En esta noticia
Vaca Muerta no para de demostrar su capacidad para producir más petróleo y gas. Pero el nuevo reto es lograr que todo ese volumen pueda salir de la Cuenca Neuquina, llegar a los puertos y encontrar compradores en el exterior.
Durante años, la infraestructura fue uno de los principales límites para el desarrollo de los recursos no convencionales. Ahora, mientras las petroleras aceleran la perforación de nuevos pozos, avanzan grandes proyectos de oleoductos, gasoductos, plantas de procesamiento y terminales de exportación.
El objetivo es que el crecimiento de la producción no quede limitado por la capacidad de transporte. Y, sobre todo, convertir un recurso energético de enorme escala en una fuente permanente de dólares para la Argentina.
“Vaca Muerta no crece solamente perforando pozos. Necesita ampliar simultáneamente oleoductos, gasoductos, plantas de tratamiento, estaciones compresoras, tanques, terminales portuarias y plantas de licuefacción”, explicó a El Cronista Ignacio Rovira, geólogo especialista en recursos naturales.
Por eso, detrás del boom energético se está construyendo una segunda gran industria: la infraestructura necesaria para llevar los hidrocarburos argentinos al mundo.
El cuello de botella detrás de los pozos
El desafío logístico de Vaca Muerta no empieza cuando el petróleo sale del pozo. Para que un yacimiento pueda aumentar su producción necesita mover enormes cantidades de arena, caños, cemento, maquinaria y otros insumos. Y a medida que crece la cantidad de pozos, también aumenta la presión sobre las rutas y el transporte de cargas.
Uno de los proyectos que busca anticiparse a ese problema es una nueva conexión ferroviaria que tendría a Añelo como uno de sus puntos centrales y que avanzaría hacia los puertos del Atlántico.
La iniciativa, impulsada por TBSA, contempla una red de aproximadamente 1.000 kilómetros que conectaría las principales áreas productivas con terminales portuarias de Río Negro y Bahía Blanca. De ese total, el tramo central entre Vaca Muerta y el mar tendría unos 700 kilómetros.
El esquema incluiría grandes nodos logísticos en lugares como Rincón de los Sauces, Malargüe, Campo Grande y Paso Córdoba, además de conexiones con los puertos de San Antonio Este y Punta Colorada.
La necesidad de una alternativa al camión se vuelve especialmente evidente con la arena utilizada en la fractura hidráulica. Según explicó Rovira a El Cronista, cada pozo no convencional requiere entre 11.000 y 15.000 toneladas de arena y la demanda anual podría llegar a 15 millones de toneladas.
Actualmente, más del 80% de esa arena proviene de Entre Ríos y debe recorrer alrededor de 1.200 kilómetros hasta Vaca Muerta. El geólogo estima que el transporte por carretera tiene un costo cercano a u$s 185 por tonelada, mientras que un esquema multimodal podría reducirlo hasta unos u$s 50.
La propuesta busca que el tren no reemplace al camión, sino que ambos sistemas funcionen de manera complementaria. El ferrocarril cubriría los trayectos de mayor distancia y los camiones quedarían como pieza clave para la llamada última milla.
El proyecto también apunta a evitar que las formaciones regresen vacías. La idea es que el viaje hacia Vaca Muerta pueda llevar arena e insumos y que el regreso transporte minerales y productos regionales desde Mendoza, Río Negro y otras zonas conectadas con la red.
De concretarse, la iniciativa tendría un alcance que va mucho más allá del abastecimiento de Vaca Muerta: podría convertirse en una red logística para integrar producción energética, minera, industrial y agropecuaria con los puertos del Atlántico.
El proyecto todavía debe completar distintas instancias administrativas y obtener las autorizaciones y concesiones correspondientes en las jurisdicciones involucradas. La propuesta plantea que la infraestructura sea financiada con capital privado y operada mediante una concesión de largo plazo.
Vaca Muerta Oil Sur
Una de las obras más importantes es Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), el proyecto que conectará la Allen con una nueva terminal de exportación en Punta Colorada, Río Negro.
El oleoducto tendrá casi 600 kilómetros y una capacidad de hasta 550.000 barriles diarios, con posibilidad de ampliarla a 700.000. El proyecto también contempla una terminal de carga, monoboyas y una playa de almacenamiento.
La obra apunta a convertirse en una nueva salida directa al Atlántico para el petróleo de Vaca Muerta. La terminal de Punta Colorada permitirá cargar buques de gran porte y, de esa manera, ampliar la capacidad exportadora argentina.
El cronograma prevé que la primera etapa comience a operar hacia fines de 2026, con una capacidad inicial de evacuación de 190.000 barriles diarios de petróleo, un hito que puede cambiar la escala del negocio exportador de la Cuenca Neuquina.
“El puerto, por lo tanto, no es necesariamente el destino final: es el punto donde el petróleo pasa del sistema terrestre a la logística marítima para llegar a una refinería del exterior”, explicó Rovira.
Duplicar Plus
VMOS no será la única vía para sacar petróleo de Vaca Muerta. Oldelval lleva adelante Duplicar Plus, una obra que busca ampliar de manera significativa la capacidad del sistema existente entre Allen, en Río Negro, y Puerto Rosales, en Buenos Aires.
El proyecto contempla 525 kilómetros de nuevos ductos paralelos a los existentes y una inversión estimada en u$s 1.400 millones. De acuerdo con Oldelval, la ampliación permitiría ampliar la capacidad de exportación de petróleo del país en 300.000 barriles diarios, lo que equivaldría a unos u$s 8.000 millones anuales.
