A casi tres años del inicio de la gestión de Javier Milei, el economista y ex director del Fondo Monetario Internacional (FMI) para el Hemisferio Occidental, Claudio Loser, considera que el Gobierno logró avances significativos en inflación, equilibrio fiscal y sector externo, pero advierte que enfrenta un desafío complejo: traducir esa mejora macroeconómica en una percepción positiva de la sociedad.
En diálogo con El Cronista, coincidió con el FMI al subestimar la morosidad de los hogares, planteó que el dólar debería mostrar una mayor corrección para evitar atrasos cambiarios y aseguró que la principal fragilidad del programa ya no es económica, sino política.
—¿Cuál es su balance de la política económica del Gobierno?
—Yo creo que han cumplido con la mitad de los objetivos, pero están yendo más lento en este tercer cuarto de gobierno. Cumplieron con bajar la inflación después de un periodo complejo, aplicando bien la política fiscal y monetaria. También exhiben buenos números de balanza de pagos, que fue históricamente un problema. Ahora tienen que decidir si relegar un poco de inflación y superávit fiscal, para dinamizar la actividad económica, que es hoy lo que más pesa del plan.
—¿Cuál identifica como principal fragilidad del programa económico?
—Si bien la actividad tiene esta particularidad de que algunos sectores crecen más que otros creo que, en su conjunto, se encuentra bien, incluso comparado con otros países de la región. Yo estoy convencido de que el presidente está demasiado enfocado en la reducción de inflación, y ha tenido resultados importantes, incluso este mes. A la fragilidad la ubico más en la parte política, la gente está descontenta.
—¿Por qué?
—Evidentemente hay problemas. Está el tema de la morosidad de los deudores, que yo creo que es menos importante, tal como dijo el FMI, de lo que se presenta. Y hay un factor importante, cosa que es la memoria relativamente corta del ser humano. La gente quiere consumir más y se ha olvidado de las tasas de inflación y los problemas que había antes. Es verdad que en la parte industrial y comercial ha caído el empleo, pero la gente se olvidó que hace dos años y medio también decían que no alcanzaban a fin de mes.
—¿El gobierno debería tomar medidas para incentivar a los sectores perdedores como la industria, el comercio y la construcción?
—Quizás tendría que soltar un poquito la parte monetaria: bajar la tasa de interés y que el tipo de cambio se deprecie algo. Un tipo de cambio depreciado puede ayudar a ciertos sectores que hoy están golpeados como la industria, mientras que una baja en la tasa de interés podría dinamizar la actividad económica, un driver clave para reactivar el comercio y la construcción, por ejemplo, donde hay también bastantes problemas.
—¿Cuál debería ser el valor del tipo de cambio para lograr un equilibrio?
—En los próximos 2 meses tendría que llegar a 1550. Eso es una devaluación de prácticamente 3%. No importa que el número sea exacto, pero que se note que el tipo de cambio no se está atrasando.
—¿Piensa que es viable terminar de levantar definitivamente el cepo cambiario? ¿Cuáles serían los riesgos?
—Es muy importante eliminar lo que queda del cepo, sobre todo como señal de apertura. Eso permitiría que el riesgo país, que todavía está alto, baje. Ayudaría a tener un mayor acceso a los mercados internacionales, que temen que el cepo se lo apliquen después a ellos. Los riesgos son que esta medida ponga algo de presión sobre el dólar. Lo haría inicialmente, porque hay una cantidad importante de dinero, especialmente utilidades, que no han podido ser remitidas.

—La compra de dólares para personas fue récord en julio ¿Qué dice eso de la economía?
—El hecho de que la gente esté comprando dólares, yo creo que es porque, a pesar de la tasa de interés, la gente debe considerar que el dólar está atrasado y que puede haber algún salto. Yo no diría que es una falta de confianza en el gobierno y su política económica, sino que está inserto en el ADN de los argentinos. Pero hay otro elemento no económico, que no sé si llamarlo la agresividad o el enfrentamiento del presidente con el resto del sistema político y con los periodistas, que hace que mucha gente tenga miedo de que no vaya a ganar las elecciones próximas.
—Mencionó al riesgo país y me gustaría saber su visión sobre lo acertado o no que estuvo el gobierno en no acudir al mercado voluntario.
—El gobierno argentino hizo algo poco común, que fue tener una idea clara de cuáles son las necesidades financieras y armar un plan de cobertura, cosa que no ocurría en mucho tiempo y eso calmó muchísimo las expectativas. Con este escenario, y gracias a la mayor tranquilidad que existe en la balanza de pagos y en la cuenta corriente, va a ser posible ir a los mercados voluntarios. Hay un elemento muy importante que permitiría a los inversores decir: ‘Puedo ir a la Argentina y puedo prestarle al gobierno porque mantiene su política fiscal y monetaria’.
—Y esa condición, ¿podría ayudar a que el riesgo país baje?
—Si hay un poco más de actividad económica y el gobierno trata de mejorar ciertas condiciones que generen menos antagonismo político, yo creo que puede bajar de manera importante.
—¿Cuán grave le parecen los índices de morosidad de hogares y empresas?
—Los números son un poco difusos, pero, en promedio, las familias que están en una situación monetaria morosa tienen deudas de entre u$s 1000 y 2000. No son cantidades tan grandes, aunque claro que al que no está pudiendo pagar le duele. La deuda de las familias en la Argentina es muchísimo más baja respecto a países similares ajustada por salario o por el producto.
—¿A dónde ubica el problema? ¿En los bancos, en las billeteras virtuales, en las familias, en el gobierno?
—Los argentinos estábamos acostumbrados a que a la deuda se la comía la inflación. Y, en este momento, con la reducción de inflación, la lógica ha cambiado. La tasa de interés es alta, la inflación no licúa esa parte, y por supuesto hace que la deuda crezca. Es lo que pasa en países incluso como Estados Unidos, que tiene una deuda promedio por familia 30 veces lo que tiene la Argentina, y se quejan de lo mismo.
Tienen que hacerse cargo los acreedores y los deudores. Por un lado, tiene que haber menos consumo en ciertos sectores. Y los acreedores, las tarjetas no bancarias y bancarias, tienen que encontrar una solución, especialmente con los morosos, ofreciendo una tasa de interés algo menor. Yo no creo que el gobierno tenga que intervenir en forma agresiva, aunque políticamente sea una bomba que explotó, y la gente lo vive muy de cerca.
— ¿Qué chances le ve a Donald Trump en las elecciones de medio término en Estados Unidos?
—Estoy casi seguro de que va a perder el control de la Cámara de Representantes, lo que es el equivalente a la Cámara de Diputados, donde las diferencias de números son pequeñas. No es muy claro que pierda el control del Senado. Pero con una de las dos cámaras en manos de la oposición demócrata, no va a poder hacer ciertas cosas que ha estado haciendo. Hay un gran descontento en este momento en términos de actividad económica e inflación.
—¿Y cómo puede afectar esto a Javier Milei de cara al 2027?
—No creo que le afecte directamente a la Argentina y al gobierno de Milei.
—Y más internamente, ¿Cómo ve al gobierno de cara al 2027?
—En la parte política es muy complicado, porque el gobierno está tratando de vender un producto y no logra explicarlo bien. Yo creo que tiene que darle un poco más de espacio a algunos sectores, como la construcción y el comercio. No veo una recesión como tal, especialmente viendo una agricultura y precios del petróleo que benefician a la Argentina. Pero hay riesgos importantes, por el malestar del día a día.
Por Natalí Risso
Editora de Economía
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