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Durante décadas, Irlanda fue considerada una de las economías más rezagadas de Europa Occidental. Sin embargo, en poco más de una década logró transformar su estructura productiva, atraer inversiones, aumentar sus exportaciones y superar el promedio de PIB per cápita de la Unión Europea.

Ese proceso, conocido como el “Tigre Celta”, comenzó a tomar forma a fines de los años ’80 y se consolidó durante los ’90 y principios de los 2000. Entre 1991 y 2003, la economía irlandesa creció a un promedio anual del 6,8%, con un pico del 11,1% en 1999.

Con el paso de los años, el despegue irlandés se cristalizó gracias a una combinación de factores: disciplina fiscal, una política de bajos impuestos corporativos para atraer inversión extranjera directa, apertura comercial y orientación de la economía hacia las exportaciones.

A eso se sumaron una fuerte inversión en educación y capital humano, el desarrollo de sectores tecnológicos y de servicios de alto valor, y un pacto social entre el Gobierno, los sindicatos y los empresarios que permitió sostener las reformas durante casi una década.

Este fenómeno retoma un informe reciente de la consultora DC, el cual realiza una comparación entre el “milagro económico” irlandés y la Argentina actual.

El contraste aparece en un momento particular para la gestión de Javier Milei: tras sus primeros 1000 días al poder, marcados por una fuerte desregulación estatal y la política de la “motosierra” para sostener a todo o nada el superávit fiscal, la economía no logra despegar, los ingresos se mantienen “planchados” y la inversión, el empleo formal y el desarrollo sostenido aún no aparecen en el mapa como factores de peso.

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Es que, hoy, la Argentina muestra un crecimiento dispar, con sectores muy golpeados y otros con resultados alentadores: mientras Oil & Gas empieza de a poco a ver los frutos de Vaca Muerta, minería continúa creciendo de la mano del RIGI y el agro goza de una buena cosecha con precios internacionales competitivos; la industria y la construcción -grandes generadores de empleo, a diferencia de los “ganadores”- no levantan cabeza.

Pese a que el último Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) marcó un incremento interanual del 2,7% para la actividad en junio, con una suba mes a mes del 0,8%, las principales consultoras ya estiman para julio una caída de alrededor de medio punto porcentual que profundizaría la tendencia “serrucho” del indicador.

Frente a este impasse económico, DC contrastó el proceso irlandés con las posibilidades de Argentina a futuro: ¿qué puede tomar la gestión de Milei del “Tigre Celta”? ¿En qué se diferencian?

Argentina crece, pero la inversión todavía no acompaña

Más allá del movimiento de la economía mes a mes, un dato de fondo que alerta al Gobierno en el último relevamiento del PBI es que la formación bruta de capital fijo -en criollo, la inversión- cayó 11,6% interanual durante el primer trimestre. En la comparación desestacionalizada contra el cuarto trimestre de 2025, la inversión retrocedió otro 1,7%.

Esto marca una diferencia central respecto del proceso irlandés. Es que, en Irlanda, el crecimiento se apoyó en la llegada de inversión extranjera directa, el desarrollo de sectores exportadores y la instalación de empresas tecnológicas y de servicios de alto valor.

En Argentina, en cambio, el crecimiento del primer trimestre estuvo impulsado principalmente por las exportaciones, que aumentaron 9,8% interanual, y por el consumo privado, que avanzó 2,7%, mientras la inversión cae pese a la apuesta desreguladora del Gobierno y la puesta en marcha del Régimen de Incentivo para las Grandes Inversiones (RIGI).

Este dato es especialmente relevante para Milei y su equipo económico, que aseguran que Argentina crecerá de la mano de un boom inversor en el país atado no solo a Vaca Muerta, el agro y la explotación de recursos naturales, sino también a la Economía del Conocimiento y sectores “novedosos” en el país como la IA, la energía nuclear, los semiconductores o la biotecnología.

En este marco, el Gobierno ya se prepara para una nueva edición del “Argentina Week”, esta vez en el Reino Unido, en busca de atraer inversiones del exterior, la zanahoria más difícil pero provechosa que puede alcanzar Milei.

Qué hizo Irlanda para convertirse en el “Tigre Celta”

El caso irlandés no se explica únicamente por una reducción de impuestos y la llegada de inversiones. La estrategia combinó varios elementos que se reforzaron entre sí.

El primero fue una política de impuestos corporativos bajos, utilizada como herramienta para atraer empresas multinacionales. El segundo fue una fuerte orientación hacia la exportación, que permitió que la economía dejara de depender exclusivamente de su mercado interno.

A esto se sumó una inversión sostenida en educación y capital humano. Irlanda no solo buscó atraer empresas: también desarrolló una fuerza laboral capacitada para incorporarse a actividades tecnológicas, industriales y de servicios de alto valor agregado.

