Argentina y Brasil son los dos países agroindustriales más importantes de la región. Pero con una diferencia: mientras que Brasil multiplicó su producción agropecuaria en las últimas décadas, Argentina aún mantiene una escala productiva muy inferior a su capacidad actual.

Las demandas de las empresas del agro no son nuevas, pero aprovechan el contexto que se está desarrollando en Argentina desde hace tres años para reflotar las deudas pendientes.

“El principal obstáculo que tenemos es nuestra historia. Las experiencias que tuvimos fueron de cambios muy repentinos de reglas del juego, en algunos casos por cuestiones de coyuntura que después generaron efectos permanentes. En este momento, lo importante es que haya reglas del juego claras y estables, para que el sector privado ocupe esos espacios y contribuya al crecimiento del sector”, sostuvo Fernando García Cozzi, presidente de Cargill en el país, durante el foro AmCham Agribusiness.

Sin embargo, sostuvo que el sector “se adelanta a los cambios que están viniendo” en referencia a las inversiones anunciadas por gigantes del agro en el país, como la francesa Louis Dreyfus Company; Molinos Agro, de la familia Perez Companc; y Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), entre otras.

“Esto (los anuncios) está pensado en función de la continuidad de la política actual de baja de retenciones y de crecimiento de la producción”, dijo.

El gobierno de Javier Milei viene avanzando en la quita de los derechos de exportación. En junio, redujo las retenciones al trigo y la cebada (pasaron del 7,5% al 5,5%) y anunció un cronograma de bajas graduales para el resto de los principales cultivos a partir de enero de 2027, medidas que el sector espera que mejoren la competitividad exportadora.

Además, desde 2024, los lácteos están exentos de derechos de exportación. En agosto de ese año, el Gobierno fijó en 0% la alícuota para los productos elaborados con leche y sus derivados.

“El sector de la carne en los últimos 10 a 15 años tuvo todas las trabas que se pueda imaginar. Hoy tenemos una apertura total que tiene que continuar hacia el futuro, porque con reglas claras el productor se anima. El mensaje hoy es territorialidad. Este sector es una cadena que emplea a alrededor de 400.000 personas; son ejemplos de lo que el sector puede dar”, indicó Gustavo Kahl, CEO de MBRF.

Y agregó: “Brasil en los últimos 30 años triplicó la producción de carne. Nosotros, flat. Esa fue la oportunidad que perdimos”.

Cozzi coincidió con el diagnóstico. “Tenemos un rol de liderazgo a pesar de todas las dificultades, pero hemos perdido mucho espacio en relación a Brasil. En 2010 no estábamos muy lejos de su nivel productivo, pero ahora Brasil triplicó su producción y nosotros seguimos igual. Eso se magnificó por el hecho de que se construyeron plantas para poder procesar la soja excesiva que se hacía en el país”, apuntó.

Para el ejecutivo, la base de la industria pasa por asegurar “la rentabilidad del productor y el crecimiento”. Pero remarcó que eso no se puede lograr sin desarrollo de infraestructura, un punto que no solo le reclama el sector del agro al Gobierno, sino que es transversal al entramado industrial argentino.

Para que siga habiendo crecimiento se necesitan acopios, rutas, trenes, más puertos, plantas de molienda”, enumeró.

Por su parte, Germán Weiss, productor agropecuario y expresidente de CREA, consideró que el proceso de recuperación del sector ya comenzó, aunque sostuvo que todavía debe profundizarse y sostenerse en el tiempo para generar “confiabilidad”. En ese sentido, destacó que los cambios recientes permiten generar condiciones para planificar a futuro y ganar previsibilidad, aunque advirtió que será necesario mantener esas condiciones para consolidar el desarrollo.

Para que el sector pueda explotar tenemos que tener las mismas reglas que el resto de la economía del país o de nuestros países vecinos. Argentina tiene la potencialidad de producir el doble de granos, de carne y de leche”, dijo.