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La Argentina se encamina a producir hasta 1,5 millones de barriles de crudo en 2030 lo que significa dar vuelta la página y pasar de país con petróleo a petrolero, sin embargo, la industria advierte que la falta de rutas, equipos y logística puede encarecer los pozos y frenar el crecimiento de Vaca Muerta.

“La Argentina dejó de ser un país con petróleo para encaminarse a convertirse en un país petrolero”, afirmó Carlos Gilardone, presidente y CEO de Quintana Energy. Según su proyección, la discusión ya no pasa por si el país ampliará su producción, sino por la velocidad del crecimiento.

“En 2030 vamos a estar en 1.200.000 barriles de producción o alrededor de 1.500.000 barriles”, dijo y marcó que el ciclo actual incluso supera al que se inició en los años 90 con la privatización de YPF. “Hoy la clave es la infraestructura, la eficiencia y trabajar junto con los sindicatos”, planteó.

La advertencia surgió durante el panel “Reconfigurando el sector de petróleo y gas en Argentina: ¿qué viene después en este punto de inflexión?”, moderado por Ariel Masut en la tercera edición de Argentina Energy Week, organizada por The Net-Zero Circle y The Energy Circle by IN-VR.

En ese sentido, el desafío es que la expansión de la actividad no se traduzca en un aumento de costos que reduzca la competitividad internacional. El ejecutivo explicó que Quintana logró reducir más de 25% sus costos operativos en Mendoza y en Estación Fernández Oro, mientras avanza con una campaña en Santa Cruz. Sin embargo, advirtió que la industria debe prepararse para un escenario de precios más bajos.

“No miremos el presente, miremos que el mundo va a ir encaminado a un barril de 70 dólares una vez que pase esta divergencia”, señaló. Y agregó: “Con los costos actuales no alcanza tener un Opex de 38 o 37 dólares. Necesitamos un Opex más bajo todavía”.

El no convencional es, para la empresa, el principal motor de expansión, mientras que el convencional aporta estabilidad y previsibilidad. En ese sentido la firma prepara en Mendoza dos pozos horizontales de 2500 metros cada uno y prevé comenzar a perforar antes de fin de año, una vez obtenidas las autorizaciones ambientales. También tiene previsto perforar cinco pozos convencionales en Santa Cruz durante el cuarto trimestre.

La falta de infraestructura

El crecimiento de la producción ya expone cuellos de botella. Lucas Logaldo, fundador y director de New Business and IR de Bentia Energy, señaló que la compañía tiene siete áreas en Neuquén y cuenta con instalaciones para evacuar entre 15.000 y 20.000 barriles diarios. Esa capacidad le permitió despertar el interés de inversores y empresas locales y extranjeras, pero el desarrollo requiere resolver restricciones concretas.

“Hoy equipos de perforación hay que contratarlos con un año de anticipación o hay que buscar la ventana para ver cuándo se puede perforar”, explicó Logaldo. “El año que viene ya van a faltar equipos; hay que ver de dónde se traen y cómo se contratan”.

El ejecutivo también mencionó faltantes en arenas, camiones y logística en general. La alternativa que evalúan algunas compañías es asociarse con inversores internacionales que aporten equipos o lleguen junto con empresas de servicios. “Es una buena forma de asociación: socios que vienen de afuera con sus equipos o con una empresa de servicios asociada para poder hacer las perforaciones”, sostuvo.

Para Gilardone, sin embargo, el principal problema no es empresario ni técnico. “Yo creo que el mayor cuello de botella es político”, afirmó.

El titular de Quintana cuestionó que la Argentina todavía no tenga un tren para trasladar la arena desde el río Paraná hasta Vaca Muerta y advirtió sobre el deterioro de las rutas. “Estamos todos los días mandando 500 camiones por rutas detonadas de la Argentina. Eso es llamar al fracaso”, dijo.

El impacto se refleja directamente en el costo de los proyectos. “Un pozo en Vaca Muerta, en la franja norte, que me debería estar costando 13 o 14 millones de dólares, me cuesta 20 millones solamente porque tengo que traer todos los materiales 600 kilómetros más”, explicó.

Gilardone también señaló que todavía faltan 80 kilómetros de la ruta 40 para conectar el norte y el sur de Mendoza y cuestionó los problemas de comunicación vial entre Neuquén y Chile. “Si la política se alinea con la infraestructura, todo camina”, resumió.

