dejado desactualizada la metodología”, lo que dificulta un seguimiento más preciso de la evolución de los precios. En ese sentido, el FMI remarcó que si bien la cobertura general es adecuada, persisten brechas en distintas áreas que afectan la calidad de la información y la supervisión macroeconómica.
El organismo también señaló que el marco institucional del Indec necesita ser modernizado y recomendó avanzar en regulaciones alineadas con las mejores prácticas internacionales. En paralelo, recordó que el Gobierno prevé implementar el nuevo IPC una vez que el proceso de desinflación esté consolidado, aunque distintos especialistas sostienen que la actualización ya está lista desde hace meses.
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