Pero la red también necesita crecer dentro de la propia Cuenca Neuquina. En ese punto aparece Duplicar Norte, el nuevo oleoducto de 207 kilómetros entre Auca Mahuida y la estación de bombeo Allen. El ducto comenzará a operar hacia fines de 2026, con una capacidad inicial de 220.000 barriles diarios, que se ampliará progresivamente hasta alcanzar los 500.000 barriles por día en 2027.
El salto del petróleo también depende de producir más
La infraestructura de transporte no sirve si no existe producción suficiente para llenarla. Por eso, junto con los grandes oleoductos, las compañías están acelerando inversiones directamente en los yacimientos.
Uno de los casos más importantes es Rincón de Aranda, de Pampa Energía, que fue aprobado bajo el RIGI en julio de 2026. El proyecto contempla una inversión de u$s 4.522 millones, la perforación de 259 pozos y una planta de tratamiento con capacidad para procesar 44.000 barriles diarios de petróleo. También incluye oleoductos, gasoductos y obras para el tratamiento del agua de fractura.
La apuesta muestra cómo la nueva etapa de Vaca Muerta no se limita a ampliar la producción. Cada nuevo desarrollo necesita sus propias plantas, ductos y conexiones para poder incorporarse al sistema.
Southern Energy
El gran salto exportador, sin embargo, puede llegar por el lado del gas.
Hoy Vaca Muerta ya permite abastecer una parte creciente de la demanda interna y exportar por gasoducto, principalmente hacia Chile. Pero el verdadero cambio de escala aparece con el GNL, porque permite llevar el gas argentino a mercados que no están conectados por ductos.
El primer proyecto que apunta a abrir esa puerta es Southern Energy, que instalará dos unidades flotantes de licuefacción en el Golfo San Matías, provincia de Río Negro.
El primer buque, Hilli Episeyo, comenzará a operar en el último cuatrimestre de 2027 y tendrá capacidad para producir 2,45 millones de toneladas anuales de GNL. El segundo, Esperanza, aportará otros 3,5 millones de toneladas anuales y está previsto para fines de 2028.
“En conjunto podrán producir alrededor de seis millones de toneladas anuales de GNL y consumir unos 27 millones de metros cúbicos diarios de gas”, explicó Rovira.
La iniciativa demandará una inversión superior a u$s 15.000 millones a lo largo de su vida y podría generar exportaciones por más de u$s 20.000 millones.
Además, Southern Energy ya cuenta con contratos de venta de largo plazo. En marzo de 2026, cerró con la alemana SEFE un acuerdo para vender 2 millones de toneladas anuales durante ocho años, a partir del inicio de operaciones del primer buque.
Argentina LNG
La apuesta todavía mayor es Argentina LNG, impulsada por YPF, Eni y XRG.
“El proyecto contempla áreas específicas de producción, un nuevo gasoducto y unidades flotantes de licuefacción, con una capacidad proyectada de hasta 18 millones de toneladas anuales”, indicó el geólogo.
En agosto de 2026, el proyecto solicitó su adhesión al RIGI con una inversión estimada en u$s 51.000 millones, lo que lo convertiría en la mayor inversión privada de la historia argentina. La decisión final de inversión está prevista para fines de 2026.
En paralelo, las compañías entraron en la etapa final de estructuración de un financiamiento de entre u$s 14.000 millones y u$s 16.000 millones para avanzar con la iniciativa.
TGS construye un nuevo gasoducto
Transportadora de Gas del Sur (TGS) avanza con un proyecto de u$s 3.000 millones para procesar líquidos del gas natural proveniente de Vaca Muerta. La iniciativa incluye un gasoducto de segregación de unos 100 kilómetros, nuevas instalaciones en Tratayén, un poliducto hasta Bahía Blanca, una planta de fraccionamiento y almacenamiento, además de obras en la terminal marítima para exportar los productos.
La compañía prevé que el proyecto entre en operación en 2030 y alcance una producción anual de 2,7 millones de toneladas de líquidos de gas natural (LGN), con un potencial de exportaciones de unos u$s 1.200 millones al año.
El proyecto también apunta a resolver un problema que puede aparecer con el crecimiento del shale oil: el gas asociado que se produce junto con el petróleo.
Como explica Rovira, después de salir del pozo, el hidrocarburo debe separarse y recibir distintos tratamientos. El petróleo se acondiciona para entrar a los oleoductos, mientras que el gas debe procesarse antes de incorporarse a la red.
Por eso, la infraestructura de procesamiento será tan importante como los ductos.
Una nueva etapa para Vaca Muerta
El desafío que enfrenta Argentina ya no es demostrar que Vaca Muerta tiene recursos. La formación neuquina ya demostró que puede producir petróleo y gas a gran escala.
El desafío ahora es construir todo lo que existe alrededor del pozo. “Sin esa infraestructura, una parte del recurso puede quedar bajo tierra simplemente porque no existe capacidad suficiente para transportarlo hasta el mercado”, resumió Rovira.
La secuencia que se está armando es, en definitiva, mucho más grande que una serie de obras aisladas. Los nuevos pozos alimentan las plantas de tratamiento; las plantas conectan con los oleoductos y gasoductos; los ductos llevan los hidrocarburos hasta los centros de procesamiento y los puertos; y desde allí el petróleo y el GNL pueden viajar hacia los mercados internacionales.
El resultado buscado es que Vaca Muerta deje de ser solamente uno de los grandes reservorios de hidrocarburos del mundo y se convierta en una plataforma exportadora capaz de generar divisas durante décadas.
¡Queremos conocerte!
Registrate sin cargo en El Cronista para una experiencia a tu medida.