El planteo fue compartido por Alfredo Bonatto, CEO de Petróleos Sudamericanos, aunque con una mirada más amplia sobre el financiamiento. Según explicó, la apertura del mercado argentino obliga a las empresas a competir a escala global y a elevar sus niveles de eficiencia.

“Antes era un país que miraba hacia adentro para el autoabastecimiento y ahora empezó a mirar hacia el exterior”, sostuvo Bonatto. El cambio, advirtió, abre oportunidades, pero también expone a las compañías a competir con productores internacionales.

“La apertura al mundo te permite ingresar tecnología, pero también demanda niveles de eficiencia y competitividad mundial”, afirmó. En ese proceso, la empresa trabaja en proyectos de recuperación secundaria y en el estudio de polímeros para campos convencionales maduros.

El ingreso de capitales aparece como otra condición para acelerar el desarrollo. Bonatto recordó que el despegue del no convencional comenzó con el acuerdo entre Chevron e YPF para desarrollar Loma Campana, que incluyó un esquema para repatriar dividendos.

“Pasaron más de 14 años y, cuando comparás la curva de crecimiento del no convencional de la Argentina contra Permian, es mucho más lenta”, señaló. A su entender, la movilidad del capital y la previsibilidad de las reglas serán determinantes para destrabar nuevas inversiones.

“Para viabilizar todo eso hay que viabilizar los canales financieros”, afirmó. En esa línea, planteó que el potencial no se limita a Vaca Muerta: también existen recursos convencionales y no convencionales en otras cuencas que podrían desarrollarse si se resuelven la logística, la comercialización y el acceso al financiamiento.

Mendoza, en busca de inversiones

Lucas Erio, director de Hidrocarburos de la provincia de Mendoza, destacó que la provincia está intentando acelerar los procesos regulatorios para acompañar la llegada de inversiones. “Pasamos de un rol de Estado más pasivo, de administración de contratos o autoridad de control, a gestionar de manera proactiva el portfolio”, explicó.

La provincia extendió anticipadamente cuatro de las seis concesiones del clúster norte del Plan Andes, en la Cuenca Cuyana, donde existen campos maduros con alto corte de agua. Para incentivar nuevas inversiones, redujo más de la mitad el porcentaje de regalías y prepara una reforma de la ley provincial que le permita crear programas específicos de estímulo.

“Tenemos un tablero de control limitado: hay cuestiones de política económica que no podemos tocar. Todo lo que está a nuestro alcance intentamos tocarlo para incentivar la inversión”, dijo Erio.

Mendoza también busca desarrollar su potencial no convencional. La provincia posee cerca de 30% de la formación Vaca Muerta y avanza con el plan piloto de Pata Mora, mientras la unión transitoria Quintana-TCB realizó sísmica 3D en el área Amarillo, después de casi una década sin trabajos de ese tipo.

“Con la geología no hacemos nada si no está acompañada por una política estratégica, previsibilidad jurídica e incentivos diseñados técnicamente”, señaló Erio. “Cuando eso se acompaña, el recurso pasa a ser reserva”.

El funcionario anticipó además el desarrollo de un polo de servicios en Pata Mora, pensado para atender tanto a la actividad hidrocarburífera como a la minería. La intención es que Mendoza pueda adelantarse a la expansión de ambos sectores y evitar los problemas de infraestructura y planificación que atravesó Añelo.

El desafío de los precios

Los empresarios coincidieron en que el escenario actual de precios elevados no será permanente. Una de las compañías afirmó que trabaja para sostener la rentabilidad con un Brent de 50 dólares, mientras Bonatto planteó que el precio puede acelerar o demorar el crecimiento, pero no reemplaza la necesidad de mejorar la competitividad.

“Hoy técnicamente no somos tan competitivos”, reconoció el CEO de Petróleos Sudamericanos. Según indicó, la Argentina busca costos 35% superiores a los de Estados Unidos, una brecha que deberá reducir mediante innovación, eficiencia y cambios en la organización del trabajo.

“El precio va a ser un acelerador o un retardador del proceso de crecimiento”, concluyó Bonatto. “Lo que nos puede atrasar o adelantar es cómo se vaya conformando el ecosistema, tanto en la línea política como en la económica”.