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El Gobierno retomó la discusión sobre los impuestos que más encarecen la producción argentina. El ministro de Economía, Luis Caputo, convocó a los gobernadores para avanzar con la eliminación de Ingresos Brutos provincial y municipal, un compromiso que figura en el entendimiento con el Fondo Monetario Internacional y que prevé reducir de manera gradual los tributos considerados distorsivos.

En ese marco, Martín Caranta, consultor tributario de empresas y personas humanas en Lisicki, Litvin y Abelovich y autor del libro “Impuesto sobre los Ingresos Brutos. Un enfoque integral”, analizó en diálogo con El Cronista cuáles son los impuestos que más distorsionan la economía argentina y qué condición debería cumplirse antes de poder eliminarlos.

Cuáles son los peores impuestos de Argentina

Caranta explicó que los impuestos más distorsivos son aquellos que “no existen en otros países, con lo cual no los tienen nuestros competidores y a su vez causan efectos distorsivos en la economía”. En esa lista incluyó al “impuesto al cheque, Ingresos Brutos, tasas municipales y sellos”.

Sobre por qué estos tributos son más dañinos que otros, explicó que “se cargan a toda la cadena de valor y cuando se producen exportaciones se terminan exportando dentro del costo de estos impuestos, no hay recupero de estos impuestos como sí existe frente al IVA”. Y agregó que tienen “un efecto acumulativo: el impuesto se paga en una etapa, forma parte del costo para la etapa siguiente, y así sucesivamente”.

“Lo más complicado es que son impuestos que no están en otros países, con lo cual es costo argentino”, resumió. Por eso, dijo, “eso impide que nuestras empresas compitan en el mercado interno con los productos importados, porque no los tienen, pero también que compitan en el mercado externo con el resto del mundo que tampoco tiene estos impuestos”.

"En Ingresos Brutos es donde existe una suerte de anarquía porque todas las provincias tienen potestad", dice Caranta.
"En Ingresos Brutos es donde existe una suerte de anarquía porque todas las provincias tienen potestad", dice Caranta.

Sobre el orden de prioridades, Caranta consideró que “ya se ha hecho bastante con el impuesto al cheque” al permitirse su cómputo a cuenta de otros tributos para ciertas empresas, aunque aclaró: “No alcanza, pero algo se ha hecho”.

Ingresos Brutos y los sectores que más lo sufren

El caso más urgente, según dijo, es Ingresos Brutos, “donde existe una suerte de anarquía porque todas las provincias tienen potestad” para fijar sus propias alícuotas. Caranta comparó la situación actual con la de los años 90 y señaló que “con el pacto fiscal, la actividad industrial primaria estaba exenta, la actividad mayorista tributaba el 1% y la minorista y de servicios entre el 3% y el 3,5%. Hoy la actividad mayorista y la minorista están tributando alrededor del 5% al 5,5%”. Sobre esos niveles, fue categórico: “Estos impuestos son totalmente abusivos”.

Para Caranta, ese salto no fue casual: “El impuesto subió a lo largo de los años, lo que representa aproximadamente cuatro puntos del PBI, pero también subió porque subieron los gastos de las distintas provincias, subió el gasto público provincial”. Por eso remarcó que “para que esto pueda ser algo concreto, necesariamente hay que atender al gasto público”.

Según un análisis de IDESA, de los cinco impuestos que más recaudan en el país, tres, como el impuesto al cheque, los derechos de exportación e Ingresos Brutos.
Según un análisis de IDESA, de los cinco impuestos que más recaudan en el país, tres, como el impuesto al cheque, los derechos de exportación e Ingresos Brutos.

Con la estructura vigente, Caranta identificó a la industria, los servicios y el comercio como los sectores más castigados. “Está todo siendo muy complicado, justamente porque forma parte del costo argentino”, explicó. Y ejemplificó: “Un producto que se vende acá versus comprarlo por alguna plataforma digital es más barato, porque no tiene el costo argentino”. Por eso, concluyó, “hoy principalmente el comercio está siendo muy afectado porque pierde competitividad con los productos importados”.

El diagnóstico de Caranta coincide con el de varios organismos técnicos. Según un análisis de IDESA, de los cinco impuestos que más recaudan en el país, tres, como el impuesto al cheque, los derechos de exportación e Ingresos Brutos, son considerados extremadamente distorsivos y entre los tres explican aproximadamente un tercio de la presión tributaria total.

La OCDE también dio ese diagnóstico y recomendó avanzar hacia una reforma integral que reduzca la cantidad de tributos y amplíe las bases imponibles.

Eliminar Ingresos Brutos: ¿se puede?

Una de las alternativas que circula dentro del propio Gobierno es remplazar Ingresos Brutos por un esquema de IVA dual entre Nación y provincias, en línea con los lineamientos discutidos con el FMI.

En paralelo, este año la Ciudad de Buenos Aires redujo la carga del impuesto de Sellos en la compraventa de inmuebles y eliminó el tributo sobre el financiamiento de tarjetas de crédito.

A pesar de estos cambios puntuales, Argentina todavía mantiene 150 tributos entre impuestos, tasas y contribuciones repartidos entre Nación, provincias y municipios, de los cuales apenas seis explican el 85% de toda la recaudación.

Consultado por este medio sobre cuál sería el reemplazo más adecuado, Caranta barajó la alternativa de un IVA Provincial: “Sin dudas es una solución superior desde lo técnico porque evita la acumulación entre las distintas etapas en la cadena de producción”, afirmó. Sin embargo, aclaró que la transición no es sencilla, ya que “hay países que hicieron algo así y han demorado diez años en la transición”.

Caranta insistió en que el problema no se resuelve solo con cambiar o bajar un impuesto, sino "también de atender la causa del aumento del impuesto, que es el gasto público“. “El aumento del impuesto de los Ingresos Brutos es la consecuencia de algo que causó ese mal, que fue el aumento del gasto público provincial a lo largo de los años”, sostuvo.

Como esquema de transición, Caranta propuso: “Se podría pensar en bajar el gasto público y bajar las alícuotas, retrotrayéndolo todo a lo que era el pacto fiscal de los 90, donde la actividad primaria y la industrial estaban exentas, la mayorista tributaba un punto y la minorista tres puntos”. Y agregó que de esa forma “el impuesto se va acercando en sus efectos económicos a lo que es un impuesto sobre la última etapa”, algo que consideró “una muy buena transición para llegar a un impuesto de la última etapa”.

“Veo muy difícil modificar la estructura tributaria provincial si antes no se logra el equilibrio fiscal, lo cual implica bajar el gasto público”, consideró el tributarista sobre el rearmado del mapa impositivo de Argentina.