En esta noticia
El Banco Macro puso por primera vez números concretos a una discusión que hasta ahora circulaba puertas adentro de la banca: la diferencia entre la morosidad que muestran los balances por exigencia del BCRA y la que las entidades consideran que refleja el verdadero deterioro de sus carteras.
La protesta de los bancos contra una particular regulación del Banco Central acaba de dar un paso más: la normativa obliga a una entidad a recalificar a un cliente, aunque ese cliente esté pagando normalmente su crédito, si registra un deterioro significativo con otros bancos, financieras o billeteras digitales.

Ahora el Banco Macro decidió ponerle números al problema. En su balance correspondiente al segundo trimestre, la entidad informó que su cartera irregular alcanzó el 6,25% de la cartera total, contra 5,40% en el primer trimestre y 2,06% un año atrás. Es el número que surge bajo la normativa regulatoria del Banco Central y muestra, a primera vista, un evidente deterioro de la calidad crediticia.
Pero inmediatamente después el banco introduce otro dato. Si en lugar de utilizar la definición regulatoria se toma la metodología de Pérdida Esperada y se considera como cartera SItuación 3 a los productos con más de 90 días de mora, la morosidad fue de 4,08%. La diferencia no es menor: 2,17 puntos porcentuales.
El dato aparece en su balance del segundo trimestre y vuelve a poner bajo la lupa el denominado “efecto arrastre”.
Y ahí aparece el verdadero dato político de este balance. El propio Macro advierte que la morosidad que surge de la normativa regulatoria puede ser superior a la morosidad efectiva de un cliente dentro del banco debido a las recategorizaciones obligatorias que establece el BCRA. Es exactamente el mecanismo que la banca viene cuestionando desde hace meses.
El cliente que paga, pero igual aparece como moroso
El verdadero dato político de este balance. El propio Macro advierte que la morosidad que surge de la normativa regulatoria puede ser superior a la morosidad efectiva de un cliente dentro del banco debido a las recategorizaciones obligatorias que establece el BCRA.
La regulación no es nueva. El denominado “efecto arrastre” surge de las normas de clasificación de deudores y establece que, bajo determinadas condiciones, una entidad debe recategorizar a un cliente tomando en cuenta también su comportamiento con otros acreedores.
La Comunicación A 5998, por ejemplo, contempla la recategorización obligatoria cuando existe una discrepancia de más de un nivel entre la clasificación de una entidad y la de otras dos entidades, siempre que esas acreencias representen en conjunto al menos el 40% del total informado.
Morosidad regulatoria
El objetivo del mecanismo es sencillo: evitar que un deudor que dejó de pagar en una entidad continúe siendo considerado un buen cliente por las demás. El problema, según los bancos, es que la regla también puede producir el efecto inverso.
Un cliente puede estar pagando puntualmente su préstamo con Banco Macro, pero si su situación empeora con otros bancos y se cumplen las condiciones previstas por la regulación, Macro debe recategorizarlo. Para los registros regulatorios, ese cliente pasa a tener un deterioro mayor aunque el crédito de Macro continúe siendo atendido normalmente.
Por eso el banco hace una distinción que hasta ahora había sido fundamentalmente parte del debate privado del sistema financiero: una cosa es la morosidad regulatoria y otra la que surge de observar exclusivamente el comportamiento de los clientes con la propia entidad.
El objetivo del mecanismo es sencillo: evitar que un deudor que dejó de pagar en una entidad continúe siendo considerado un buen cliente por las demás. El problema, según los bancos, es que la regla también puede producir el efecto inverso.
El balance del Macro convierte esa discusión en un número. Porque la morosidad “inflada” obliga al banco a establecer un ratio de cobertura mucho más alto. Este ratio mide el nivel de protección que tiene una entidad financiera frente a los préstamos que no cobran o presentan alto riesgo de impago.
Costos para los bancos
Indica qué porcentaje de la cartera morosa está respaldado por dinero reservado (provisiones). Cumpliendo la normativa del BCRA, el ratio de cobertura, informó ayer el Macro, es de 148,8%. Midiendo la morosidad “real”, ese ratio cae a 95,4%. En otras palabras, hay una inmovilización exagerada de pesos.
Los bancos no están diciendo que la mora no haya aumentado. De hecho, el Macro reconoce un deterioro. Lo que cuestionan es que el indicador regulatorio sea suficiente para medir cuánto se deterioró realmente la cartera de cada banco. Y el detalle de la composición del crédito agrega otra capa al análisis.
La cartera comercial irregular del Macro incluso mejoró: pasó de 1,34% a 0,85%, una caída de 49 puntos básicos. El problema está concentrado en el crédito a consumidores. Allí la morosidad pasó de 6,92% a 8,42% en apenas un trimestre: una suba de 150 puntos básicos. Una de las razones por las que el Macro tiene un ratio de morosidad menor al promedio del sistema es que, como agente financiero de las provincia sde Salta, Jujuy, Misiones y Tucumán, puede dar préstamos a empleados públicos provinciales bajo el mecanismo “código de descuento”, es decir, que descuenta la cuota de la cuenta salarial.
Es decir, hay un problema real de mora, especialmente en el crédito de consumo. Pero, al mismo tiempo, el propio balance muestra que la magnitud del deterioro cambia sustancialmente cuando se elimina el efecto de las recategorizaciones que exige la normativa.
Y esa distinción es la que empieza a adquirir relevancia económica. Más mora en el papel, más previsiones y menos crédito. Cuando un banco debe recategorizar a un cliente, también debe constituir previsiones acordes con el riesgo que determina la regulación. Eso afecta el resultado, el patrimonio y el capital disponible para prestar.
Hay un problema real de mora, especialmente en el crédito de consumo. Pero, al mismo tiempo, el propio balance muestra que la magnitud del deterioro cambia sustancialmente cuando se elimina el efecto de las recategorizaciones que exige la normativa.
En su balance, Macro informó un ratio de cobertura de 95,39% si se mide sobre la cartera irregular determinada bajo la normativa regulatoria del BCRA.
Pero cuando la cobertura se calcula sobre Stage 3, es decir, sobre los créditos con más de 90 días de mora, el ratio salta hasta 148,8%.
La diferencia vuelve a mostrar cuánto cambia la fotografía según la definición utilizada.
Y ocurre justamente cuando la morosidad dejó de ser un problema marginal para convertirse en uno de los principales temas del negocio financiero. Después de años en los que el riesgo crediticio estuvo relativamente oculto detrás de una combinación de inflación, tasas reales negativas y liquidez abundante, el cambio de régimen monetario volvió a colocar la calidad de las carteras en el centro de la discusión.
Ahora los bancos tienen un incentivo mucho mayor para discutir cada punto de mora. Porque cada punto porcentual no es solamente una estadística. Puede significar más previsiones, menos capital disponible, menor capacidad de otorgar crédito y, finalmente, tasas más altas para empresas y familias.
¡Queremos conocerte!
Registrate sin cargo en El Cronista para una experiencia a tu medida.