El tercer elemento fue político. El ajuste iniciado en 1987 bajo el denominado Programa de Recuperación Nacional incluyó acuerdos entre el Gobierno, los sindicatos y los empresarios. La moderación salarial fue pactada y no impuesta unilateralmente, lo que permitió sostener el programa durante varios años.

Ese consenso fue clave porque los resultados no aparecieron de inmediato. El proceso necesitó entre siete y diez años para mostrar señales contundentes. El boom se consolidó recién entre 1994 y 1999, después de un largo período de reformas y estabilización.

Así, tal como detalla el informe comparativo de DC Consultores, Irlanda pasó de ubicarse en torno al 90% del PIB per cápita promedio europeo en 1995 a alcanzar el 145% en 2007.

¿Cómo emigrar a Irlanda en 2025? fuente: archivo.
¿Cómo emigrar a Irlanda en 2025? fuente: archivo.

El potencial argentino: recursos, exportaciones y energía

En el espejo de este ejemplo, Argentina puede rescatar factores positivos: hoy, el país cuenta con activos que pueden convertirse en motores de crecimiento. El campo, la minería, el petróleo, el gas, la energía y la economía del conocimiento forman parte de una plataforma productiva con capacidad para generar dólares, empleo e inversiones.

Sin embargo, tener recursos no garantiza por sí mismo un proceso de desarrollo. Para que ese potencial se transforme en inversión permanente, Argentina necesita resolver obstáculos que el propio sector privado identifica como determinantes.

Según el relevamiento de DC Consultores, el principal problema para atraer inversiones es el sistema impositivo, mencionado por el 43,5% de los encuestados. En segundo lugar aparece la confianza institucional, con el 31,7%. Más atrás quedan la burocracia estatal, con el 11,3%, y el capital humano y político, con el 11,2%.

La demanda de una reforma tributaria también aparece con claridad. El 31,7% considera prioritario reducir la carga fiscal para producir, mientras que el 46,3% reclama una reactivación basada en más inversión privada.

La sociedad argentina acepta el rumbo, pero exige resultados

El informe comparativo encuentra una coincidencia relevante entre el humor social argentino y algunos pilares del modelo irlandés.

El 57,4% de los encuestados elegiría bajar impuestos para atraer inversión privada, aun sabiendo que los resultados podrían tardar, tal como pasó en la nación europea. Esa opción se impone frente a alternativas como reclamar más coparticipación, explotar más recursos provinciales o tomar deuda.

Además, el 55,3% considera que el país va por el camino correcto, aunque el proceso implique costos. El dato muestra que todavía existe una licencia social para sostener el rumbo económico.

Pero esa tolerancia convive con una demanda cada vez más concreta de resultados. En julio, el 42,8% consideraba que la situación ya había superado el límite y que “no aguantaba más”, mientras que solo el 26,2% creía que ya se estaban viendo resultados.

Pese al superávit y el plan del Banco Central (BCRA) para engrosar las reservas, el indicador no logra romper el piso de los 500 puntos.
Pese al superávit y el plan del Banco Central (BCRA) para engrosar las reservas, el indicador no logra romper el piso de los 500 puntos.AP Photo/Matilde Campodonico

La diferencia con Irlanda aparece justamente en los tiempos. La economía irlandesa necesitó varios años para que el crecimiento se volviera visible para amplios sectores de la población. Argentina, en cambio, enfrenta una sociedad con menor margen de paciencia después de años de inflación, recesión y pérdida del poder adquisitivo.

La diferencia clave: consenso de Estado frente a liderazgo personal

La mayor distancia entre ambos procesos no es económica, sino política, y es la razón por la que los mercados ya “temen” al 2027 por tratarse de un nuevo año electoral.

Es que, mientras Irlanda logró que su estrategia de desarrollo sobreviviera a distintos gobiernos y se convirtiera en una política de Estado, Argentina todavía tiene un modelo fuertemente asociado a la figura de Javier Milei.

Según DC Consultores, el 57,1% cree que el impulso del modelo de desarrollo depende personalmente del Presidente. Milei aparece muy por encima de Axel Kicillof, mencionado por el 20,8%, y de otros dirigentes, que reúnen el 22,1%.

En Irlanda, el consenso permitió atravesar los años en los que todavía no había resultados definitivos. En Argentina, la confrontación política continúa siendo uno de los principales obstáculos. El 29,9% de los encuestados señala la falta de acuerdos políticos y la confrontación constante como la principal debilidad del Gobierno.

La experiencia irlandesa deja una conclusión clara. La baja de impuestos y la apertura pueden atraer capital, pero no alcanzan por sí solas. También se necesita estabilidad macroeconómica, reglas previsibles, inversión en educación, infraestructura y un acuerdo político que permita sostener las reformas más allá de un ciclo electoral.

El 57,4% que acepta esperar resultados a cambio de atraer inversión privada muestra que la sociedad argentina puede estar dispuesta a transitar un camino de transformación. Pero ese apoyo no es ilimitado.